sábado, 31 de diciembre de 2011

Nochevieja en la Ciudad Vieja de Praga


Bajo un manto de cielo salpicado de las mismas estrellas que contemplase Johannes Kepler cuando en 1609, hospedado en una pequeña posada de Praga, escribiera su famosa obra titulada ‘Astronomía Nova’; y antes de que una vez más, como colofón de su Concierto de Año Nuevo, la Orquesta Filarmónica de Viena interprete la consabida Marcha Radetzky con la que Johann Strauss inmortalizara al célebre militar checo, los espectaculares fuegos artificiales, que tradicionalmente despiden el año sobre los tejados góticos de la ciudad bohemia ante la alucinada mirada de los turistas, explosionaban en la noche como supernovas en el fir-mamento, reflejándose en las oscuras y gélidas aguas del Moldava como en un deslumbrante espejo, que era surcado a esas horas por los pintorescos y siempre completos barcos restaurantes bajo el puente de Carlos.

El popular Staroměstský orloj, o Reloj Astronómico de Praga, fabricado por el maestro relojero Hanuš, quien según cuenta la leyenda fue cegado para que no pudiera jamás construir otro reloj igual, que el pasado 2010 cumpliera 600 años señalando las horas desde el muro de piedra de la casa del ayuntamiento, en la Plaza de la Ciudad Vieja, había dado las campanadas que anunciaban el nuevo año mostrando sus figuras animadas a los atentos visitantes que, espe-cialmente en estas fiestas, colman las calles del corazón de esta bonita capital europea. Según es costumbre, para los locales y en todo el país, los más supersticiosos repetirán ritos o tradiciones como son el lanzamiento de un zapato para encontrar pareja, o poner bajo el plato las escamas de una carpa, típico plato navideño, para tener un año de bienestar y prosperidad económica.

También en la plaza se sucederán los conciertos que de nuevo atraen a jóvenes turistas de toda Europa, para los que la animada Praga es el lugar ideal para recibir el nuevo año. Pero antes, durante la tarde y noche, los numerosos cafés del centro serían los que acogiesen en sus cálidos salones a todos aquellos asiduos amantes de estos confortables estable-cimientos, tan de agradecer con temperaturas bajo cero en el exterior, y por los que todavía parece que se paseara la sombra de Kafka. Como el literario Café Louvre, situado en la concurrida Národní třída (Calle Nacional), uno de los cafés de la época de la vieja Austria a cuyo círculo filosófico perteneció, junto a sus amigos Max Brod, Hugo Bergmann y Felix Weltsch, el escritor Franz Kafka; influidos todos ellos por las enseñanzas del filósofo Brentano, y en el que, como una extensión de su oficina, el autor de la ‘Metamorfosis’ afirmó haber pasado allí “bellas y agradables horas”.

Otra propuesta de la Nochevieja en Praga seguirá siendo siempre la de los numerosos locales que ofrecen actuaciones en directo. Emblemáticos clubes de jazz tales como el ‘Agharta’, en el 16 de la céntrica calle Železná. Cuyo nombre nos hace evocar aquel mítico reino subterráneo que detenta la tradición oriental, al que la ocultista Helena Blavatsky denominaba “Logia blanca”, pues el club, además, está enclavado en la cava de una casa gótica del siglo XIV, y donde diariamente se puede disfrutar de la buena música en vivo mientras se brinda con champagne, se saborea en buena compañía una cerveza Pilsner Urquell o, si se prefiere, para entrar en calor, una copa del conocido aguardiente de 38 grados Becherovska.

Feliz Año Nuevo. Šťastný Nový Rok.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Murió George Whitman, el viejo librero de la Shakespeare & Co


El pasado 14 de diciembre, a la edad de 98 años, moría en París el legendario George Whitman a consecuencia de un derrame cerebral sufrido unos meses atrás. Sus restos descansan ahora en el cementerio parisino de Père Lachaise.

Por fin llegué al 37 de la Rue de la Bucherie y, tras echar un breve vistazo a la fachada de la casa, junto a una de las típicas y sugerentes fuentes de agua Wallace para asegurarme de que era la dirección correcta, sin dudarlo un minuto me dispuse a entrar en aquel establecimiento. Una vez dentro, pude reconocerle enseguida. Allí estaba su propietario, el recientemente fallecido George Whitman con un libro de Gombrovicz en sus manos. Al verme hizo un gesto vago que no sé si llegaría a poder considerarse un saludo, más bien me inclino a pensar que esa mueca indefinida significaba un “aquí estoy, te estaba esperando porque tengo lo que buscas”. ¿Lo que busco? No buscaba nada en particular, si bien es muy cierto que el azar es la búsqueda de lo que no se espera. Y en aquel momento lo que encontré –además de a mister Whitman, evidentemente– fue un viejo inmueble de tres plantas muy destartalado y poco acondicionado, si exceptuamos, claro está, unos rudimentarios e imprescindibles anaqueles para albergar libros no sé si tan viejos como aquel inmueble o todavía más. Veía libros por todas partes, ingentes cantidades en estantes e incluso apilados en el suelo; algunos en francés, pero la inmensa mayoría en la lengua de Shakespeare. No en vano la librería está especializada en literatura inglesa. En cualquier caso, el lugar no me decepcionó en absoluto puesto que no tenía una idea clara preestablecida de cómo sería la librería y, más bien al contrario, me sorprendió de manera grata.

En los tiempos en los que Hemingway vivió en París, la librería Shakespeare & Co no se encontraba en la dirección actual, sino que, por entonces, estaba en 12, Rue de l´Odeon, y era regentada por su gran amiga Sylvia Beach, quien víctima de las zalamerías de James Joyce, sufragaba a éste para que pudiera terminar su célebre ‘Ulysses’ –préstamo que el irlandés, siempre en la miseria, nunca devolvió–, y a la que a menudo Hemingway visitaba de paso que iba o venía del café des Amateurs del que era asiduo además de otros como La Closerie des Lilas o La Coupole, ambos en el Boulevard du Montparnasse, o el Bonaparte y los de Saint-Germain-des-Prés que, afortunadamente, todavía existen. Como subsiste, justo enfrente de La Coupole, el Select, un café que fascinaba a la bohemia parisina y en el que no sólo se podía encontrar a Hemingway, sino también a escritores como Henry Miller, Ezra Pound y Gertrude Stein o Scott Fitzgerald, así como a los habituales pintores de Montparnasse.

La librería de Whitman, que actualmente regentaba ya su hija Sylvia (el nombre se lo puso Whitman por Sylvia Beach), está situada en pleno centro de la ciudad, justo enfrente de la iglesia de Notre-Dame, con el Sena de por medio atravesado a esa altura por el Petit-Pont, y en el mismo viejo edificio en el que se encuentra, a la vuelta de la esquina, el modesto y para mí entrañable Hotel Esmeralda, que es donde está empleado mi buen amigo el poeta Alejandro Calderón, o donde asimismo era posible contactar con el escritor serbio Goran Tocilovac, al cual tuve la oportunidad de entrevistar con ocasión de la publicación de su novela ‘Trilogía parisina’.

En aquella ocasión en la que vi personalmente a Whitman en el interior de su mítica librería, hará de ello ya unos seis años o quizá algo más, aparentemente éste gozaba de una buena salud, si bien su aspecto era el de un hombre de edad bastante avanzada. Por aquellas mismas fechas más o menos fue la vez que vería también, en el escaparate de la tienda, un curioso ejemplar de Jack Keruoac, por entonces inédito en España, titulado ‘Satori en Paris’. Se trataba de una primera edición francesa de un libro que yo desconocía de este autor hasta ese momento “Satori” (al contrario de lo que pueda inducir a pensar, el vocablo no corresponde al nombre de ningún personaje, sino que es una palabra japonesa que significa “Iluminación” en el Budismo Zen). Como lo fue también para mí conocer allí al tristemente desaparecido George Whitman.


Más información

Página web de la librería Shakespeare & Co


Enlace de interés

Portrait of a Bookshop as an Old Man


Fotografía de Whitman fuente Shakespeare & Co

jueves, 15 de diciembre de 2011

Volando lejos con la Larry Martin Band


Entre un gran número de aficionados que abarrotaba el interior del pequeño Café Populart de Madrid la pasada noche del viernes, sonaron los standards de jazz y composiciones originales que fueron interpretando los miembros de la ya veterana Larry Martin Band (LMB) pertenecientes a su penúltimo disco –grabado con Yoio Cuesta, quien en su día ya sustituyera a Doris Cales– titulado ‘One day I´ll fly away’, a cuyos temas pondría la voz en esta ocasión su nueva cantante, la expresiva Sheila Blanco.

Una sucesión de temas que, como ocurre también en la vida, nos iban llevando de la tristeza a la alegría así fuesen canciones deliciosamente tristes como ‘Easy Living’, la bonita balada que escribiera el trompetista Clifford Brown, o tan felices como la original y pegadiza ‘If they knew’, compuesta por el guitarrista Enrique García y el batería y líder fundador de la banda que lleva su nombre. De hecho, este trabajo discográfico nace fruto de un mal momento por el que pasó en su vida Larry Martin hace unos años, ya superado, y que coincidió por esas mismas fechas con su elección de la canción que da titulo al disco. Es decir, Un día volaré por ahí lejos. La historia de un amor acabado y el no fácil propósito de superarlo y olvidarlo. De historias de este tipo el jazz y el blues están repletos e infaliblemente seguirán dando origen y sentido a muchas partituras más.

De esta formación hay que destacar también la gran calidad de Domingo Sánchez como pianista. Un auténtico Mozart del jazz, que comienza a tocar el piano a los 3 años y compone sonatas y preludios con 8 y 9 años de edad. O la del contrabajista Ricardo Ferrer, que durante un tiempo formó parte del cuarteto de jazz del saxofonista Pedro Iturralde, y asimismo ha colaborado con Lou Donaldson o Perico Sanbeat, entre otros muchos músicos del panorama jazzistico. Sin olvidarnos del citado Enrique García, un gran guitarrista con una técnica muy personal que ha tocado a su vez con otros grandes de la talla de Jorge Pardo o Joshua Edelman. Y cómo no, la del experimentado baterista Larry Martin, que 1989 asistiera al Seminario en Madrid del ‘Berclee College of Music’ de Boston, en el que estudió con Gary Burton y Ed Uribe.

Excelentes músicos todos ellos de reconocido prestigio en los circuitos de jazz, que así lo demuestran con la brillantez de cada uno de sus solos, y que consiguen crear ambientes sonoros que nos hacen vibrar con los inolvidables standards que cantasen Billie Holiday, Dinah Washington, Ellis Regina, Shirley Horn, Billy Joel, Al Jarreau o Stevie Wonder, entre otros; además de sus temas originales, siempre con un estilo propio y un sonido actual interpretados ahora con el talento vocal y el feeling de Sheila Blanco.

Más información

Página web oficial de LMB

Fotografía de Sheila Blanco (LMB) © Declan Hemp

lunes, 28 de noviembre de 2011

S.V. Platt, la periodista que surgió del frío


Hace unos días, mi buena amiga la periodista, antropóloga y traductora, Sarah V. Platt me escribía desde la fría Breslavia, junto al río Oder, al suroeste de Polonia. Aquella floreciente ciudad de pasado nazi, que en la primera mitad del siglo XIX experimentara un gran desarrollo industrial y económico, y que, tras el fin de la guerra fría, desde 1989 hasta la actual crisis iniciada en 2008, fuera una de las ciudades más prósperas de Polonia. Desde allí me contaba que en la actualidad está realizando el trabajo de campo necesario para concluir en un breve plazo de tiempo su tesis doctoral sobre el escritor y reportero polaco Ryszard Kapuscinski. Para ello llevaba más de tres meses de investigación en aquel país cuna del maestro, cuya enorme tradición literaria, según me explica, ni comenzó ni terminó con Kapuscinski.

A sus 29 años de edad, Sarah V. Platt es desde hace cinco profesora universitaria de idiomas y periodismo. Ejerciendo como periodista ha trabajado en diversos medios de comunicación, en particular prensa escrita, o como ad-ministradora en universidades y museos, colaborando también en el sector de las ONG. Es traductora de inglés y español y editora de textos periodísticos y académicos. Desde hace más de ocho años, como antropóloga, también ha realizado trabajos de investigación en diferentes países como Malasia, Tailandia, Indonesia, Puerto Rico, Perú, Italia o Polonia.

Gracias a una conversación privada mantenida con la traductora Ágata Orzeszek, presente en el seminario sobre Kapuscinski que celebró la UCM el pasado año en Madrid, Sarah supo de la existencia de una escuela polaca de reportaje. Y sin dudarlo, poco tiempo después, se trasladó a Breslavia para continuar desarrollando allí su intensa labor investigadora. Una indagación que la llevó al conocimiento más profundo de autores de esa misma tradición periodística y literaria como son Wojciech Jagielski o Wojciech Tochman, con los cuales se ha estado entrevistando en persona, y cuya interesante lectura me recomienda vivamente.

Wojciech Jagielski estudió en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Varsovia. Ha trabajado en el departamento de relaciones exteriores de la Agencia Polaca de Prensa y desde 1991 en la Gazeta Wyborcza, que dirige Adam Michnik, el periódico más prestigioso de Polonia. Habi-tualmente colabora con la BBC y el diario Le Monde, siendo premiado en varias ocasiones por su importante trabajo periodístico.

En el libro ‘Torres de piedra’, Jagielski retrata en un brillante reportaje la trágica Chechenia de abundantes recursos petrolíferos que, durante la caída de la URSS en 1991, aspira a la independencia. Lo que le acarrearía dos sangrientas guerras con Rusia que se saldaron con más de 150.000 muertos. La obra se ciñe a la segunda de ellas, iniciada como maniobra política en 1999 para respaldar la elección del por entonces desconocido ex miembro de la KGB, Vladimir Putin. Una guerra cruel sostenida entre un desesperado puñado de guerrilleros contra el poderoso ejército ruso. Mientras que en ‘Una oración por la lluvia’ refleja en sus crónicas su visión del laberinto afgano, fruto de los once viajes que el autor realizó a ese país entre 1992 y 2001, mostrando la compleja situación de un país castigado por revoluciones y contrarrevoluciones.

Por otro lado, el escritor Wojciech Tochman, autor de ‘Like Eating a Stone: Surviving the Past in Bosnia’, es uno de los periodistas polacos más traducidos hoy en día. Sus libros han sido publicados en inglés, francés, holandés, sueco, finlandés, ruso y bosnio. Fue finalista del Gran Premio Testigo del Mundo, que concede Radio Francia Internacional, y actualmente dirige el Instituto polaco de reportaje junto a los otros dos fundadores, Pawel Goźliński y Mariusz Szczygiel.

En la obra citada, Tochman relata cómo durante cuatro años la guerra de Bosnia causó la muerte de más de 100.000 personas. Y también que tuvieron que pasar muchos meses, incluso años, antes que comenzara el proceso de iden-tificación de los muertos enterrados en fosas comunes, para darles un entierro digno con el debido duelo. Pero muchos siguen a la espera de encontrarlos y continúan su búsqueda hasta hoy. Tochman viaja al paisaje devastado de la posguerra acompañado por algunos supervivientes, en su mayoría mujeres. Y con la sensibilidad de Kapuscinski, realiza un reportaje de gran alcance contando la historia desde el punto de vista de las personas que lo perdieron casi todo en esa dolorosa guerra.



Más información

‘Morphologie’, blog de Sarah V. Platt

‘Bacacay’, blog de Pawel Goźliński


En la fotografía Sarah V. Platt y Wojciech Jagielski

martes, 22 de noviembre de 2011

‘Machu Picchu, 100 años en imágenes’


Una exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid reúne 44 fotografías de la colección de la National Geographic Society entorno a este poderoso y emblemático enclave andino cien años después de ser descubierto por Hiram Bingham, y que aparecen clasificadas en diferentas secciones explicativas como son su descubrimiento, alturas, maravilla, naturaleza, y arquitectura de Machu Picchu.

Si recorriéramos el Camino Real de los Incas en dirección sur partiendo de Quito para después pasar por Cuzco –el “Ombligo del Mundo” de los incas–, llegaríamos a la cordillera de Vilcabamba y a la cercana y, normalmente visible en el horizonte, sierra de Urubamba. Donde los Andes son aquí más sagrados que en otro lugar, jalonados de cimas tales como el Ausangate (6.372 m.), o el Salcantay (6271 m.), que son las moradas de los Apus custodios de aquellos valles. Y cuenta una leyenda inca que en el principio de los tiempos, cuando el mundo empezó a ser mundo, tuvo lugar una disputa entre las montañas Ausangate y Salcantay, como colosales representaciones del hombre y la mujer, tras la cual el Salcantay se retiró triste hacia la selva y el Ausangate, solitario, se quedó en las alturas.

Pero existen numerosos caminos adyacentes en ese en-tramado de vías que crearon los incas para facilitar las comunicaciones entre aquellos agrestes parajes flanqueados por cerros y nevados, y uno de ellos es el bonito y mágico sendero inca a Machu Picchu, literalmente “montaña vieja” en quechua. Ese místico y asombroso lugar de poder, cuya senda en cuatro o cinco días nos lleva al centro ceremonial que se halla enclavado entre las cordilleras Vilcabamba y Urubamba.

Aunque hubo otros que lo rondaron antes, el descubridor científico de Machu Picchu fue Hiram Bingham. Profesor, historiador y explorador americano, heredó de su padre, uno de los primeros misioneros cristianos en el archipiélago de Gilbert, en la Polinesia, su insaciable avidez de explorar lo desconocido. Llegó a Sudamérica con la intención de conocer y estudiar los caminos que recorriera el gran general Simón Bolívar. Sus experiencias en Venezuela y Colombia le enseñaron la ventaja que significaba para un explorador estar respaldado por el gobierno; por eso decide sacar partido de su posición como delegado oficial de los EE UU para penetrar en los Andes centrales y seguir el viejo camino comercial español de Buenos Aires a Lima. Acompañado de su amigo Clarence L. Hay, y partiendo de Cuzco, se propuso cruzar la tierra de los incas a lomo de mula. Así, en 1911, después de realizar un difícil viaje al departamento de Abancay, pasando antes por Limatambo, y después de indagar sobre las posibles ciudades incas, inició su recorrido dirigiéndose al valle del río Urubamba, luego Ollantaytambo, continuando hasta Torontoy, y más tarde llegó a Mandorpampa. En este paraje acamparían cerca de la modesta vivienda de un campesino, quien les dijo que en las proximidades había unas buenas ruinas. Al amanecer del 24 de julio caía una heladora llovizna, bajo la que anduvieron tres cuartos de hora hasta cruzar un río por un frágil puente de troncos unidos con lianas; luego continuaron una hora y veinte minutos más hasta llegar a unas terrazas de cultivos. Alcanzado este punto un niño indio les sirvió de guía.

Pese a que Machu Picchu estaba completamente cubierto de frondosa vegetación, Bingham percibió esas fuerzas telúricas que se desprenden de los lugares poderosos y comprendió que se trataba de un importantísimo conjunto arqueológico oculto por un verdadero bosque de grandes árboles, que habían crecido en las terrazas durante siglos. Bingham optó por buscar cavernas sepulcrales y alentó a los peones para continuar con las excavaciones ofreciéndoles más dinero. Más tarde se halló gran cantidad de cuevas con restos humanos, tanto dentro del sector urbano como fuera, pero las excavaciones más fructíferas se hicieron en los alrededores del templo del sol. En total se hallaron los restos de 173 individuos, de los cuales 150 correspondían a mujeres. Machu Picchu era una huaca donde se realizaban ritos con la preciada coca y donde había un acllahuasi o casa de las acllas, un edificio de la arquitectura ceremonial inca como también la kallanka o el ushnu. Las acllas eran aquellas mujeres escogidas que acompañaban a la sacerdotisa o “mamacuna”, y que preparaban las bebidas indispensables para la celebración de los rituales, dedicadas a la labor textil y, su función más importante, la de servir de regalo para el inca.

El valor de este santuario para los incas había sido mágico-religioso y sobre todo paisajístico. Aquellos incas percibieron las fuerzas telúricas que emanan de él, y como reseñaba M. Eliade en la definición de hierofanía, una revelación de lo sagrado. El paisaje de los nevados, cerros, cumbres, abismos y bosques, les produjo, como a cualquiera que lo contemple, una fascinación especial.


‘Machu Picchu, 100 años en imágenes’. En el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 2 de diciembre.


Enlace de interés

Fotografías de Hiram Bingham en NGS

viernes, 11 de noviembre de 2011

Jung y las sincronías en el espacio-tiempo


El sabio Voltaire nos adelantó en 1752, en su relato fantástico titulado ‘Micromegas’, la existencia de dos lunas en la órbita de Marte. Veintiséis años antes, en una de sus obras Jonathan Swift había descrito dos satélites naturales cercanos a ese planeta. Sabios o soñadores fueron visionarios que intuyeron que existía algo que era imposible saber con certeza por no haber una constancia perceptible de ello. Si bien el astrónomo Johannes Kepler ya apuntase, a principios del siglo XVII, que Marte debía tener dos satélites, basándose en la lógica de una “armonía numérica” entre los planetas Tierra y Júpiter y sus correspondientes satélites orbitales. Ya que si Júpiter tenía los cuatro que se creía en la época descubiertos por Galileo Galilei en 1610, y una luna la Tierra, a Marte le tocaría proporcionalmente dos de ellos. Como así ha sido, pues serían descubiertos en 1877 por el astrónomo estadounidense Asaph Hall, siendo bautizados por él como los caballos del dios Marte, ‘Fobos’ (miedo) y ‘Deimos’ (terror).

Aunque éste es un claro ejemplo del fenómeno conocido como serendipia, estas y otras coincidencias, concordancias o casualidades fruto del azar fueron estudiadas por Jung a lo largo de su vida hasta el día de su fallecimiento, del que este año se cumplió el cincuenta aniversario, y a las que el psicólogo suizo llamó “sincronías”. Es decir, las coincidencias o la simultaneidad de fenómenos o sucesos acaecidos en el tiempo. Término que deviene etimológicamente del griego syn (con, a la vez, justamente) y también de la mitología griega, Khronos (tiempo).


‘Sincronías’ (microrelato)

Madame Bruel tenía en su cuarto un moderno reloj electrónico que había comprado hacía dieciocho años en un pequeño comercio del Boulevard Sebastopol, de esos que incorporaban radio-despertador con una gran pantalla negra en la que figuraban los números que indicaban la hora en un brillante y eléctrico color rojo, y que tenía una asombrosa particularidad que no dejaba de sorprenderla todos los días. Cada vez que por una razón u otra miraba el reloj para ver la hora que era, como por azar, resultaba que las cifras parecían confabularse para coincidir misteriosamente y de un modo sincrónico en números capicúas y repetidos de forma aleatoria. Por ejemplo, si se despertaba durante la noche, atisbaba con el rabillo de su ojo izquierdo cómo el reloj sobre la mesita junto a la cama marcaba las 5:05; cuando lo consultaba si se levantaba por la mañana, advertía que éste señalaba las 8:08; en otra ocasión, también al azar, las 12:21; o también las 14:41; las 20:02, o las 21:12. Otras veces el reloj y la casualidad se conjugaban para mostrar otra combinación de dígitos, esta vez indicando la hora siempre con el mismo número, es decir, las 2:22; las 3:33; las 4:44, etcétera. Y, por supuesto, siempre que el reloj señalaba la hora, de un modo u otro, era realmente esa hora la exacta en París en ese preciso momento.

La anciana, que durante la ocupación nazi y a instancia de sus padres vivió una buena temporada en Barcelona, había oído hablar de los números capicúas –del catalán cap i cua, es decir, cabeza y cola–, y pensaba ingenuamente que éstos eran un claro síntoma de buen augurio. Si bien, científicamente, es sabido que traen tanta buena suerte como mala es la que propicia a los supersticiosos pasar por debajo de una escalera.

La vieja refunfuñaba a la vez que leía una edición atrasada del diario Le Monde y chupaba su boquilla con el cigarrillo insertado todavía sin encender cuando, por segunda vez, un huésped bajaba por la empinada escalera de madera que conducía a la recepción. La primera lo había hecho para desayunar café con croissant en la cercana cafetería de la Place del Petit Pont. Y tras coger el escaso equipaje observando que la cama ya había sido hecha y el pequeño cuarto estaba ventilado y ordenado, ahora esperaba ante el añoso mostrador de madera, en el que acababa de depositar la llave nº 11, a que el recepcionista le entregase la factura de su estancia en el hotel. Madame Bruel, que se ponía en pie en ese mismo momento y arrojaba con apatía en un rincón del hall el periódico que había estado leyendo hasta entonces, se acercó al mostrador musitando al oído del hombre que, en su opinión, “había demasiados musulmanes en Francia”, a la vez que desaparecía en el interior de una de las habitaciones aledañas dejando suspendidas en el aire aquellas palabras y la estela de humo del cigarro que acababa de prender. A los pocos instantes, desde dentro de la habitación a la que la vieja había accedido, surgía el eco apagado de su voz exclamando: ¡las 11:11!


En realidad, estos hechos fortuitos que nos acontecen cotidianamente bien podrían deberse, como ya vislumbrara algún visionario, a que lo que creemos estar viviendo, seamos o no conscientes de ello, sea un sueño del que desconocemos cuándo se producirá el despertar; y la muerte, por otro lado, la certeza de que llevará aparejado ese mismo “despertar”. Por tanto, no se equivocaba el escritor alemán Novalis cuando afirmaba al respecto que “estamos próximos al despertar cuando soñamos que soñamos”.



Enlaces de interés

Jung y El Escarabajo Dorado

50 años de la muerte de Jung

lunes, 31 de octubre de 2011

Tomás Alcoverro, un testigo de la historia


“No conozco un lugar en el mundo en el que un periodista tenga el privilegio de poseer una de las condiciones de su trabajo: la inmediación. En Beirut el periodista describe lo que ve, lo que le sorprende desde el propio balcón de su casa o de su oficina”.

El periodista del diario catalán La Vanguardia y licenciado en Derecho, Tomás Alcoverro, comenzó su aventura como corresponsal en Oriente Medio en 1970, en Jordania, durante los por entonces enfrentamientos bélicos entre la Legión Árabe del Rey Hussein y las organizaciones de la resistencia palestina liderada por Yasser Arafat, quien fuera presidente de la OLP y fundador del movimiento revolucionario Fatah, fallecido en 2004 en un hospital militar francés tras su traslado a París por estas mismas fechas.

Discípulo y admirador confeso del maestro Kapuscinski como tantos otros profesionales del periodismo, la visión de este cronista de raza, precedida de la inherente curiosidad que ha de tener y mantener todo buen periodista, trasciende la mera observación de los acontecimientos y el correspondiente relato para formarse su opinión, que desarrolla con el riguroso análisis de los sucesos, documentándose sobre los mismos, y que nos traslada, como ha venido haciendo desde entonces este ya mítico articulista, en las valiosas e innumerables crónicas aderezadas siempre con ese toque literario y erudición al más puro estilo del gran reportero polaco.

Estando en su casa de Beirut, en un edificio en el que han vivido desde miembros de la diplomacia franceses a otros colegas corresponsales como Javier Valenzuela o Ignacio Cembrero entre otros, y en la que a menudo ha recibido la visita de su buena amiga y vecina Maruja Torres, pues la escritora decide residir en Beirut después de cubrir desde allí la guerra entre Hezbolá e Israel, desde su balcón, como informador de excelencia de los aconteceres de la con-vulsa “marea árabe” a través de los años, Alcoverro vería cómo en 1982 salían en convoy los camiones de los últimos fedayines de Arafat en dirección al puerto para embarcarse hacia su nuevo exilio. En una de esas brillantes crónicas, pobladas de guerrilleros y milicianos pero también de arqueólogos, bailarinas, futbolistas, poetas, o mujeres valientes como la también periodista y traductora Joumana Haddad, que el autor ha compilado ahora en el libro ‘La historia desde mi balcón’, nos describe así su pasión por la capital del Líbano, dejando asimismo patente su enorme vocación periodística: “Beirut porque estalla en el aire como un castillo de fuegos artificiales y queda agarrada firme en la orilla del mar, porque es la frontera entre todos los sentimientos y esto tan superficial que son las ideas, porque es el infierno, la imaginación, la esperanza, Beirut porque cada día parece morirse irremisiblemente y surge después en otra aurora roja, porque todos lo desahucian y nadie lo arranca de su corazón la he elegido mi ciudad”.

El libro en realidad se inicia con las recientes revueltas de la plaza Tahrir, que acabaron con el gobierno de Hosni Mubarak en Egipto, si bien dedica un mayor número de páginas sustanciosas al capitulo de Beirut. Aunque también escribe informando sobre las manifestaciones contra el régimen inmovilista de Bahréin; el declive de la revolución iraní, vivido por él mismo en las calles de Teherán, así como las crónicas sobre el desnortado Irak; la ensimismada Siria, Chipre, Argelia, e incluso África negra.


Bibliografía

‘La historia desde mi balcón’ (2011)
‘Atrapados en la discordia’ (2009)
‘Espejismos de Oriente’ (2007)
‘El Decano. De Beirut a Bagdad: Treinta años de crónicas’ (2006)


Enlaces de interés

Seminario sobre Ryszard Kapuscinski (2010) al que asistió Tomás Alcoverro entre otros muchos colegas de profesión, escritores y estudiantes de periodismo:

Ryszard Kapuscinski, el último maestro

Reivindicación de Kapuscinski: gran escritor, polémico periodista



Fotografía de Tomás Alcoverro fuente La Vanguardia

sábado, 22 de octubre de 2011

Noam Chomsky y la Era Obama


Noam Chomsky, profesor del Massachussets Institute of Technology (MIT) de Boston desde el año 1955, es según el New York Times el más importante de nuestros pensadores contemporáneos.

Chomsky es uno de los intelectuales más críticos con el establishment de los EE UU, y un gran referente para todos los progresistas del mundo. Sus opiniones sobre la actual situación de crisis económica que ha venido atravesando EE UU y, por extensión, el mundo, o la promesa de cambio que representaba Barack Obama, sea éste una invención mediática o no, son muy respetadas en muchos círculos políticos como es el Foro Social Mundial y otros sectores de la sociedad y la prensa internacional. Ha estado muy involucrado en el movimiento antiglobalización y le preocupa enormemente la situación en la que se encuentra la sanidad en su país, pues no hay un sistema que garantice los servicios médicos a los ciudadanos americanos.

Hace algunos años, Chomsky aparecía en la portada de The American Prospect, una publicación dirigida a los inte-lectuales liberales de izquierdas, enfrentado a un también airado vicepresidente Dick Cheney. Con aquella portada se quería representar de una forma muy gráfica la amenaza de una quiebra en la ortodoxia liberal, pues los intelectuales de izquierdas son los garantes y custodios de los límites del sistema. Y eso incluye a los medios de comunicación, sobre los cuales hay un gran control ideológico, dándose una situación paradójica en la que, por un lado, hay mucha libertad de expresión y, por otro, al mismo tiempo, un gran control de las ideas.

La sociedad americana actual está dirigida por estrictos principios doctrinales que no permiten ninguna desviación que suponga una amenaza para el sistema que, en temas importantes, se posiciona, a través de la clase política, más a la derecha que el resto de la población, la cual, por ejemplo, en materia de sanidad, está a la izquierda de dicho establishment. Así es, por lo general, lo que ha ocurrido siempre en un país muy libre pero, al mismo tiempo, de muy controlada ideología.

A pesar de la impresión que se tiene fuera de los EE UU de que éstos poseen un sistema político muy estable, la verdad es que los medios de comunicación no se permiten oposiciones críticamente contrarias. De hecho, dicha estabilidad requiere en muchas ocasiones del secretismo u ocultación. Un ejemplo de ello son los papeles del Pentágono durante la guerra de Vietnam, documentos que no eran de dominio público y que, sin embargo, revelaban unos interesantes datos comprendidos en el periodo que finalizaba a mediados de 1968, y que convencieron a la clase política de que la guerra estaba resultando demasiado costosa. Cuando la gran mayoría de la población ya estaba absolutamente en contra del conflicto bélico –algo muy similar a lo ocurrido con el pueblo americano y la pasada guerra de Irak– y, por tanto, que se produjera una sublevación de peligrosas consecuencias para el establishment.

El panorama, al que esta vez se sumó la crisis económica, era muy parecido al de entonces, y fue el que propició la elección de Obama; aunque, según Noam Chomsky, “las elecciones se rigen por un sistema de marketing”. Pues en 2004, la mayoría de los votantes de Bush tenían una idea equivocada de lo que, se suponía, eran sus ideales, y de igual manera que se venden bienes de consumo se venden candidatos a la Casa Blanca. Y cuando ese marketing no es suficiente, se recurre al voto electrónico, como ocurrió en las elecciones del año 2000.

En el conjunto de técnicas que se emplean para conocer y satisfacer las necesidades del votante, es decir, lo compren-dido en el programa y campaña electoral para vender al por entonces candidato a presidente Barack Obama, se desplegaron eslóganes como ‘Cambio’, ‘Esperanza’, ‘Unidad’ y el célebre y optimista ‘Yes we can’. Palabras que habían devuelto la ilusión a los más desfavorecidos, movilizando a un gran número de votantes acuciados por la desesperanza.

En aquellas elecciones del 4 de noviembre de 2008, el otro favorito era el republicano McCain, un héroe de Vietnam que fue colocado al otro lado de la balanza, para sondear así las necesidades políticas de la población. Un hombre cuyo heroísmo, experiencia y capacidad como estratega se sostenían en bombardear con su avión poblaciones vietnamitas; que fuera abatido, capturado y torturado. Pero nada de eso hacía de él un experto en política exterior y relaciones internacionales. Era otra creación de los especialistas que elaboran todo ese referido marketing, al que, según Chomsky, destinan una sexta parte del PIB.

El perfil y los ideales políticos de McCain conectaban con el otro segmento de la población, el republicano, que se inclinaba más por un nacionalismo radical. Y para Chomsky, McCain podía haber resultado peor aún que Bush.

Además de la crisis financiera, a Obama se le presentaban otras papeletas de carácter internacional, como eran, o aún siguen siendo, la supuesta amenaza que constituye Irán y su derecho o no a enriquecer uranio para crear energía nuclear; la retirada de las tropas de Irak –que tras la firma del acuerdo en 2008 se llevará a cabo por fin antes de que finalice el año, si bien probablemente permanecerá en el país un pequeño contingente de unos cinco mil soldados–, Afganistán, el Tercer Mundo, los Derechos Humanos… etc.

Noam Chomsky, que ha manifestado que no votó a Obama porque durante las primarias no tenía ninguna esperanza en él, escribió sobre éste opinando muy negativamente. Ahora, cuando se van a cumplir tres años de su mandato, y sucedido acontecimientos tan históricamente significativos como la revolucionaría ‘Primavera Árabe’ o la reciente captura y muerte del dictador Gadafi, aparece el libro ‘La Era Obama y otros escritos sobre el imperio de la fuerza’. Una nueva obra del Chomsky en estado puro, que con pasión mantiene su fe en la justicia y el estado de derecho, y en el que reúne una serie de entrevistas, conferencias y reflexiones que ponen en tela de juicio la política imperialista mantenida por los EE UU desde el trágico 11-S hasta la ejecución de Bin Laden, pasando por las guerras de Afganistán e Irak.



Fotografía de Noam Chomsky fuente ‘Eje crítico’

martes, 11 de octubre de 2011

Edith Piaf, ‘Himno al amor’


Una vez estuve en casa de Edith Piaf. En realidad un minúsculo apartamento en el parisino barrio de Ménilmontant. Me presenté allí sin avisar, y llamé a la puerta de ese inmueble del 5, Rue Crespin du Gast con la sana intención de visitar lo que hoy es su museo. Me abrió la puerta un hombre que al principio me recriminó el no haber llamado por teléfono para pedir cita, a lo que yo le expuse mi ignorancia, pues en la oficina de turismo no me habían advertido de nada, dándome sólo la dirección en la que se encontraba la casa de esta buena mujer. Finalmente me dejó pasar, y una vez dentro me permitió curiosear solo por el domicilio, retirándose tras poner un disco de la Piaf en el tocadiscos de época, para una mejor ambientación de la pequeña residencia y acogida al visitante.

Allí estaban el oso raído de peluche ya deslucido y algo sucio que recibió Piaf en vida como regalo, y que aparece en la película biográfica estrenada hace unos años; o los viejos guantes de boxeo de su novio, el marroquí Marcel Cerdan, apodado el “Bombardero de Marruecos”.

Di un repaso rápido con la vista a todos los demás recuerdos de la cantante que allí reposaban, pero me quedó persistente en la memoria el que me había despertado la visión del adminículo pugilístico del malogrado Cerdan, que fallece en un trágico accidente aéreo cuando se trasladaba de París a Nueva York para reunirse con su amada Edith, un 27 de octubre de 1949. Dos meses después tenía que pelear en la revancha contra Jake LaMotta. Pero desgraciadamente su avión se fue a estrellar en una montaña de las Azores.

Después de una vida de denodada lucha y lejos de ser color de rosa, Edith Piaf moriría también ese mismo mes del año 1963; un 10 de octubre, aunque se dio como fecha oficial la de su traslado a París, un día como hoy de hace 48 años.


Edith Piaf, ‘L’Hymne à l’amour’

Fotografía de archivo Edith Piaf © Sipa Press

lunes, 26 de septiembre de 2011

Élmer Mendoza y las ‘narconovelas’

“Ningún país acabará con el narcotráfico”, afirma Élmer Mendoza.

Podría tratarse de un macabro suceso narrado en una nueva novela del escritor mexicano Élmer Mendoza, quien también el pasado sábado, acompañado del español Arturo Pérez-Reverte, participara en los coloquios de los recientemente clausurados encuentros literarios del ‘Hay Festival’, que celebró su ya sexta edición en la castellana ciudad de Segovia, los días 17 al 25 de septiembre. Sin embargo, la literatura –en este caso la de Mendoza, patriarca de la norteña, más conocido como autor de ‘Balas de plata’– es desgraciadamente un fiel reflejo de la realidad.

Una realidad en muchas ocasiones feroz y sanguinaria, como ha sido la de los hechos de los que tuvimos noticia el pasado domingo –aunque acaecidos el mismo día que Élmer Mendoza conversara en el acto público con Pérez-Reverte–, cuando conocimos el horrible crimen perpetrado con de-capitación y desmembramiento del cuerpo de María Elizabeth Macías, de 39 años de edad, redactora jefe del diario mexicano ‘Primera Hora’, desaparecida desde el día anterior, hallada a primera hora del sábado en un barrio de Nuevo Laredo, Tamaulipas, que fue asesinada de forma cruel e ignominiosa por denunciar en las redes sociales de Internet (donde firmaba como ‘La nena de Laredo’) a varios narcotraficantes miembros del crimen organizado, según informaría a los medios de comunicación la Fiscalía del citado estado de México, fronterizo con los EE UU.

Y es que, en México, todo lo que tiene relación con el narco forma parte y asume su reflejo en distintos aspectos de la cultura de ese país, como son del folklore norteño los populares narcocorridos –de Tamaulipas o Sinaloa, entre otros estados mexicanos–, compuestos para rememorar o exaltar sucesos o individuos ligados con el narcotráfico, hasta el punto de ser los propios narcos los que los animen sufragando a los grupos musicales autores de estos corridos –actualmente prohibidos en las emisoras de radio nacionales–, y que por supuesto también trasciende por fuerza a la literatura, como así nos lo explicara en el encuentro Arturo Pérez-Reverte, autor de ‘La reina del sur’ (novela traducida a 27 idiomas, de éxito sin precedentes en México), y Élmer Mendoza, autor a su vez de la reciente ‘La prueba del ácido’, a quien por cierto en el coloquio se le preguntó su opinión sobre la posibilidad de legalizar la droga, contestando iró-nicamente escéptico que eso sería factible quizá “en cien años”.

En su última novela, la cual es imposible leer sin el marcado acento mexicano que caracteriza a su autor en el empleo del argot o los coloquialismos, el diestro escritor Élmer Mendoza, nacido en 1949 en Culiacán, en el estado de Sinaloa, vuelve a retomar al detective protagonista de ‘Balas de plata’, es decir a Edgar “el Zurdo” Mendieta, que en esta ocasión está encargado de investigar el asesinato de una bailarina de un club de striptease llamada Mayra Cabral de Melo, enfren-tándose entretanto con el FBI, o el contrabando de armas entre otras calamitosas vicisitudes y entuertos que para nada desmerecen las truculentas historias de Cormac McCarthy, mostrando la violencia y la corrupción que genera el narcotráfico en su país.

El día 13 de septiembre pasado, dos jóvenes más fueron asesinados y colgados de un puente de la citada ciudad del estado de Tamaulipas; al parecer, por utilizar las mismas redes sociales revelando situaciones de inseguridad o peligro en la lucha que mantiene el gobierno mexicano contra el crimen organizado. Con lo que, según ‘Reporteros sin Fron-teras’, en lo que va de año y sumando a la periodista Macías, serían once los reporteros que han sido víctimas del crimen organizado en México. Un país donde la práctica del periodismo supone ejercer una profesión de alto riesgo.



Más información

Página web de ‘Reporteros sin Fronteras’

Crónica de una entrevista norteña.
Una charla con Élmer Mendoza.


Enlace de interés

Página web oficial del ‘Hay Festival’


Fotografía de Élmer Mendoza © Fernando Torres

viernes, 16 de septiembre de 2011

Muere Walter Bonatti, el héroe del K 2


Walter Bonatti falleció en Roma en la madrugada del pasado día 13 de septiembre, a la edad de 81 años, debido a una enfermedad. El féretro del alpinista, escritor y periodista fue trasladado a la ciudad alpina de Lecco, donde se instaló la capilla ardiente, según informó a la agencia EFE la editorial Dalai, que ha publicado el grueso de su obra literaria, basada en sus viajes y ascensos a las cimas de sus montañas.

Una noche de crudo invierno, estando en su vieja casa de la Rue des Grands-Augustins, Gaston Rébuffat se asomaba a la ventana de la estancia para contemplar una vez más el firmamento estrellado. Aunque en aquella ocasión, en la escueta panorámica de cielo que le permitían observar los edificios y la ausencia de nubes, las estrellas que viera festonearan solo los abuhardillados tejados del céntrico distrito 6º, y no las cimas de sus amadas montañas. Sin embargo, en ese silencio y con aquel frío del invierno de París, Rébuffat quería imaginar, como de seguro así sería, que la nieve de los Alpes estaría helada.

En el centro de la gran ciudad, pero junto a los árboles y al río Sena, inspirar el gélido aire de la noche a través de la ventana abierta le hacía recordar la naturaleza a la que se sentía tan íntimamente unido en su pasión por el alpinismo.

En aquellos precisos momentos, en los que, como él lo hacía desde su habitación, los alpinistas atisban el cielo nocturno para saber el tiempo que hará cuando de madrugada emprendan la escalada, Rébuffat se encontraba redactando sobre su escritorio unas líneas que había interrumpido para el prólogo de su libro ‘Étoiles et tempêtes’ (Estrellas y borrascas). El célebre libro en el que inmortalizaría las famosas seis caras norte alpinas: Grandes Jorasses, Drus, Piz Badile, Cima Grande di Lavaredo, Cervino y Eiger.

Montañas que, en la misma estela y vocación alpinística que Rébuffat, pues también fue guía alpino de alta montaña al igual que éste, el legendario escalador italiano Walter Bonatti ascendería en condiciones muy extremas, dejando su im-pronta en las paredes del por entonces aún virgen granito de los Alpes.

Nacido el 22 de junio de 1930 en la ciudad de Bérgamo (Lombardia), en el seno de una familia trabajadora, Bonatti pronto dejaría su vida en aquellas calles señoriales de la elegante capital lombarda que le vio nacer para trasladarse a Monza; y desde allí, en sus vacaciones veraniegas, a Vertova de Valseriana, donde tomaría contacto con la montaña por primera vez atraído por el monte Alben, que tanto le fascinaba. Una pequeña cima de poco más de dos mil metros de altitud situada en los Prealpes Bergamascos, que a una edad temprana avivó en él su espíritu de montañero y su amor por la naturaleza y los grandes espacios, salvajes escenarios para la práctica del alpinismo.

Considerado por muchos aficionados y otros escaladores expertos el mejor alpinista de la historia, tan míticas como él son sus aperturas, ascensiones y vivacs. La cara norte de las Grandes Jorasses en 1949; la cara este del Grand Capucin en 1951; las caras norte de las Tres Cimas de Lavaredo en el invierno de 1953; la controvertida expedición al K 2 y su forzoso vivac al raso a 8.100 metros de altitud, con el hunza Mahdi en 1954; la primera en solitario al pilar suroeste del Petit Dru en 1955, tras cinco días en la pared, progresando entre diedros y placas de granito vertical, llamada desde entonces y para siempre ‘Pilar Bonatti’; el Gasherbrum IV en el Himalaya en 1958; el complicado 'Pilar rojo de Brouillard' en el Mont Blanc, con Oggioni en 1959; el Rondoy North en la Patagonia en 1961; la ‘Directa’ del Freney en 1962, una vía de 800 metros de longitud entre el Pilar Central y la cresta de Peuterey, que culmina directamente en la cima del Mont Blanc; la primera invernal de la ‘Walker’ en las Grandes Jorasses, que realizara en enero de 1963, junto a su compañero de cordada, el camarada Zapelli; o la ascensión que realizó en solitario en pleno invierno del año 1965 a la pared norte del monte Cervino o Matterhorn, conocida como ‘Bonatti’ y su ‘Travesia degli Angeli’, tras cinco días de dura escalada, cuatro vivacs y un frío insoportable. Hazaña épica del montañismo tras la cual colgaría las botas y se retiraría del alpinismo, a los 35 años de edad, para dedicarse al periodismo. Pero gracias a su consecución, redimido ya del inmerecido descrédito granjeado injustamente tras la polé-mica expedición al K 2.



Bibliografía


‘Montañas de una vida’, Walter Bonatti

‘Estrellas y borrascas’, Gaston Rébuffat


Fotografía de Bonatti en el vivac del Cervino © Paris Match

domingo, 11 de septiembre de 2011

Antero de Quental y el 11-S


Casi totalmente eclipsado por el 10º Aniversario de los aten-tados suicidas del World Trade Center y el Pentágono, acaecidos aquel funesto 11 de septiembre de 2001, y también en parte por las noticias de las difíciles circunstancias por las que actualmente atraviesa Portugal, pues el pasado mes de mayo recibió un multimillonario rescate financiero a cambio de un riguroso plan de ajuste, hace ahora justamente 120 años Antero de Quental se embarcaba rumbo a su ciudad de origen, Ponta Delgada (Isla San Miguel), en lo que sería un doliente viaje sin retorno. Poco después, también un fatídico 11 de septiembre, se dispararía en la boca dos balas de revólver frente a un convento de esa misma ciudad de las Azores, en cuya fachada, paradójicamente, podía leerse en un letrero la palabra “Esperanza”.

Estaba claro que para Antero de Quental, desesperado y sin visos de ser rescatado emocionalmente, pues se encontraba sumido en una profunda depresión, esa palabra significaba algo que ya había perdido todo su valor taxativo o sentido esencial para él posible, por más que consuetudinario y vital sea el dicho y la determinación de mantenerla siempre hasta el final, siendo precisamente ésta lo último que se pierda en la vida. Y, no obstante, así fue fatalmente para el letraherido Antero strictu sensu, en tanto en cuanto esa fue su amarga visión postrera inmediatamente antes de fenecer.

Antero de Quental había sido un brillante poeta que pasaría de un romanticismo influido por Lamartine a la poesía socialmente comprometida, influenciado por el pensamiento político y filosófico del francés Proudhon –a quien conocería personalmente en París en 1866, donde se trasladó después de trabajar una temporada en una imprenta de Lisboa– y también el del alemán Hegel, además de ser lector de las obras de Marx y Engels, siendo muy valorado por la renovación que representó para la literatura en su país.

Involucrado políticamente, su compromiso social le llevó a organizar en 1872 la sección portuguesa de la Asociación Internacional de Trabajadores, e incluso a presentarse a las elecciones como candidato socialista.

Al fallecer su padre en 1873, la herencia legada por su progenitor le permitió vivir con cierto desahogo durante los años siguientes. Sin embargo, poco más tarde caería enfermo sin que sus consultas a los más destacados especialistas de Portugal y Francia dieran el resultado deseado. Entre esos galenos estaba el afamado doctor Jean-Martin Charcot, un hombre de la alta sociedad parisina que en aquel tiempo alternaba con otros reputados colegas, literatos, artistas y políticos en las frecuentes reuniones que tenían lugar en un hotel del bulevar Saint-Germain de París.

En 1881, Antero se retira de la vida pública a Vila do Conde –localidad donde reside en la actualidad el escritor portugués Valter Hugo Mãe–, al norte de Portugal. Desde donde partiría abrumado por la tristeza, o quizá dolorosa saudade de sí mismo, en el que fue su último viaje hacia las Azores. Ahora su vieja casa en Vila do Conde, tras ser reconstruida y acondicionada en 2009 –el mismo año que ganara las elecciones legislativas el socialista José Sócrates–, al igual que la de Ponta Delgada es visitada como Casa Museo en homenaje a su imperecedero recuerdo.

La mañana del 11 de septiembre de 1891 salió de su domicilio y, caminando por la empinada calle, descendió hasta la Igreja Matriz o de São Sebastião, entrando en una pequeña armería de la esquina donde, impelido por la amargura y el desdeño por su propia vida, adquirió un revólver. Después cruzó la franja costera y entró en la Plaza de la Esperanza, flanqueada por aún tupidos plátanos, y la atravesó para ir a sentarse en un banco junto al muro del convento homónimo, en el que podía verse pintado un ancla de color azul sobre la blanca pared de cal. Y en él la perdida esperanza.


Antero de Quental, ‘A um Poeta’

Marisa Monte & Cesárea Évora, ‘É Doce Morrer no Mar’


Fotografía ‘Jardim Antero de Quental’ fuente Mashpedia

miércoles, 31 de agosto de 2011

Las raíces de la coincidencia


A pocas horas de la que los árabes llaman ‘Lailat al-Qadr’ (la traducción literal es Noche de Poder), o la Noche del Destino en la que el profeta recibiese la primera de sus revelaciones, de nuevo ciertos sucesos me obligaban a reconocer los límites de las explicaciones físicas y la posible existencia de otros niveles de realidad que estarían más allá de la causalidad física.

Me encontraba solo, en silencio y concentrado leyendo al escritor húngaro Arthur Koestler, autor de ‘Las raíces de la coincidencia’, cuando oí una explosión. En ese puntual momento pensé que se trataba de un disparo de escopeta de caza, realizado en la lejanía del monte por algún cazador furtivo. Unos segundos más tarde, pues bajaba a una buena velocidad por una carretera de montaña sin tránsito alguno y colindante a donde yo estaba, explosionaba por segunda vez el motor de una motocicleta de gran cilindrada a su paso por el punto más próximo a mi ubicación, en plena naturaleza, a varios kilómetros del pueblo más cercano. Un hecho por sí solo insustancial, de no ser por lo sincrónico que fue con el relato leído en el libro de Koestler; y que, naturalmente, de ser una invención, por supuesto que hubiera elegido cualquier otra.

Decía André Malraux que las coincidencias son el lenguaje del destino. Y es que en aquellos precisos momentos acababa de leer el pasaje en el que se describe aquel famoso episodio que se produjo en Viena, en la biblioteca de la casa de Freud, cuando Jung visita a éste en marzo de 1909. En aquel tiempo Jung, que algunos años antes había escrito la tesis doctoral ‘Sobre la psicopatología de los fenómenos ocultos’, era un ferviente admirador de Freud y un gran entusiasta de su trabajo, considerando ese encuentro el momento más importante de su vida, pues estaba muy interesado en conocer las opiniones de Freud sobre precognición y parapsicología en general.

Cuando el escéptico Freud exponía sus razonamientos en contra, Jung sintió una extraordinaria sensación, pro-bablemente somatizando el estrés que le producía el debate. Le pareció que su diafragma se endurecía y le producía cierta quemazón, como si “fuera de hierro y se pusiera incan-descente”. En ese justo instante, en la biblioteca se oyó tal crujido que ambos quedaron muy alarmados… Tan sonoro que los dos miraron hacia el techo temiendo que se les viniera encima.

Inmediatamente después, Jung dijo: “Vea, esto es un ejemplo de los llamados fenómenos catalíticos”. Por su parte, Freud continuaba incrédulo y le contestó diciendo que eso era absurdo. Con vehemencia, Jung le respondió que se equivocaba. “Y para demostrarle que llevo razón, predigo ahora que dentro de un instante se producirá otro fuerte ruido”. Y, efectivamente, apenas pronunció esas palabras, de nuevo se oyó en la biblioteca ¡el mismo crujido!

Freud le miró espeluznado, sin que Jung pudiera adivinar lo que pensaba. El caso es que el suceso despertó el recelo de Freud, y desde entonces Jung nunca más volvió a hablarle de esto.



Bibliografía

‘Las raíces de la coincidencia’, Arthur Koestler

‘El desafío del azar’, Hardy, Harvie, Koestler


Enlace de interés

Cronenberg, psicoanalista


Música de sala

Pat Metheny, ‘Roots of coincidence’

miércoles, 24 de agosto de 2011

Un paseo por el amor y la muerte


El viejo Cementerio de Père Lachaise, abierto como tal en 1804 –aunque no comenzase a ser popular hasta 1817, después de que fueran allí inhumados los cuerpos de los desgraciados amantes Abelardo y Eloisa–, antes proyectado por el arquitecto Alexandre-Théodore Brongniart en la colina de Champ l'Evêque, en unos terrenos donde antaño se cultivaba la vid para abastecer de vino a los parisinos, tomó su nombre del jesuita François de la Chaise, confesor de Luis XIV, el Rey Sol. Y merece la pena ser visitado por sí mismo, como un gran parque más. Sin obviar los ilustres personajes que en él están sepultados, eternos moradores como Chopin, Molière, Balzac, Apollinaire, La Fontaine, Proust, Wilde…, o los más recientes restos mortales de Montand, Piaf o el malogrado Morrison, el Rey Lagarto, fallecido en extrañas circunstancias cuando llevaba alrededor de un año residiendo en París, y cuya tumba es una de las más concurridas del camposanto.

Un lugar en el que se respira la calma, inspirando poesía, literatura, arte, música y ciencia, que dimana de él y flota en el aire. Un espacio donde se mezclan las culturas (griega, egipcia, árabe o sefardí), armoniza los credos (católicos, musulmanes, judíos y ortodoxos), y se exalta a los héroes que están sepultados junto al ‘Muro de los Federados’. Pro-hombres y ciudadanos de toda laya que dieron la vida por la Revolución. Algunos –los 147 combatientes de la Comuna de París– siendo fusilados y enterrados allí mismo, junto a la muralla del cementerio.

Otro inquilino de Père Lachaise es el periodista Víctor Noir, que en 1870 vio infelizmente su vida segada por arma de fuego, a los veintidós años. Fulminado por el disparo que le efectuó Pierre Bonaparte, sobrino de Napoleón, tras una discusión con el interfecto cuando éste trataba de mediar en un duelo que se celebraría entre su redactor jefe en el periódico republicano ‘La Marseillaise’ y Pierre Bonaparte. Las posteriores movilizaciones y manifestaciones de repulsa e indignación hacia Napoleón III no se hicieron esperar, y poco después fue depuesto de su mandato por las milicias de la Tercera República. Exiliado en Inglaterra, Napoleón III moriría en 1873. La famosa tumba de Víctor Noir, objeto de polémica y manoseo, es otra de las más visitadas de la necrópolis.

No obstante, es muy agradable leer o meditar entre sus panteones y mausoleos, monumentos o cenotafios –como el de María Callas, cuyas cenizas fueron esparcidas sobre las aguas del Mar Egeo–, o simplemente pasear por sus estrechas avenidas y serpenteantes callejuelas, contemplando los frondosos árboles y el denso follaje. En un silencio a veces sólo alterado por el canto de las alondras que revolotean en sus jardines, entre las ramas de los hermosos castaños que dan sombra y cobijo a los abigarrados sepulcros de vetustas piedras salpicadas de muscínea y liquen. Aunque según sea la época del año en que lo hagamos, así se nos mostrará en la visita más apaciblemente bucólico y romántico, o estremecedoramente gótico y sombrío. Sin olvidar las innumerables biografías que aquí vieron su fin; las desdichadas o felices historias de unas mortales vidas ya acabadas bajo los prístinos mármoles de sus lápidas o sarcófagos, pero a la vez también innegablemente inmortales para la Historia.


Más información
Página web del Cementerio de Père Lachaise


Enlace de interés
Fotografías infrarrojas de Père Lachaise


Fotografía ‘Sepulcros’ (Rollei IR400) © Fernando Torres

viernes, 5 de agosto de 2011

El arte del “tuning” fotográfico


Una extensión digital del diario EL PAÍS, creada por el equipo de elpais.com y denominada ‘Eskup’, ofrece a través de su web la posibilidad de “dialogar, compartir, aprender”. Un medio en el que poder “preguntar o responder, callar o leer, informarte o informar.”

En esta ocasión, las Instagram, Hipstamatic, Vignette, Polaroid o Cámaras lomo son las máquinas o aplicaciones empleadas para retratar ese momento de felicidad, capturar ese mágico instante del tiempo que ya será inolvidable. Pequeñas obras de arte reunidas bajo el epígrafe de ‘Tunea tu foto’, que aplicando a la fotografía original algún tratamiento de retoque, han sido modificadas a tal efecto: virajes, filtros, colores saturados, brillos, luces y sombras, encuadres o márgenes, llevando así a cabo la realización del llama-do “tuning” de la instantánea en cuestión.

La palabra “tuning” proviene del idioma inglés y viene a significar ajuste o sintonización. En los últimos años se emplea de forma popular y generalizada para definir la acción de modificar los componentes mecánicos, electrónicos y, sobre todo, carroceros de un automóvil. Un hobby que para muchos aficionados ha pasado a tener categoría de “arte”. Esta moda comenzó en países como Alemania, Inglaterra e Italia, pero desde un tiempo a esta parte son los japoneses y estadounidenses quienes se han puesto a la cabeza.

Ahora, por extensión, hay una tendencia a utilizar el término coloquialmente también en otros campos, como suele ocurrir con algunos neologismos que surgen en la sociedad. Siendo para ello la lengua inglesa muy proclive a marcar la pauta en ese particular aspecto del léxico occidental, dado el número de hablantes y el peso específico del idioma anglosajón en el mundo.

Prueba de ello es el enunciado de la interesante, lúdica y estival propuesta de elpais.com para exponer y comentar las fotografías que, de una forma espontánea, viva y abierta a la participación de todos los registrados, han sido publicadas por los propios usuarios de la citada plataforma, pudiendo asimismo también interactuar a su vez con otros medios o redes sociales.

Una iniciativa que ya promovió en su día, hace unos años, el programa de televisión ‘Cámara Abierta 2.0’ y PHotoEspaña, tomando como referente en aquella ocasión el trabajo y la técnica fotográfica del homenajeado Gerhard Richter, cuyas obras estuvieron expuestas en la Fundación Telefónica.


Más información

Exposición fotográfica ‘Tunea tu foto’


Enlaces de interés

La lomografía, una visión experimental

Instagram

Hipstamatic

Vignette

Polaroid


Fotografía ‘Trabajos verticales’ © Fernando Torres

lunes, 18 de julio de 2011

París sigue siendo una fiesta


“Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven, luego París te acompañará, vayas adonde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue”. Ernest Hemingway.

PARÍS (Francia)/ El pasado 14 de julio, un año más, la capital de Francia celebró por todo lo alto la Fête de la Fédération. Su gran Fiesta Nacional que asimismo evoca y conmemora el aniversario de la toma de la Bastilla y el inicio de la Revolución, cuyas milicias tenían como lema aquella exclamación máxima de “Vivir libres o morir”, y que fueron el germen de la manifestación unitaria que se organizaba en París –en el Campo de Marte, no en los Campos Elíseos que es por donde discurre en la actualidad la parada militar– aquel 14 de julio del año 1790.

Decía Pierre Miquel, en la Histoire de France (Editorial Fayard, 1976), que en los días precedentes al asalto del cuartel de la Bastilla, “el pueblo parisino estaba muy excitado, doblegado por una primavera de desempleo y carestía, por un invierno de miseria. El pan empezaba a faltar en las panaderías”. Qué lejano queda el año 1789 en el que el desdichado Foullon, cuya cabeza fue paseada ensartada en una pica por la Rue Saint-Martin con la boca llena de hierba, fuera así ajusticiado por la plebe por decir del pueblo de París: “Si esa chusma no tiene pan, que coma heno”. Eran tiempos de hambruna, pero desde el siglo XVIII París ha establecido las normas de justicia y moralidad no sólo como capital de Francia, sino como capital de Europa, generando muchas modas y costumbres que después han sido compartidas internacionalmente.

“La ciudad que se agita”, como la llamaba Walter Benjamin, alternó ese decorado matinal de los desfiles de acorazados y soldadesca perteneciente a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, con las exposiciones artísticas al aire libre; los paseos por los animados mercadillos, como el de Richard Lenoir, junto a la Place de la Bastille; el de las pastelerías o charcuterías de la Rue de Buci, o el no menos bullicioso ambiente de las terrazas de los bistrots de la Rive Gauche, que conforman todos ellos, hasta en las calles más intrincadas, la vida mundana de esta ciudad universal y mágica en la que, como decía Irwin Shaw, se imbrican el arte y el comercio, glamour y marrullería, placer y desaliento, y tolerancia y chauvinismo.

Lamentablemente, este día de júbilo patrio se vio tristemente ensombrecido por la noticia de los soldados franceses fallecidos en el pasado atentado suicida de Afganistán, que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, calificó con tristeza, en su comparecencia ante los medios de comunicación, de “vil asesinato”. Mientras que el diario capitalino ‘Le Parisien’, afirmaba que el ataque habría sido perpetrado por los talibanes como una respuesta cruel a la visita sorpresa del presidente Sarkozy, el pasado martes 12 de julio, a la Base Militar de Tora en Afganistán.


Más información

París festeja el 14 de julio/parisinfo

Fotografía ‘Soldados franceses’ © Fernando Torres

domingo, 26 de junio de 2011

Amir John Haddad, ‘From East to West’


El acogedor Croché no quiso llamarse café por no equipararse con los míticos cafés tertulianos de los siglos XVIII, XIX o principios del XX, como el Levante, Pombo, Comercial, Príncipe o Gijón, y modestamente prefirió definirse con el apelativo de ‘Cafetín’. Sin embargo, la decoración de este pequeño café, en el que se celebran conciertos y otros eventos que van desde la poesía a la magia, está ambientada al más puro estilo parisino de principios del siglo pasado. Entre el curioso atrezzo del local, colgando de sus paredes es posible ver diversos objetos de un claro Art nouveau, como láminas enmarcadas de los artistas Gustav Klimt o Alphonse Mucha (Sara Bernhardt, Theatre de la Renaissance…), e incontables fotografías y postales, radios antiguas, bastones, librillos de papel de fumar, bustos o estatuillas, billetes viejos, así como lámparas o quinqués y mobiliario de época.

Pero anoche, en su sótano bajo la bóveda semicircular, semejante si se quiere a las primeras qas'a o jism (caja de resonancia) de la ud árabe, resonaron las notas y exóticos acordes provenientes de los distintos instrumentos de cuerda pulsada, que tañería en su periplo musical por el Mediterráneo y desde Oriente, el músico de ascendencia palestino-colombiana nacido en 1975 en Freiburg (Alemania), Amir John Haddad. Un concierto que él ha titulado ‘From East to West’.

Un mágico viaje sonoro que el multiinstrumentista inició con el citado laúd árabe –aunque en su versión eléctrica, sin la característica barriga de la ud tradicional–, para continuar demostrando su gran virtuosismo tocando el saz turco, emparentado con el buzuq libanés, de la misma familia que el laúd con mástil largo, que se toca en diversas regiones como Turquía, Kurdistán, Siria, Iraq, Irán y los Balcanes. Y más tarde proseguir con el buzuki griego, que alcanzara una gran popularidad en tabernas y ambientes marginales de la Atenas de principios del siglo XX, en la que se asentaron miles de griegos expulsados de Anatolia. Hasta llegar a la guitarra española, de la que, con duende y sabiamente, sacó el flamenco y la gran influencia de Al Andalus que ambos llevan dentro, y que ha paseado por tabernas o tablaos de Madrid tales como ‘Las Carboneras’, el ‘Café de Chinitas’, el ‘Corral de la Pacheca’ o el célebre ‘Casa Patas’.

Finalmente, arribando ya a puertos más occidentales pero sin abandonar el misticismo, con una guitarra eléctrica de tres mástiles más propia de guitarristas como Steve Vai, y con la que parecía que iba a tocar a la manera de Satriani, el músico interpretó de forma personal y casi extática la composición ‘Vuelan dos palomas’, para así acabar con ella el recorrido musical propuesto.

Amir John Haddad ha ofrecido conciertos en diferentes paises como Inglaterra, Francia, Italia, España, Alemania, Portugal, Bélgica, Holanda, Grecia, Noruega, Suecia, Finlandia, Escocia, Polonia, Israel, Turquía, Egipto, Palestina, Irlanda, EEUU, Brasil, Marruecos, Costa Rica, México, Colombia, Hungría, Rusia, Eslovenia, Suiza, Austria, Canadá o Dinamarca. Y colaborado con otros importantes músicos como el grupo Radio Tarifa, Javier Paxariño o Eliseo Parra, entre otros muchos. Con la banda ‘Ziryab Sindicate’, fusiona jazz, rock, funk, gnawa y flamenco. Dentro de este último género fundó el quinteto ‘Almeraya’, con el que grabó el disco ‘Pasando por Tabernas’. Y el pasado mes de marzo, junto al productor Carlos Raya, lanzó el álbum de debut con su cuarteto de World music ‘Zoobazar’.


Más información


Página web oficial de Amir John Haddad

Vídeo demostración ‘From East to West’


Enlace de interés

Cuerdas del Mediterráneo


Fotografía de Amir John Haddad © Fernando Torres

martes, 14 de junio de 2011

A propósito de Borges, 25 años después


Marcos Ricardo Barnatán nos da algunas claves para penetrar en el laberinto literario del porteño más universal.

Al contrario que en la Utopía de un hombre que está cansado, donde Borges nos traslada con su relato a un lugar imaginario en el que “no hay conmemoraciones ni centenarios ni efigies de hombres muertos, y cada cual debe producir por su cuenta las ciencias y las artes que necesita”, como era de esperar y ocurrió también en fechas de su centenario, hace ahora casi doce años, este 25 aniversario de su muerte ha generado un nuevo torbellino de opiniones y recuerdos por parte de una multitud de adeptos, escritores o lectores necesitados de su literatura. Y más concretamente, las palabras y los análisis literarios de algunas personas próximas, entendidos contertulios conocedores de la vida, la obra y la intimidad del gran escritor argentino, que se han venido sucediendo estos días de atrás en la Casa de América de Madrid como la antítesis de esa “pánica llanura interminable y cerca del Brasil” a la que alude Borges citando al uruguayo Emilio Oribe.

Uno de esos eruditos que estuvo presente en las referidas charlas sobre el maestro bonaerense, y en las que asimismo participó su viuda, María Kodama, fue el también escritor argentino de Buenos Aires Marcos Ricardo Barnatán, autor de ‘Borges, Biografía total’, en la que, a petición de su editor, Barnatán recopiló y vertió en ella todo el saber borgesiano que posee, y que es mucho. Un hombre franco y sin dobleces, crítico y poeta a la sazón, que afirma ser un segui-dor “converso” de Borges, que lleva residiendo en España desde el año 1965 –si bien realiza frecuentes viajes a Argentina, Francia o Israel–, nacido en el seno de una familia sefardí de origen hispano-sirio.

Pregunta: ¿Por qué elegiste a Borges entre todos los demás escritores?

Respuesta: Porque desde hace mucho tiempo, cuarenta años, creo que Jorge Luis Borges es el mayor escritor en castellano del siglo XX, y el que más ha influido en la literatura y el pensamiento universal.

P: Decía el irrepetible porteño en ‘El libro de arena’ que, debatiendo el problema del conocimiento, alguien invocó alguna vez la tesis platónica de que ya todo lo hemos visto en un orbe anterior, de suerte que conocer es reconocer. ¿Es cierto que también le conociste personalmente?

R: Mi primera entrevista con Borges la tuve a los 22 años, en 1968. Lo llamé por teléfono y me invitó a desayunar en su casa, desde entonces nos hemos visto en Madrid y en Buenos Aires. Lo entrevisté varias veces para TVE, para El País, lo presenté en un gran acto en el paraninfo de la Universidad Central de Barcelona, etc. Ahora soy amigo de su viuda Maria Kodama.

P: Ya escribiste una primera biografía de Borges, ¿qué más aportas o compilas en la obra publicada en 1996, ‘Borges, Biografía total’?

R: Desde 1971, año en el que apareció el primero, he publicado media docena de libros sobre Borges: biografías, el poeta, edición anotada de sus cuentos, etc. Por fín un editor me pidió un libro que abarcara todos esos años de trabajo y así surgió ‘Borges, Biografía total’. Un libro que tuvo cuatro ediciones, dos en España y dos en Latinoamérica y que hoy está agotado, sólo se puede encontrar en iberlibro.com.

P: ¿Qué obras recomendarías ahora para iniciarse en el laberinto del conocimiento del maestro y su universo libresco?

R: A los temerosos les recomiendo comenzar por los libros últimos que son los más sencillos, sobre todo ‘El libro de arena’ o ‘El informe de Brodie’, a los valientes acometer ‘El Aleph’ o ‘Ficciones’, o los dos. Y a todos leer su poesía, es un poeta monumental.

Gracias, amigo. Verba volant scripta manent.


“Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar. Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos. Hay un espejo que me ha visto por última vez…”. JLB


A los coloquios sobre Jorge Luis Borges, en el 25 aniversario de su desaparición, asistieron además de la citada María Kodama y Marcos Ricardo Barnatán, los escritores, crítico y poeta, Ricardo Piglia, Alberto Manguell, Ignacio Echeverría y Luis García Montero, respectivamente.


Más información

Página web de la Casa de América


Enlace de interés

El Poder de la Palabra/Borges


Fotografía de Jorge Luis Borges © Daniel Mordzinski

martes, 24 de mayo de 2011

‘I´M NOT THERE’, sí estuvo aquí


‘I´M NOT THERE’, la película del director de cine Todd Haynes sobre el cantautor folk, Premio Príncipe de Asturias en 2007, Bob Dylan, pasó de largo por España aquel mismo año que sí vio su estreno en Francia. Tuvieron que pasar algunos años más para que el film lo hiciera en España. De nuevo, ahora coincidiendo con el 70º aniversario del nacimiento del músico, es posible verla entre los demás actos que se celebran en el auditorio del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Bob Dylan revolucionó la escena musical en los años 60 con su personal folk, y desde entonces y hasta hoy nunca ha dejado de influenciar a músicos, escritores, poetas y, en definitiva, a la cultura en general. Inspirada en su trayectoria en constante cambio, ‘I´M NOT THERE’ es un entretejido de historias que transcurren en la América de los años 60 y 70. Cada una de esas historias quiere representar un aspecto de la prolífica carrera de Dylan, y fueron rodadas de manera diferente a través de también muy diferentes intérpretes: Woody (Marcus Carl Franklin), un niño negro de 11 años en una constante huída; Robbie (Heath Ledger), un artista mujeriego que vive continuamente ‘on the road’; Jude (Cate Blanchett), un joven andrógino estrella del rock; John/Jack (Christian Bale), un ídolo de la música folk que se reinventa como evangelista, o Billy (Richard Gere), un famoso fugitivo –Billy ‘El Niño’– vivo de milagro, pero acusando ya la ineludible vejez. Arthur (Ben Wishaw), un poeta maldito, es el narrador de la historia y encarnaría al Dylan influenciado por el gran poeta simbolista Arthur Rimbaud.

La interpretación de Cate Blanchett, nominada para el Oscar por este trabajo, es simplemente sensacional dando vida a ese Dylan joven de pelo rizado y de constitución delgada, siempre con un cigarro en la boca. Es admirable comprobar cómo la actriz mimetiza muchos de los gestos del genial cantante. Pero igualmente reseñable son las actuaciones del fallecido Heath Ledger, o la del ya consagrado Richard Gere.

La película, que contó con el visto bueno del legendario músico, cumplió con las expectativas y resultó ser una de las películas más sugerentes y originales de aquella edición del Festival de Venecia de 2007. Recibió el Premio Especial del Jurado y la Copa Volpi a la Mejor Actriz, de forma unánime, para Cate Blanchett, que posteriormente obtuvo también un Globo de Oro. Y se situó, además, entre las favoritas al León de Oro gracias a Todd Haynes, uno de los mejores directores que acudieron a la bienal.

Y sin embargo, ¡no estuvo aquí! A veces esto ocurre por una incomprensible gestión en la promoción y distribución de los filmes. Es sabido que, en ocasiones, las películas se estrenan con mucho retraso respecto a, por ejemplo, París, que tiene un acuerdo internacional para hacerlo en esa ciudad como primicia. Aunque quizá la razón es que pasara aún más inadvertida que ‘No Direction Home’, el documental filmado por Martin Scorsese para la televisión, estrenado en septiembre de 2005. Afortunadamente –sólo por su música ya valdría la pena– tenemos ahora la oportunidad de verla, acompañada de otros eventos, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

‘I´M NOT THERE’ se estrenó en España el 19 de febrero de 2010.


Filmografía de Todd Haynes

‘I´m not there’ (2007)
‘Lejos del cielo’ (2002)
‘Velvet Goldmine’ (1998)
‘Safe’ (1995)
‘Dottie gets spanked’ (1993)
‘Veneno’ (1991)
‘Superstar: The Karen Carpenter story’ (1987)
‘Assasins: A film concerning Rimbaud’ (1985)


Más información

Página web oficial de ‘I´M NOT THERE’

Página web del Círculo de Bellas Artes

domingo, 15 de mayo de 2011

'Midnight in Paris'

Este año la 64ª edición del Festival de cine de Cannes se iniciaba con la proyección de la película 'Midnight in Paris', del veterano director Woody Allen. Una agradable comedia –aunque para algunos peque algo de chauvinista– muy apropiada para el público asistente a este importante certamen francés.

Sería Jean Cocteau quien, en 1954, y a petición de una conocida orfebre de París, bosquejara lo que después fue –y sigue siendo– el emblemático galardón por el que de nuevo compiten este año veinte películas. Es decir, la llamada Palme d’Or o ‘Palma de Oro’ del festival, que en esta edición –en la que se presenta una versión en color, restaurada de ‘Viaje a la luna’ de George Méliès– ha recibido merecidamente en calidad de ‘Honor’ el cineasta italiano Bernardo Bertolucci.

Una carroza –en este caso una lujosa limousine con chófer tipo Quadrilette de la Belle époque– es la que, sólo a medianoche, transporta al escritor protagonista a esa nostálgica época dorada que vio la Ciudad Luz, para reencontrarse, en el París de entonces (del que Allen sólo muestra, además del modernismo, las costumbres y el glamour actual, lo atractivo de esos años y mitos que a él le interesa transmitir), con sus admirados literatos y artistas ya consagrados para la ilustre historia de esta ciudad universal, que vivieron en ese tiempo de entreguerras, como el polifacético Cocteau, un pendenciero Hemingway, los surrealistas Man Ray y Luis Buñuel, el genial Picasso, el elegante Scott Fitzgerald y su esposa Zelda, la escritora y poetisa Gertrude Stein, el histriónico Salvador Dalí, o el gran torero Belmonte, entre otros.

Un fantástico divertimento a manera de viaje mágico en el tiempo al París de los felices años veinte, como el director ya hiciera de forma similar en ‘La Rosa Púrpura de El Cairo’ o ‘Alice’. Y que, como película, comienza con una larga serie de fotografías panorámicas de la capital gala; instantáneas de álbum de recuerdos de viaje de turista con buen ojo fotográfico, para enseñar así el mayor número de vistas de rincones en sugestivos encuadres que de otro modo sería imposible. Cafés –como el Select, que fascinaba a la bohemia parisina y en el que no sólo se podía encontrar a Hemingway, sino también a escritores como Henry Miller, Ezra Pound, Gertrude Stein o Scott Fitzgerald, y los habituales pintores de Montparnasse–, avenidas o bulevares como el de Saint-Germain; museos y monumentos, bucó-licos parques, la ineludible y celebrada Torre Eiffel y, por supuesto, el Sena, que, como dijera el gran Émile Zola, en sus aguas siguen reflejándose las alegrías y las penas de los parisinos. Lugares que, de forma grata, algunos revisita-remos en la ficción mediante esos mágicos saltos de época, entre efluvios de absenta, que hace cinematográficamente creíbles el siempre original Woody Allen. Los brillantes actores y la acertada y evocadora banda sonora de la película hacen el resto. ‘Let´s do it’.

Más información

Página web oficial del Festival de Cannes

Página web de ‘Midnight in Paris’ (Sony Pictures)


Cartel de la película basado en ‘Noche Estrellada’, de Vincent Van Gogh, y fotograma del film.

jueves, 21 de abril de 2011

Salgari y la literatura de aventuras


Emilio Salgari y la novela de aventuras congregan a diversos escritores que conversarán en torno a este género literario a modo de homenaje al prolífico autor italiano.

La inmensa cantidad de novelas escritas por Emilio Salgari tiene parangón con la mar océana, habitual escenario de sus exóticas historias de piratas o aventureros. Ya sea el Mediterráneo de la Liguria, el Caribe antillano de los filibusteros, el Mar de los Sargazos, que circunda las islas Bermudas, el Mar de la China y las aguas turquesas de las costas de Malasia, e incluso las de los fríos mares árticos de la Estrella Polar.

El narrador veronés, aprendiz de marinero y después capitán de barco con apenas 19 años, escribió más de ochenta novelas y una también ingente cantidad de cuentos destinados a los jóvenes lectores. Jóvenes que, según Salgari, “tenían necesidad de libros que templasen en ellos el sentido viril, que los preparasen para una vida de atrevimiento, el sentimiento de la libertad personal, que les infundieran afición a los viajes, a los riesgos, a las hermosas aventuras.”

Asimismo, en sus obras hubo cabida también para toda clase de peripecias transcurridas en tierra firme, como son las que el fecundo Salgari desarrollaba en las selvas de la India, las frondosas junglas malayas, las ardientes arenas del desierto del Sáhara, el enigmático Egipto de los faraones, o los lejanos territorios del oeste de los Estados Unidos. Lugares en donde el autor esbozaba con una exuberante imaginación y capacidad de fabulación, personajes y héroes que en sus intrépidas hazañas encarnan los sentimientos o principios más fundamentales del hombre, como la amistad, el amor, la justicia, el honor, o el de amparo de los más débiles.

En sus realistas e intensos relatos, descritos con detalle y pulso trepidante, Salgari también instruye al lector en el conocimiento de la fauna y la botánica endémica de cada región. Así como en lo referente a la historia, la geografía o las costumbres locales de sus pobladores; las etnias, el lenguaje o las etimologías pormenorizadas, que dan en su conjunto una idea más exacta del paisaje y el paisanaje autóctono del lugar donde ocurren los hechos, y que el escritor narraba siempre de una manera clara y amena. Aun a pesar de que él no los hubiera visitado o conocido personalmente. Si bien el propio Salgari asegura en sus memorias que entre los 18 y los 23 años viajó por el Pacifico como capitán en diferentes barcos, y que sus personajes más famosos están basados en los individuos reales que conoció en aquel tiempo.

Pero el suicidio del padre, la enfermedad mental de su mujer y los graves problemas económicos que por lo general tuvo presentes, lo afligieron más aún penosamente los últimos días de su vida, a la que decidió poner fin con el suicidio ritual mal llamado vulgarmente harakiri, el 25 de abril de 1911, en la ciudad de Turín. A la cual se había trasladado después de casarse. Aunque antes de hacerlo dejaría escrita una elocuente carta dirigida a sus ingratos editores:

“A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semi miseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari.”

El pobre contrato firmado con Donath, su primer editor, le comprometía a hacer entrega de tres novelas al año por tan solo 4.000 miserables liras, que apenas le llegaban para cubrir los gastos más básicos de la familia, compuesta por su mujer y cuatro hijos; de los cuales dos de ellos seguirían los mismos pasos suicidas que sus predecesores.

En este aventurero ciclo de charlas homenaje a Emilio Salgari, que se inicia en la misma fecha en la que se cumple el aniversario de su muerte, se rendirá igualmente tributo a otros grandes autores de este género, tales como Julio Verne, Jack London, Karl May o Fenimore Cooper.


Lunes 25 de abril

La novela de aventuras
Eduardo Mendoza y Marta Rivera de la Cruz

Martes 26 de abril

Recordando a Salgari: un siglo de piratas
Ángeles Caso, Fernando Marías y David Torres

Miércoles 27 de abril

El autor como personaje: Julio Verne y Jack London
Alicia Jiménez Bartlett, Javier Sierra y Espido Freire

Jueves 28 de abril

El western en la novela: Karl May y Fenimore Cooper
Martín Casariego, Agustín Díaz Yanes y Lorenzo Silva



Fundación MAPFRE
Auditorio Recoletos
Paseo de Recoletos, 23
Madrid


Fotografía ‘Tigres’ © Fernando Torres

jueves, 31 de marzo de 2011

Gallimard cumple un siglo de edición



Con motivo del centenario de Ediciones Gallimard, la BNF expone un siglo de historia intelectual a través de la trayectoria de una de las más prestigiosas editoriales de Francia.

El dandi Gaston Gallimard, entusiasta hedonista hijo de un aficionado a coleccionar libros raros y arte impresionista amigo del pintor Auguste Renoir, fundaría en 1911 en París la editorial que lleva su nombre. Pues, a fin de cuentas, la casa de Éditions Gallimard era en realidad la prolongación de la célebre NRF (Nueva Revista Francesa), en sus comienzos coordinada por André Gide y Jean Schlumberger; los mismos con los que Gallimard crearía, el 31 de mayo de ese año, Éditions de la Nouvelle Revue Française, con sede en el 79 de la Rue Saint-Lazare.

Al año siguiente, Marcel Proust le proponía a Gallimard la publicación de su manuscrito, ‘Del lado de Swann’. Obra que en un principio fue rechazada por el grupo, a pesar de la opinión favorable de Gallimard, por tratarse de un escritor frívolo, catalogado como de “Rive droite”. Dos años más tarde, percatándose del gran error cometido, Gide, Gallimard y Rivière tratan de recuperar a Proust, que por entonces publicaba en Grasset, la editorial de la competencia con domicilio social en la Rue des Saints-Pères. La obra de Proust, primer volumen de La Recherche, reaparece publicada en 1917, por fin engrosando ya el catálogo de la NRF. En aquel tiempo la guerra había disgregado a muchos autores y colaboradores de la editorial. Poco después, en 1919, Proust ganaría el Premio Goncourt por ‘A la sombra de las muchachas en flor’.

Ya en los años treinta, la nueva sede en el inmueble del 5 Rue de Sébastien-Bottin era un hervidero de la inte-lectualidad francesa de la época. En los pequeños despachos de la editorial Gallimard trabajaban incansables André Malraux, Raymond Queneau y Jean Paulhan leyendo manuscritos, redactando informes, preparando colecciones, antologías o libros de arte. A veces las innumerables reuniones se celebraban incluso en la misma calle, en el exterior del tramo antes conocido como Rue de Beaune; otras en los modestos cafés del barrio de la Rive Gauche o en el sótano del Hotel Pont-Royal, en la vecina Rue de Montalembert.

En los primeros años cuarenta, durante la ocupación nazi, Gallimard tuvo que bregar con los arbitrajes fascistas de la ‘Propagandastaffel’ alemana, que imponía sus propios criterios editoriales. Entretanto, Paulhan era el depositario de los manuscritos que le eran secretamente remitidos para las publicaciones clandestinas de la Resistencia.

Entre las muchas vicisitudes por las que atravesaba el gremio editorial en aquellos días, estuvo también el trágico suicidio del decepcionado Pierre Drieu la Rochelle, por entonces director de la NRF y adscrito a la ultraderechista Action française, poco después de abandonar el cargo en 1943; es decir, el 15 de marzo de 1945, tras un primer intento fallido el año anterior.

Gallimard, sintiéndose ya mermado de fuerzas para continuar, fue progresivamente dejando paso en el poder a su hijo Claude. Gaston Gallimard murió el 25 de diciembre de 1975, a la edad de 94 años.

Otra guerra muy distinta es la que comenzaron los herederos de Gallimard en 1988, tras el reparto de su patrimonio. El hijo de Gaston y segundo gran director de la editorial, Claude, y el segundo varón, Antoine, actual gerente de la empresa, que dispuso de un porcentaje mayor de las acciones. Y por otro lado, la amenaza de la posibilidad de la compra de la entidad por alguna depredadora compañía extranjera sin escrúpulos comerciales.

En la nómina de esta ilustre institución de la cultura francesa figuran nombres de la historia de la literatura y el pensamiento del siglo XX como Proust, Gide, Claudel, Aragon, Breton, Malraux, Joyce, Faulkner, Camus, Sartre, Queneau, Yourcenar, Duras, Kerouac, Saint-Exupéry, Bataille, Michaux, Ionesco, Pinter, Blanchot, Modiano, Le Clézio, Tournier…, o Kundera, que en estos días es noticia por su reciente ingreso en la prestigiosa biblioteca de ‘La Pléiade’.

Actualmente y hasta el 3 de julio, para celebrar el aniversario de Gallimard se muestra una exposición que reúne los tesoros de la BNF (Biblioteca Nacional de Francia) y de otras bibliotecas, y los archivos inéditos del editor, como manuscritos, correspondencia, ediciones originales y fotografías diversas. La exposición cuenta, además, con la colaboración del INA (Instituto Nacional del Audiovisual) para iluminar y poner sonido a todo el conjunto de la memorabilia de ‘Gallimard, 1911-2011: un siècle d’édition’.

A estos interesantes contenidos se ha sumado también la proyección del documental ‘Gallimard, le Roi Lire’, del realizador William Karel.



Más información

Página web de Ediciones Gallimard

Página web de la BNF


Enlaces de interés

Milan Kundera ya es inmortal, artículo de El País

‘Gallimard, le Roi Lire’, documental de William Karel

Gallimard et nous, en Le Nouvel Observateur

Entrevista a Antoine Gallimard, por Juan Cruz


Montaje Gallimard/Rue Sébastien-Bottin © Fernando Torres