domingo, 9 de diciembre de 2012

Premios Libros y Literatura 2012


Desde que Justin Hall, reconocido como uno de los blogueros pioneros, escribiera en 1994 su blog personal mientras era estudiante de la Universidad de Swarthmore, hasta hoy día los blogs en la Red han proliferado de manera notoriamente exponencial. Como ya es sabido por millones de usuarios en todo el mundo, el término blog, entendido también como una bitácora digital, cuaderno de bitácora o weblog, es un sitio web que va siendo periódicamente actualizado, recopilando de forma cronológica artículos o textos de uno o varios autores, y donde el autor conserva siempre la plena libertad de publicar lo que crea conveniente.

El moderno blog es una evolución de los llamados diarios en línea, donde la gente escribía sobre su vida personal, como si fuese un diario íntimo pero dándole difusión en la Red. Los temas o usos que se pueden dar a cada blog en particular son de todo tipo, véase el periodístico, empresarial o corporativo, político, educativo, tecnológico, etc. Pero de ellos una gran parte son los culturales y, más concretamente, los que versan sobre literatura, como es el caso que nos ocupa. Pues el portal Libros y Literatura promueve un interesante concurso para premiar a los blogs que traten esta materia más votados por los usuarios. El concurso tiene por objetivo promover los blogs literarios y valorar así las mejores reseñas literarias de la blogosfera actual premiando a sus autores. Las bases del referido concurso se pueden consultar aquí.

Mi modesta participación en este concurso lo hago con la reseña titulada ‘Bajo el sol. Las cartas de Bruce Chatwin’.

martes, 4 de diciembre de 2012

Bajo el sol. Las cartas de Bruce Chatwin


“Parece como si Chatwin estuviese narrando su vida: desde sus salidas en falso, los trabajos decepcionantes y sus escritos inéditos hasta los movimientos precipitados, las erupciones de tedio y sus caprichos. Estas cartas irrumpen con palabras cariñosas, explosiones de rabia y entusiasmos repentinos.” Paul Theroux.

Se edita ‘Bajo el sol. Las cartas de Bruce Chatwin’, uno de los escritores más enigmáticos del siglo XX, autor de libros ya clásicos pero inclasificables –si bien él establecería su reputación como escritor de viajes–, como ‘En la Patagonia’ o ‘Los trazos de la canción’, que se revelan como textos fantásticos donde Chatwin se mimetiza con los ambientes que observa en sus viajes hasta el punto de crear una realidad particular para los mismos. Como explica Nicholas Shakespeare en la introducción a esta recopilación de cartas, Chatwin era un personaje de sí mismo; el alter ego que aparece en sus obras es muy distinto del Chatwin que muestra en su correspondencia, publicada ahora tras veinte años de un meticuloso trabajo editorial a cargo de su viuda, Elizabeth Chatwin, con quien se casó a los 25 años tras haberla conocido cuando trabajaba en Sotheby’s, para sorpresa de muchos que lo conocían. Ya que Chatwin era bisexual y lo fue a lo largo de su vida de casado, una circunstancia que Elizabeth conocía y aceptaba.

Chatwin mantuvo la referida correspondencia con personajes tales como Paul Theroux, Patrick Leigh Fermor y James Ivory, desde lugares tan dispares como Afganistán, Grecia, Suecia, Turquía y África. En sus cartas se revela como un narrador de historias nato, apasionado de la vida –aunque inseguro sobre cosas tan íntimas como era su sexualidad–. Como diría Salman Rushdie: “Bruce apenas había empezado. Tan sólo vimos el primer acto.” Pues Chatwin moriría en Niza en 1989, a la edad de 48 años, a causa de haber contraído el SIDA. Por su condición de bisexual, fue uno de los primeros famosos afectados por el virus en Gran Bretaña y, aunque trató de ocultar su enfermedad, haciendo pasar los síntomas por una infección o los efectos del mordisco de un murciélago chino, lo suyo era un secreto a voces. No respondió bien al tratamiento médico y, con su estado de salud deteriorándose con rapidez, Chatwin y su mujer se irían a vivir al sur de Francia, a la casa del que una vez fue su amante, Jasper Conran. Allí, durante sus últimos meses de vida, Chatwin fue atendido por su mujer y por Shirley Conran.

Cuando murió el funeral se celebró en Londres el mismo día en que fue anunciada la fatwa contra Salman Rushdie, buen amigo de Chatwin. Paul Theroux, quien también fuera una vez amigo suyo y colega de letras, escribiría sobre la noticia de su muerte criticando a Chatwin por no reconocer que la enfermedad que le mataba era el SIDA. No obstante, el talento literario de Bruce Chatwin ha dejado algunas de las páginas más brillantes de la literatura contemporánea.


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Fotografía de Chatwin fuente Getty images

jueves, 22 de noviembre de 2012

Un encuentro con Werner Herzog


Dentro de la tercera edición del multitudinario evento cinematográfico denominado Festival 4+1, que se celebra del 21 al 25 de noviembre de manera simultánea en cinco diferentes países como Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, Madrid y Rio de Janeiro, tendrá lugar una clase magistral a cargo del gran director de cine y documentales, guionista o productor alemán Werner Herzog.

Werner Herzog, Invitado de Honor de esta tercera edición, estuvo ayer presente en la inauguración del Festival en Rio de Janeiro, donde se proyectó su película ‘The Wild Blue Yonder’ (2005). En Bogotá, desde ayer hasta el sábado 24, la Cinemateca Distrital acogerá el seminario La huella de Werner Herzog en el cine latinoamericano. También ayer, la misma sede en Bogotá proyectó en la sesión inaugural una de las películas más celebradas del director alemán: ‘Nosferatu the Vampyre’ (1978).

Buenos Aires y Ciudad de México proyectaron en sendas sesiones inaugurales dos clásicos restaurados por The Film Foundation: ‘Bonjour tristesse’ (1958), de Otto Preminger, en la Sala Leopoldo Lugones de Buenos Aires, y ‘Born to Be Bad’ (1950), de Nicholas Ray, en la Cineteca Nacional de México. Por su parte, la Academia de Cine de Madrid proyectó ayer, dentro de la sesión inicial del Festival, y unos meses antes de su estreno comercial en salas españolas, la última obra del director austriaco Michael Haneke, ‘Amour’, ganadora de la Palma de Oro en la última edición del Festival de Cannes.

A partir de imágenes, música y extractos de películas, Herzog augura “una agitada sesión de fantasías y emociones, una sesión saturada de vida e ideas, de películas y entusiasmos” en la que repasará sus concepciones sobre el arte, la cultura y el cine, y evocará sus relaciones y amistades con personajes tan señalados como el actor Klaus Kinski, Lotte Eisner, Bruce Chatwin, Ryszard Kapuściński o Mick Jagger; y quizá se aventure a mostrar su primera película, un western recién descubierto. El encuentro con Werner Herzog podrá ser seguido en streaming desde la web del Festival (Fecha: Jueves 22 de noviembre. Lugar: Centro Cultural Banco do Brasil (Rio de Janeiro). Hora: 11:00 h. Duración estimada: 90 minutos).

Los espectadores del Festival 4+1 conocerán así la pasión que siente Herzog por Fred Astaire, el fútbol y la ópera, por qué el cinéma vérité está desprovisto de vérité (o verdad) alguna (“El director debe ser como una avispa que pica, no como una mosca en la pared”), o por qué las escuelas de cine deberían enseñar a forzar cerraduras y falsificar documentos. Herzog demostrará que es mejor escritor que cineasta, comentará y declamará las Geórgicas de Virgilio y realizará una lectura dramática del controvertido catálogo de cincuenta enanos en la Edda poética islandesa, reflexionará sobre los paisajes fantasmales de los cuadros de Altdorfer y Leonardo, ayudará a los asistentes en la algebrización de curvas y espacios impensables, explicará por qué cualquier hombre que se precie debería saber ordeñar una vaca, y por qué las gallinas son tan odiosas. También puede que hable de alguna de las más de cincuenta películas que ha escrito y dirigido, o de sus libros, desde Del caminar sobre el hielo hasta Conquista de lo inútil.

El calendario de actividades del Festival se inició en Madrid con el Encuentro 4+1: Instrucciones para entender el cine de autor (y luego acabar con él), que se celebrará hasta el domingo en los Cines Golem de la capital española durante las mañanas.

Además, está disponible la Sede Online del festival a través de la plataforma española Filmin, que permitirá al público de los cinco países disfrutar de la mayoría de los títulos que componen la Sección Oficial desde sus casas hasta el día 30 de noviembre.


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Página web oficial de Werner Herzog

jueves, 15 de noviembre de 2012

La irrupción de las Redes: ¿“Periodismo ciudadano” o periodistas –también– digitales?


El pasado 14 de noviembre, en el marco de la XII Semana de la Ciencia –la cual convoca un gran número de actividades gratuitas que ponen al alcance del público la ciencia y la tecnología realizada en la Comunidad de Madrid, desde el mundo de las nuevas tecnologías en materiales hasta las últimas investigaciones en robótica, o desde las nuevas políticas energéticas hasta los últimos avances en la astronomía, el transporte, las comunicaciones, las leyes del suelo o la arqueología–, se celebró en la capital, a través de la UDIMA, una conferencia sobre la masiva irrupción de las Redes sociales, el llamado “periodismo ciudadano” o los periodistas –también– digitales de la actualidad, cuyo ponente fue el profesor de dicha universidad, Álvaro de Diego González. El objetivo de estas mesas redondas, conferencias o actividades varias es “alentar el desarrollo de relaciones armoniosas entre ciencia y sociedad, así como contribuir a que los científicos reflexionen de manera crítica y adopten una actitud más receptiva ante las preocupaciones de la sociedad”.

Para que los logros de la ciencia y la tecnología respondan a las necesidades de los ciudadanos y cuenten con su adhesión, es necesario que dispongan de una información verdadera, comprensible y de calidad, así como de un libre acceso a esta cultura científica a través de los medios o empresas de comunicación. Los investigadores, las instituciones, empresas u organismos de investigación y, en particular, las universidades, deben desempeñar plenamente su papel fundamental de información al público. Un mundo de conocimientos de la mano de los mejores expertos. Sin embargo, cualquier persona puede ejercer el periodismo en la actualidad. Prueba de ello es, por ejemplo, la noticia de la muerte de Bin Laden, anticipada por un ciudadano en Twitter. El incremento de las redes sociales y su uso ha crecido de forma exponencial, sobre todo en Israel, seguido de EE UU y Rusia. Un ejemplo de movilización mediante las redes sociales fue la “Primavera árabe” y, posteriormente, el caso de “Wikileaks”. Ha cambiado el paradigma de la comunicación; según el profesor del MIT, Henry Jenkins, la cultura es ahora convergente, es decir, una convergencia mediática, cultura participativa, e inteligencia colectiva.

Por otro lado, las redes sociales y el periodismo digital –ya sea ciudadano o profesional– son la causa de la desaparición de diarios o publicaciones emblemáticas como el semanario Newsweek –lo que ocurrirá a finales de este mismo año–, o también el alemán BILD. Con lo que ello conlleva, como son los despidos masivos o los ERE, como el realizado recientemente en el periódico EL PAÍS, despidiendo a 129 trabajadores de su plantilla. Aparte de la desaparición del periodista como intermediario de la información, lo que antes era una simple fuente en la actualidad se salta al profesional periodista que debe realizar su crónica. Un ejemplo claro de esto es la reciente misión de exploración a Marte, la propia web de la NASA registró 225 millones de entradas, superando así las de cualquier otro medio de información.

Otros inconvenientes, desventajas o contrapartidas que conlleva este tipo de comunicación a través de las redes sociales son la extensión de los rumores, la “infoxicación”, la lesión de los derechos individuales o colectivos, la banalización de la información –véase Wikipedia–, la cultura mosaico, la adicción o el narcisismo. Por tanto, las premisas del buen periodismo serían una propuesta etico-deontológica; una información de calidad; interpretación y análisis y, quizá, ¿contenidos de pago?  


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sábado, 27 de octubre de 2012

En recuerdo de Sylvia Plath



Tal día como hoy, 27 de octubre, nacía en Jamaica Plain, un suburbio de Boston, Sylvia Plath (1932-1962). La escritora de Massachussets que cumpliría ahora ochenta años, y que fuera más conocida como poetisa, aunque escribiera también obras en prosa, como la novela casi autobiográfica titulada ‘La campana de cristal’, obra que publicaría bajo el pseudónimo de Victoria Lucas. 

Procedente de una familia de ascendencia alemana, como poeta ejerció su talento y estilo en el género poético confesional iniciado por los americanos W. D. Snodgrass y Robert Lowell, pues ya desde pequeña mostró tener grandes aptitudes para la poesía, escribiendo sus primeros poemas a la edad de ocho años. Sin embargo, su sensibilidad y psique resultarían dañadas y muy pronto presentaría un grave trastorno bipolar que la llevó a cometer el primer intento de suicidio antes de los diecisiete años.  

Sometida a un intenso tratamiento psiquiátrico, Sylvia Plath se graduaría con honores en 1955 en el prestigioso Smith Collage, obteniendo una beca para la Universidad de Cambridge, donde  continuaría escribiendo poesía y conocería al también poeta Ted Hughes, con quien se casaría en 1956. 

Pero su delicada salud mental, sumada al divorcio de Hughes en 1962, la llevaron a quitarse la vida un año después. Y como ocurre en muchas ocasiones, su obra recibió el reconocimiento debido posteriormente, gracias al impulso recibido por parte de Hughes,  quien se encargaría de promoverla públicamente, pues él mismo supervisó y editó la publicación de sus manuscritos. La malograda Sylvia Plath fue la primera poetisa en recibir post mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra.


Otoño de ranas

El verano envejece, madre fría,
y los insectos son raros y escuálidos.
En este hogar palustre solamente
graznamos, nos ajamos.

Las mañanas se van en somnolencia.
El sol tardíamente nos alumbra
entre cañas sin nervio. Moscas fáltanos.
El helecho se muere.

La helada hasta la araña envuelve.
Cierto que el dios de la abundancia
por aquí anda. Nuestra gente
adelgaza, da pena.


Fotografía de Sylvia Plath con sus padres © Smith College Mortimer Rare Book Room

sábado, 20 de octubre de 2012

‘Los desorientados’ de Amin Maalouf


“Perdemos la memoria de las palabras, pero no la memoria de las emociones”.

En la novela Los desorientados el escritor Amin Maalouf narra la historia de un grupo de amigos, que estaban muy unidos en la universidad en torno a los años 70, y que ya se habían perdido de vista completamente. Estaban en un país de Oriente Próximo que no se nombra en la novela, a causa de los sentimientos complejos que al escritor le inspira todavía, si bien se puede adivinar que podría ser Líbano. Y después cómo los acontecimientos que tienen lugar en dicho país les han dispersado un poco por todo el mundo, pero que más tarde se reencuentran. Uno de ellos está en Brasil, otro en Estados Unidos, otro en los países del Golfo... Están diseminados por el mundo y cada uno de ellos ha seguido caminos muy diferentes: uno de ellos trabaja como empresario, otro es monje, otro profesor de historia, otro es estratega... Y luego están sus historias del pasado, sus amistades, sus amores que se han olvidado un poco, pero que renacen con ocasión de su reencuentro. Todos tienen nostalgia de un periodo de la historia de su país, de su región, que se revela hoy como una edad dorada que todos han perdido. En cierto modo han perdido el oriente, y este, según Maalouf, es un poco el sentido del título del libro.

“Llevo en el nombre a la humanidad naciente, pero pertenezco a una humanidad que se extingue”.

Adam, uno de los protagonistas, es alguien muy cercano a Maalouf sin llegar a ser él pues no tiene su misma historia. Aunque el escritor afirma que su mirada está muy cerca de la mirada de aquel. Ningún personaje representa del todo a ninguno de los conocidos de Amin Maalouf. Todos han sido transformados, todo ha sido modificado, los acontecimientos, los personajes... En la ficción Maalouf ha revisitado todo el conjunto de esa época. La novela es el reflejo de los tiempos de juventud que el autor vivió, pero sin llegar a ser una novela autobiográfica. Según el escritor, sería vano buscar referencias precisas a lugares o fechas.

“Mejor equivocarse en la esperanza que tener razón en la desesperación.”

Amin Maalouf nació en Beirut (Líbano) en 1949, en el seno de una familia árabe católica. Hijo de Ruchdi Maalouf, poeta, pintor y periodista, estudió economía, política y sociología y, como correspondía a la larga tradición familiar, se dedicaría a la profesión del periodismo. Trabajó en su país en el periódico An-nahar como responsable de la sección de Internacional, y ha viajado por países como India, Bangladesh, Etiopía, Somalia, Kenya, Yemen y Argelia, en algunos de ellos como corresponsal de guerra. En Vietnam fue testigo de la guerra en Saigón. En 1975, tras el estallido de la guerra del Líbano y al igual que alguno de sus personajes, Maalouf también se trasladaría a Francia como exiliado. En París, donde vive en la actualidad con su familia desde entonces, ejercería durante algún tiempo como periodista en Jeune Afrique y An-nahar Arabe et International.

Maalouf ha recibido el premio Maison de la Presse por su novela Samarcanda y el Goncourt por La roca de Tanios. Ambas fueron publicadas por Alianza Editorial en 1989 y 1994, respectivamente, junto al resto de su obra: León el Africano (1989), Las cruzadas vistas por los árabes (1989), Los jardines de Luz (1991), El primer siglo después de Beatrice (1993), Las escalas de Levante (1997), Identidades asesinas (1999), El viaje de Baldassare (2000), El amor de lejos (2002) Orígenes (2004) y El desajuste del mundo (2009). En 2010 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras y recientemente ha sido elegido miembro de la Academia Francesa. Y sin duda también será de nuevo candidato al próximo premio Nobel de Literatura.

Con motivo de la reciente publicación de la novela Los desorientados, Casa Árabe y Alianza Editorial presentan un encuentro con el autor, que tendrá lugar el lunes 22 de octubre en el Auditorio de Casa Árabe en Madrid.


jueves, 11 de octubre de 2012

Roger Casement en Iberoamérica



La Embajada de Irlanda, la Casa de América y la Secretaría General Iberoamericana presentaron ayer en Madrid la exposición Roger Casement en Iberoamérica: El caucho, la Amazonía y el mundo atlántico. En dicho acto, que ha sido el preámbulo de la interesante muestra fotográfica que se podrá visitar desde hoy 11 de octubre al 18 de noviembre, participaron Enrique V. Iglesias, Secretario General Iberoamericano (SEGIB); Justin Harman, Embajador de Irlanda; Angus Mitchell, comisario de la exposición; Tomás Poveda, Director de Casa de América; Juan Cruz, periodista y escritor; y, por supuesto, el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, quien disertó acerca de la figura del poeta y patriota irlandés e importante defensor de los derechos humanos y de los pueblos indígenas Roger Casement, protagonista de su última y exitosa novela, ‘El sueño del celta’, al que Joseph Conrad comparó con Bartolomé de las Casas, el fraile e historiador que fue todo un símbolo de la lucha por la justicia y los derechos de los amerindios.

Mediante una impactante serie de fotografías y documentos, el público podrá observar lo que fue parte de la vida de Roger Casement y su época, un hombre para muchos desconocido hasta la publicación de la novela de Vargas Llosa. Pero también contemplar el atroz mundo del que Casement fue testigo y lo que denunció de un modo incansable en sus escritos y testimonios, como fueron los abusos del sistema colonial en el Congo y Perú. La exposición quiere dejar constancia de lo que observara y denunciara Casement, por momentos de manera indignada y rabiosa, como un valioso compendio a veces a modo de apunte etnográfico o antropológico. Las instantáneas muestran en profundidad un mundo complejo y en muchas ocasiones injusto.

En 1906 Casement fue enviado a Santos, en Brasil, donde desarrolló un trabajo similar al que había realizado en el Congo. Allí fue comisionado por el Foreign Office para establecer la verdad de las denuncias contra la compañía cauchera Peruvian Amazon Company, de capital británico pero cuyo presidente era el peruano Julio César Arana, quien diera su nombre para que fuera conocida como Casa Arana. Casement reportó las atrocidades cometidas por la compañía contra los indígenas de la región del Putumayo en un documento conocido como The Putumayo Black Book y llevó un diario de esa época, que fue publicado póstumamente, mostrando los estragos y las masacres allí perpetradas.

Sin embargo, en 1916, tras estallar la Primera Guerra Mundial, Casement intentó asegurarse la ayuda alemana para la causa de la independencia irlandesa. Fue arrestado y acusado de traición, sabotaje y espionaje contra la Corona británica, además de ser exhibido públicamente por la prensa como homosexual promiscuo y pederasta. Condenado a muerte, fue ahorcado en la prisión de Pentonville, en Londres, el 3 de agosto de ese mismo año, a pesar de las peticiones de clemencia de, entre otros, Arthur Conan Doyle, William Butler Yeats y George Bernard Shaw.


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Fotografía de Roger Casement en el Putumayo

jueves, 27 de septiembre de 2012

En la efeméride de Maurice Blanchot



Transcurrió poco más de una semana después de aquella tarde en San Lorenzo de El Escorial cuando, finalmente, se cumplió el que era mi deseo, había vuelto de nuevo a París y cambiado la mesa del entrañable café del Hotel Miranda & Suizo por la de un mítico café de la historia de esta ciudad, cumpliéndose así también lo que presagiaba con su adagio Irwin Shaw: “empiezas en una mesa de café porque todo, en París, empieza en una mesa de café”. Habían pasado apenas unos días de una coincidencia premonitoria y ya me encontraba confortablemente sentado bajo las dos estatuillas chinas en el interior del, en otro tiempo café literario, Les Deux Magots, situado en el 6 Place Saint-Germain-des-Prés, frente a la iglesia homónima, la más antigua de París que aún conserva vestigios románicos, y donde reposan los restos de Descartes, entre otros. La veo en esta tarde otoñal de este 27 de septiembre, aniversario del nacimiento de Maurice Blanchot, a través de la cristalera en la que hasta hace algunos años –pues ya han sido sustituidas– figuraba grabada una cita de Guy de Maupassant, ligeramente a mi izquierda, mientras que, frente a mí, es decir, en los dos ventanales que dan al Boulevard Saint-Germain, se podían leer las de Gustave Flaubert y Víctor Hugo; más a la derecha, igualmente sobre otro cristal, se podía observar un texto de Simone de Beauvoir y, justo detrás de mí, otro de Marcel Proust de Le temps retrouvé que literalmente traduzco, pues en su día lo quise anotar en mi Moleskine y aún lo conservo: «Lo que un aroma inhalado en otros tiempos evoca hoy día es bien otra cosa que un pasado traumático y lejano; ese olor libera “La esencia permanente y habitualmente escondida de las cosas”». Maurice Blanchot, del que se dijo que “fue enfermizo y agónico y nunca supimos si estaba vivo o muerto”, escribiría, entre otras, la obra de ensayo titulada La part du feu (La parte del fuego). Una interesante reflexión alrededor de la creación literaria. Intentando responder a la pregunta ¿qué es la literatura?

Sentado ahora aquí, donde quizá sin duda lo estuvo también alguna vez el escritor francés Jean Cocteau, quien dijera de Proust que estaba fuera de toda duda que percibió el tiempo verdadero, yo también percibo el tiempo que para mí es verdadero, hasta el punto que seguiría en este lugar, de esta forma, si este instante fuera eterno –“hay momentos en que el tiempo se para de pronto para dejar paso a la eternidad”, afirmaba Dostoyevski–. Percibo la música en un segundo plano, como un susurro –aunque no distingo muy bien lo que escucho pues solo a veces oigo un acordeón que, como a Proust su magdalena, a mí me recordaba a Daniel y al café del Miranda & Suizo–, solo cuando también cede el moderado estrépito causado por el entrechocar de tazas y platos y el tintineo de cucharillas procedente de la barra que está a mi espalda, y disminuye el murmullo de la clientela que, en el exterior, en la concurrida terraza, conversa animadamente entre los ecos de bocinas de los automóviles que circulan por el bulevar y el tránsito diario de viandantes. Una terraza que casi se prolongaría hasta unirse con la del vecino y legendario Café de Flore de no ser porque, entremedias, apenas a unos metros, se encuentra la Rue Saint-Benoît –calle en la que vivió, en el número cinco, la galardonada en 1984 con el premio Goncourt, Marguerite Duras– conformando, junto con la Braserie Lipp, situada justo enfrente, el otrora triángulo de oro de las letras. Sería Marguerite Duras, en 1982, quien publicara un texto en Les éditions de Minuit del que Maurice Blanchot dijo que era “en sí mismo insuficiente, lo que quiere decir perfecto, lo que quiere decir sin salida”. El texto en cuestión se trataba de la obra La maladie de la mort (El mal de la muerte).

Estos breves instantes de “percepción del tiempo verdadero”, de entrega a la reflexión observando a mi alrededor para realizar detalladas anotaciones en mi libreta Moleskine a modo de diario, habían sido provocados por un íntimo impulso literario, debido al recuerdo del natalicio de Maurice Blanchot, autor también de L'Arrêt de mort (La sentencia de muerte), pero al mismo tiempo constatando que no era posible, como decía el intelectual, novelista y crítico literario francés –en cuyos ensayos y narraciones estaban siempre presentes el vacío, la soledad y el fin de la vida–, “entregarse a la fascinación de la ausencia del tiempo” –ese tiempo no verdadero–. Este tiempo que, como el fluir de las aguas cercanas del Sena, pasaba lento pero inexorable.



Fotografía ‘Les Deux Magots’ © Fernando Torres

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Arranca la VII edición del Hay Festival



El pasado 6 de septiembre el escritor y columnista de EL PAÍS, Juan José Millás, inauguraba la séptima edición española de esta internacional y multitudinaria rendez-vous literaria.

Como ya se ha dicho en algunos medios, haciéndose eco del mensaje proclamado al público asistente a la rueda de prensa celebrada el pasado jueves en Segovia, el Hay Festival llega este año a la ciudad castellana para ganar en la lucha contra la “desilusión y el desencanto”. Y lo llevará a cabo a través de 67 eventos en los que participarán más de doscientos escritores, intelectuales, artistas y músicos, junto a diferentes patrocinadores y colaboradores. Para ello, según manifestó la directora del Hay Festival para Europa, María Sheila Cremaschi, esa batalla se librará con las armas de “la pasión, la imaginación y la amistad”. Con esa disposición de ánimo esta cita con la literatura y las artes cumple su 25 aniversario desde que se creara el Hay on Wye, en Gales, siendo éste el séptimo año consecutivo en la capital segoviana.

Entre los numerosos autores que en esta ocasión conforman la lista del festival, uno de los quince que se desarrollan al año en cinco continentes, contaremos con la presencia de Jon Lee Anderson, Matilde Asensi, Antony Beevor, María Dueñas, Ian Gibson, Philippa Gregory, Revel Guest, Thomas Heatherwick, Arianna Huffington, Elvira Lindo, Gerard Mortier, Javier Moro, Antonio Muñoz Molina o Julia Navarro.

Uno de los eventos, tras la presentación y la sesión prólogo protagonizada por el escritor Juan José Millás y sus ‘Articuentos’, será el llamado “Voces libres”, que se celebrará el 22 de septiembre próximo. En dicho encuentro, que se convoca en la antigua iglesia del que fuera convento de Santa Cruz, conversarán sobre un mundo globalizado el experto indio en relaciones internacionales Raja Mohan, el director de El País, Javier Moreno y el jurista Antonio Garrigues Walker.

Por otro lado, el programa de exposiciones de artes visuales, que se inaugura también el sábado, lleva por título “Satyajit Ray: meditaciones sobre India”. La muestra está dedicada al director de cine indio Satyajit Ray (1921-1992), considerado uno de los grandes artistas del Bollywood del siglo XX. La exposición reúne todo tipo de objetos y obras de diversa índole artística tales como bocetos de sus guiones, carteles diseñados por él, música, o fotografías suyas y de sus películas, realizadas por los fotógrafos Tarapada Banerjee, Marc Riboud o Hirak Sen.



Más información

Programación del Hay Festival Segovia


Fotografía del festival © Fernando Torres

viernes, 31 de agosto de 2012

William Faulkner, historias de Yoknapatawpha



Hace algunas semanas se cumplía el 50 aniversario de la muerte del escritor norteamericano William Faulkner (1897-1962). Faulkner fue decisivo para la generación de creadores latinoamericanos que constituirían el realismo mágico, entre los que se encuentran Gabriel García Márquez y Juan Rulfo.

Nacido en el seno de una aristocrática familia venida a menos, Faulkner está considerado el gran cronista de las vicisitudes y acontecimientos sociales de los estados del Sur después de la guerra de Secesión, siendo desde su Nobel considerado uno de los maestros indiscutibles de la narrativa estadounidense. Se alistó en las fuerzas aéreas canadienses; estudió un año en la universidad de Mississippi y desempeñó trabajos diversos. Más tarde se trasladaría a Nueva Orleans, donde conocería a T. S. Eliot y James Joyce, entrando también en contacto con el escritor Sherwood Anderson, cuyo realismo psicológico y sociológico le influyó notablemente.

Con Anderson en las tardes acostumbraba a pasear por la ciudad y charlar amigablemente con las gentes que encontraban a su paso. Durante las noches ambos volvían a reunirse y bebían juntos mientras Anderson hablaba y Faulkner escuchaba atentamente. Nunca se veían antes del mediodía, Anderson permanecía encerrado en su alojamiento, escribiendo. Faulkner había decidido que si esa era la vida de un escritor, él haría otro tanto, y así comenzaría a escribir su primer libro. Había descubierto que la ocupación de escritor era muy sugestiva, hasta el punto de olvidarse de ver a Anderson durante varias semanas. Al cabo de los días, Anderson iría a visitarle pensando que estaría enfadado con él por algún motivo. Llamó a la puerta de la casa de Faulkner y éste le contestó que lo que ocurría es que estaba ocupado escribiendo un libro. Anderson exclamó: ¡Dios mío!, y se fue de allí rápidamente. Cuando Faulkner terminó su primer manuscrito, ‘La paga de los soldados’, se encontró en la calle con la señora Anderson, quien le preguntó por su libro. A lo que Faulkner respondió que ya lo había terminado. Entonces la señora Anderson le dijo que su marido estaba dispuesto a hacer un trato con él: si no le pedía que leyera el original, Anderson le recomendaría a su editor para que editara el libro. Naturalmente, Faulkner contestó: “trato hecho”. Y así fue como se haría escritor.

Después de ‘El fauno de mármol’ (1925) abandonó la poesía y escribió un gran número de excelentes relatos, en los que profundizó sobre su propia situación y retrató la vida dramática y violenta de los estados sureños. En la obra de Faulkner se encuentran muchos de los elementos de la tradición estadounidense, como el simbolismo y el naturalismo típicos de Herman Melville y Nathaniel Hawthorne, y el humor y esa atmósfera gótica de E. A. Poe. Empleó innovaciones narrativas como el múltiple punto de vista, el monólogo interior y la fusión de tiempo pasado y presente. Su estilo es críptico, caracterizado por frases de gran extensión, en las que los detalles importantes están entremezclados con una gran cantidad de información, lo que exige un gran esfuerzo por parte del lector. El tono de sus novelas es sombrío, pero su prosa está cargada de un extraordinario y poético lirismo. Sus temas principales son el conflicto entre el bien y el mal y el fracaso de intentar retener el esplendor de tiempos pasados. Casi todos sus personajes tienen dificultades para aceptarse a sí mismos y construir su propio futuro. Situando la mayor parte de sus novelas en un lugar imaginario llamado Yoknapatawpha. Entre sus obras destacan Sartoris (1929), El ruido y la furia (1929), Mientras agonizo (1930), Santuario (1930), y otras muchas. Faulkner fue galardonado con dos Premios Pulitzer y el Premio Nobel de Literatura en 1950.



Fotografía de William Faulkner en 1962 © Carl Mydans/Time Life Pictures/Getty Images

miércoles, 22 de agosto de 2012

Kirchner, una pincelada expresionista



El pintor Ernst Ludwig Kirchner (1880-1938) fue un claro exponente del expresionismo alemán y uno de los cuatro estudiantes de la Escuela Técnica Superior de Dresde que fundaron en Alemania, en 1905, el célebre grupo expresionista Die Brücke, los otros tres restantes fueron Bleyl, Heckel y Schmidt-Rottluff; al igual que destacarían en Austria (Viena) los también expresionistas Klimt, Kokoschka y Schiele. Pero previamente, en 1901, Kirchner había ido a estudiar arquitectura a Dresde, y en 1903 se mudaría a Munich a estudiar pintura en la escuela de Bellas Artes. El grupo Die Brücke pretendía y mostraba un estilo de volúmenes planos y colores puros inspirados en el arte primitivo y el fauvismo francés.

Kirchner continuó viviendo en Dresde hasta 1911. Después se trasladaría a Berlín, y allí supo reflejar el movimiento y la agitación de una gran urbe moderna. El pintor se interesó por el mundo de la prostitución callejera, y un ejemplo claro es ‘Prostituta en rojo’, que se halla en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. En 1914 Kirchner fue reclutado con motivo del estallido de la Primera Guerra Mundial, y sufre por ello una grave crisis nerviosa. De regreso de la guerra, en 1915, su estado no había mejorado y su salud mental se resintió más aún tras sufrir un atropello, por lo que decidió irse a Davos en busca de tranquilidad. Allí siguió pintando sobre todo paisajes naturales más apacibles que las imágenes de sus obras anteriores, aunque también menos valorados por los críticos de la época. No obstante, sus pinturas reflejaban su fragilidad mental, las cuales se caracterizan por una patente agresividad, perceptible en los ojos humanos y en las formas, las pinceladas y las combinaciones de colores. En cada una de sus obras se pueden entrever unos sentimientos negativos que emanan de los cuadros, revelando interiores agobiantes y estrechos que propician la  sensación de soledad del ser humano.

Ya en 1937, en pleno apogeo nazi, su arte fue calificado de degenerado y se destruyeron muchas de sus obras. Esto último acabó definitivamente con su delicada salud emocional y, empeorando más si cabía a causa de ello, decidió suicidarse en la población de Frauenkirch, cercana a Davos, en 1938. En la actualidad, el museo Kirchner de Davos alberga la mayor colección mundial de su obra.

Con motivo de la exposición que en estos días, y hasta el 2 de septiembre, se muestra en la Fundación MAPFRE de Madrid, se ha editado un catálogo sobre la obra de Ernst Ludwig Kirchner con textos a cargo de la comisaria de la exposición, Karin Schick (Directora del Kirchner Museum Davos), de Javier Arnaldo (Profesor Titular de Historia del Arte Contemporáneo de la UCM) y de Wolfgang Henze (Conservador del Archivo Ernst Ludwig Kirchner). El catálogo va acompañado de una biografía y una selección bibliográfica, elaboradas por Karin Schick, así como de tres escritos del propio Kirchner, publicados bajo el seudónimo Louis de Marsalle. Al igual que la exposición, el catálogo despliega una visión integral del artista y por ello puede ser considerado una referencia imprescindible en español sobre su obra.


Más información

Ernst Ludwig Kirchner/Fundación Mapfre

sábado, 4 de agosto de 2012

‘Sincronías del destino’, un amour fou


“La casualidad guía siempre mis primeros pasos en una ciudad”. Walter Benjamin.

Un escritor que intenta hacer lo propio se lanza a una surrealista búsqueda del tiempo perdido a la vez que, desde entonces, el azar más recurrente y los sentimientos del escritor se van concitando en una ciudad tan literaria como es París. Como resultado el reencuentro con un amor abruptamente interrumpido por la sombra de algo que a todos nos podría amenazar si no lo contemplásemos con optimismo.

La novela quiere ser un homenaje a la Ciudad Luz, que ha visto, a lo largo de su historia y en su devenir, las luces y sombras de un gran número de literatos y letraheridos abocados a una tarea encomiable: las obras de sus vidas. Vidas que, en sí mismas, son grandes e inmortales novelas escritas con las mil voces y avatares del destino.

Una sucesión de coincidencias urdidas por el insondable azar constituyen la trama que lleva al autor de la novela a emprender una surrealista búsqueda, para finalmente reencontrarse con un antiguo amour fou. La poesía de Poe titulada ‘A Helena’ forma parte de una de esas asombrosas sincronías que ponen sobre la pista siempre inescrutable del destino al escritor protagonista de la narración.

La obra también quiere hacer una reflexión sobre la enfermedad y la muerte, que se materializa en la dolencia de Helena, la protagonista femenina. Una pintora española y su misterioso affaire con un extraño bouquiniste de los muelles del Sena componen el relato del trío; amén de otras curiosidades y hechos que, descritos en primera persona, a medida que fueron sucediendo irían fielmente pasando a engrosar las páginas del libro.

Además de ser una novela que narra la historia real de un amor loco, ‘Sincronías del destino’ es una “guía” cultural del París literario; una Moleskine con retazos de su faceta histórica, política, artística…, e insólita también. Personajes y lugares que aún existen o que inesperadamente acaban de desaparecer desfilan por ella. Algunos se han desvanecido como en un sueño al despertar. Tal es el caso real del Bar-Tabac des Templiers, situado en la parisina Rue de Rivoli, derribado poco después de escribir la novela y donde se reunían un grupo de acólitos realistas a favor de la monarquía en Francia.


Je voudrais mourir avant toi
Au silence d'un matin froid
Toi ma sœur, mon amour, mon enfant
Toi mon jour
Couché au creux de tes doigts

H. Aufray


domingo, 22 de julio de 2012

El arte del visionario William Blake



Caixaforum Madrid expone una magnífica compilación de obras del poeta, grabador, pintor e iluminador de libros inglés William Blake.

“Quien no ve a una luz más clara y mejor que la
de nuestros ojos corruptibles, ése no ve nada”.
William Blake

El poeta y artista romántico William Blake (Londres 1757-1827), más célebre por sus manuscritos iluminados como por ejemplo ‘El matrimonio del cielo y el infierno’, de 1793, rompió moldes en su tiempo con su ojo místico y visionario, pero también con sus textos, siendo una de las figuras más importantes de la cultura británica en la historia. Blake tuvo una gran influencia en los prerrafaelistas del siglo XIX, en los simbolistas victorianos y después de la modernidad representada por André Gide, André Breton y los surrealistas del siglo XX. A lo largo de toda su carrera sostuvo que el arte era imaginativo y profético y que no debía verse limitado por ningún canon académico, social ni religioso.

Otros quizá lo ubiquen o recuerden más por ser el autor de la reproducción, en forma de tatuaje, de uno de sus fabulosos y enigmáticos dibujos inspirados sobre todo por la cultura gótica y el arte de Miguel Ángel: ‘El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol’, que muestra en su espalda el atormentado protagonista de la película ‘El Dragón Rojo’, papel interpretado por el actor Ralph Fiennes.

Formada por más de un centenar de obras del propio Blake procedentes de la Tate Britain de Londres, bien sean de tipo mitológico, fantásticas o delirios representando temas políticos, sociales o religiosos, y las de otros destacados artistas ingleses influenciados por la obra legada, la exposición es la primera muestra centrada en la personal visión de este notable artista que se organiza en España desde 1996. Su legado es sobre todo el resultado de las visiones que acompañaron a Blake a lo largo de toda su vida y que le sirvieron de constante fuente de inspiración. A partir de estas, el artista creó un imaginario único que traslada al visitante a un reino mítico donde las fuerzas del bien y del mal se enfrentan entre sí en un conflicto eterno. La singular exposición que, según el propio Blake, revela un proceso pictórico de “proporciones de eternidad demasiado grandes para el ojo del hombre”, no obstante podrá visitarse hasta el 21 de octubre en las salas del Caixaforum Madrid.

Enlace de interés

William Blake, “The Sick Rose”

martes, 10 de julio de 2012

El destino sale al encuentro


Cuento de verano

La pequeña librería, que abría hasta medianoche, bullía a esas horas nocturnas debido a la gran afluencia de algunos jóvenes estudiantes británicos y al escaso y curioso público en general que en ese inusual horario acudía al establecimiento para escudriñar los estantes en busca de algún ejemplar de su gusto. Fuera, junto al escaparate y los cajones de libros de ocasión o de menor valía, vagaba un clochard que se había acercado al lugar desviándose de su camino en su deambular errático atraído por el eco de los sones de una guitarra tañida alegremente por un joven inglés. En verano es frecuente ver cómo se arremolina la gente en el exterior de la librería con motivo de algún recital de poesía de los que de forma habitual se celebran un tanto improvisadamente. Sin embargo, en su lugar, esa noche se formaba un corrillo en torno al espontáneo concertista callejero. En el interior, ajeno a los acordes que rasgueaba en su guitarra el joven músico, un hombre examinaba un libro editado en francés de un prolífico escritor y célebre tarólogo, al tiempo que miraba en derredor en busca de Myriam, la guapa inglesa que por entonces trabajaba como vendedora en la librería; al momento, tras cruzarse las miradas, la joven, solícita, acudió en ayuda del posible comprador. Aquel hombre era un turista español al que Myriam reconoció de haberle visto en la tienda en alguna visita anterior. Hablaron unos instantes acerca del autor de la obra que él tenía entre sus manos, pues estaba muy interesado en un libro que ese afamado escritor había publicado sobre la práctica del Tarot. Myriam conocía perfectamente al escritor en cuestión y con mucho gusto le asesoró amablemente en lo relacionado a él, lamentando no tener ninguna otra obra suya en aquel momento, por lo que en compensación de ello le facilitó una valiosa información que quizá sería aún mejor que el propio libro. El escritor, versado en la interpretación del Tarot, convocaba una tertulia en París todos lo miércoles por la tarde en una cervecería de la Avenue Daumesnil, muy próxima a la Gare du Lyon, para celebrar allí una especie de cabaret con la participación del selecto público asistente. La lectura de las cartas del Tarot había sido desde hacía siglos una de las prácticas más empleada por lo eficaz que resultaba a la hora de predecir el futuro, pero sus arcanos, repletos de símbolos ocultos para el profano, precisaban ser interpretados de manera apropiada por un experto nigromante que, valiéndose de su vasto conocimiento, obtuviera de los naipes todo su valor esclarecedoramente profético; y ese reputado tarólogo era quien desempeñaba esa esotérica labor en aquel rincón de París, quizá sucediendo así, en cierta manera, a uno de los creadores de ese tipo de baraja, el enigmático escritor, poeta y estudiante de magia Aleister Crowley quien, iniciado en la sociedad rosacruz de la Orden Hermética de la Aurora Dorada, diera un nuevo impulso al uso popular del Tarot a principios del siglo XX. Pero al curioso visitante no le estimulaban los aspectos esotéricos del Tarot ni todo ese extraño mundo que lo circundaba, tampoco los videntes y su charlatanería; lo que en realidad le motivaba a profundizar más en la cartomancia era saber por sí mismo hasta qué punto era posible, con ese antiguo método denostado por muchos, predecir el futuro en tanto en cuanto ese porvenir fuera una incógnita que ni siquiera la ciencia y los médicos que le trataban se atrevían a despejar. No obstante, también sabía que sería un riesgo indudable el que correría si se asomaba a esa ventana desde la que poder ver el futuro, sobre todo por lo que pudiera averiguar de inevitablemente malo o grave para su persona, máxime si se trataba de su propia muerte. Pero por el momento, su futuro más inmediato, a priori no parecía depararle ninguna sorpresa o acontecimiento extraordinario, al menos que él pudiera presuponer, salvo el cambio de rutina que implicaba tomar su avión el domingo por la tarde para volar con destino a Madrid y allí recibir el tratamiento médico que con antelación se le había prescrito, pues los días habían pasado muy deprisa y de nuevo debía volver a España para continuar con sus revisiones médicas. Esto, naturalmente, le producía intranquilidad y estaba claro que ese desasosiego le quitaría el sueño esta noche, puesto que desde hacía algunas horas no lograba pensar en otra cosa. El mecanismo de su mente que hasta hoy había posibilitado que se mantuviera distraído de esa inquietud en la medida de lo posible ocupado en su trabajo como pintor de acuarelas, le había puesto de nuevo en estado de alerta provocando en él la lógica preocupación al ver cómo otra vez llegaba la hora de hacer frente a la luctuosa enfermedad. En esos ingratos pensamientos andaba envuelto, generados sobre todo por esa incertidumbre en la que se veía sumido debido a su precario estado de salud cuando, después de abandonar la librería y de realizar unas compras en el Boulevard Saint-Michel, de regreso ya al hotel, había enfilado, tomándola como atajo, la Rue du Chat qui pêche, una de las calles peatonales más cortas y angostas de París, si no la que más, pues mide escasamente veinte metros de largo y aproximadamente uno cincuenta de ancho. Tanto es así que, al cruzarse con un hombre que transitaba por ella en dirección contraria, tropezaron. Aquel hombre desaliñado contra el que golpeó su hombro en el tropiezo era el clochard que de nuevo vagaba distraídamente por el barrio. En el choque de cuerpos éste había dejado caer algo al suelo. Para su sorpresa lo que reposaba en el pavimento resultó ser un simbólico naipe: ¡el arcano XIII del tarot de Marsella! Sin salir del todo de su asombro decidió pensar, como lo había hecho siempre, que no arredrarse y tener en la vida una firme determinación era la mejor fórmula para escribir nuestro propio destino, salvo el del infausto momento de nuestra muerte, pues es muy posible que ése ya esté escrito en alguna parte, luego para qué preocuparse antes de tiempo por algo que a la sazón indefectiblemente es inevitable que llegue un día u otro.

miércoles, 27 de junio de 2012

La Provenza, un verano a la francesa



Inmersos de pleno en la estación estival, y estando ya cerca las fechas vacacionales, la región francesa de La Provenza se presenta como un destino bello y singular a tener muy en cuenta antes de preparar un viaje y hacer las maletas.

Durante este mes de junio los evocadores y sempiternos prados de lavanda se tornan de ese color malva tan característico del paisaje provenzal. Esa colorista panorámica de un mar malva se podría resumir en los campos de la abadía cisterciense de Sénanque, en la población de Gordes. Pero, además, el viajero igualmente podrá admirar vestigios romanos asombrosamente conservados en Arles, Nimes, Orange y Vaison-La-Romaine; pueblos medievales o residencias papales en Aigues-Mortes y Avignon; importantes capitales turísticas como Monpellier y Marsella, futura Capital Europea de la Cultura; playas paradisíacas como las de Antibes, Cagnes-sur-mer, Villefranche-sur-mer, Saint-Jean-Cap-Ferrat, Niza, Mónaco, Montecarlo, Saint Tropez o Saint-Raphaël; magníficos parques naturales y reservas del medioambiente como Les Cévennes, la Camargue o la Costa Azul; e islas de novela como If, la isla de Montecristo, Lerins, Frioul o Porquerolles. Música popular, tradiciones milenarias, museos, gastronomia, vinos, artesanía, deportes acuáticos, rutas de senderismo, o bicicleta, con la que llevar a cabo la ascensión a la cumbre del Mont Ventoux, conocido como el “Gigante de La Provenza”, una de las subidas más duras del Tour de Francia. Y todo ello a cinco horas por carretera de Barcelona, y a tres horas en tren de París.

Después de tantas actividades de ocio, turísticas o deportivas, el cuerpo reclama su merecido descanso y restauración. Para ello, un hospedaje a visitar emulando a Picasso, Miró, Braque, Chagall o Calder entre otros maestros, algunos de los cuales pagaron su estancia con sus propias obras, es ‘La Colombe d´Or’, en la localidad de Saint-Paul de Vence. Villa en la que se instaló, en 1940, el poeta Jacques Prévert, tras alojarse en la por entonces posada, siendo desde aquello buen amigo de su fundador, Paul Roux; un establecimiento con más de noventa años de historia.

Otro lugar exclusivo es el Oustau Bauma Nière, situado en Les Baux de Provence, cuyos coloridos jardines inspiraron a los pintores Van Gogh o Cézanne, y al que acuden diversos personajes de la cultura internacional. Si bien para otro tipo de clientela de lujo igualmente está ‘La Pauline’, un Bed and Breakfast digno de toda una emperatriz. Una mansión del siglo XVIII rodeada de jardines construida para Pauline, la hermana de Napoleón, que está ubicada en la bonita comuna francesa de Aix en Provence, antigua capital de toda la región histórica de Provenza, otrora poblada por fenicios, griegos, galos, visigodos, romanos, burgundíos, ostrogodos y tolosanos.

Y tampoco hay que olvidar que estamos en tierras de viñedos, en un país donde el cultivo y la elaboración del fruto de la vid se elevan a categoría de arte y suponen la quintaesencia del pueblo francés. Las cotizadas mesas del Bistrot d´Eygalière Chez Bru, abierto sólo durante la época estival, se han de reservar con bastante antelación. El lugar posee dos estrellas Michelin y se encuentra en la población de Eygalières, junto al hermoso Parque Natural Regional de los Alpilles.


Fotografía ‘Lavande’ © Jean Paul Teppe

miércoles, 13 de junio de 2012

Concurso “Antropología en corto”


Como refiere el etnólogo británico R. Marett (1866-1943), exponente de la escuela evolucionista inglesa, que estudiara de forma exhaustiva las religiones llegando a ser él mismo rector del Exeter College de Oxford, “mana” es una palabra que deriva de los lenguajes de Melanesia, donde el concepto cobra un poderoso y claro sentido en la vida de los nativos. Es una fuerza, pero no una fuerza vitalista, existe como don sobrenatural de las personas y las cosas para realizar, mediante un poder excepcional, algo inhabitual. Los sabios indios destacan en conocimientos porque tienen mana. El mejor curandero, el mejor navegante, el guerrero valeroso, capaz de hazañas increíbles, sobresalen pues poseen esta cualidad. Pero también una piedra de extraña forma o de un color particular puede ser tenida por poseedora de fuerzas milagrosas, o ser el talismán que trae la buena suerte. Todos ellos tienen mana y también el “shaman” de la Siberia aborigen, el “angakok” esquimal, el “hombre medicina” de las praderas de Norteamérica o el “médico brujo” de África y Melanesia.

Sirva este breve preámbulo como contexto ancestral en el que sentar las bases para una aproximación al animismo en el estudio de la Antropología Social y Cultural, y los ritos o rituales llevados a cabo por el ser humano en cualquier sociedad, cultura o grupo étnico del orbe que a ella le competen en ese universo que constituye el mundo cognoscitivo del chamán, allá donde éste se encuentre, aunque los lugares sean muchos y dispares,  pues la esencia del hombre es y será siempre la misma. 

A finales del año pasado se promovió una interesante iniciativa al respecto, pues fue cuando desde el Museo Nacional de Antropología se invitó al público en general a que enviaran cortometrajes que tuvieran como tema central los “ritos y rituales”, intentando reflejar con ello la importancia que han tenido y tienen ciertas ceremonias mágico-religiosas para el hombre y su cosmovisión.

Aunque el jurado del museo ha elegido a un solo ganador del concurso, también ha valorado el entusiasmo y el esfuerzo del resto de participantes, así como la calidad técnica y los contenidos antropológicos de sus trabajos, seleccionando junto al ganador otros documentales, que serán proyectados el próximo día 14 de junio en el Salón de Actos del Museo.


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Bibliografía

‘El Sendero del Chamán’. Fernando Torres


Fotografía chamán peruano fuente ‘Encuentro de chamanes’

domingo, 3 de junio de 2012

Simposio sobre el pintor Edward Hopper


Nacido en 1882 en el seno de una familia burguesa y culta residente en Nyack, una pequeña ciudad a orillas del río Hudson, Edward Hopper cursó estudios de arte aplicado al campo de la publicidad, para seguidamente, en 1900, matricularse en la New York School of Arts. En esta escuela coincidiría con otros pintores que más tarde fueron protagonistas de la vanguardia artística estadounidense de principios de los años cincuenta, como fueron George Bellows, Rockwell Kent, Guy Pène du Bois y Eugene Speicher.

Tras obtener su titulación académica, Hopper consiguió su primer empleo trabajando como ilustrador publicitario. Sin embargo, y tras sus viajes a la Europa en la que se consolidaban el fauvismo, el cubismo y el arte abstracto (París en 1906, Londres, Berlín y Bruselas en 1907, o de nuevo París en 1909), el pintor se siente más atraído por Degas, Manet, Pissarro, Monet, Sisley, Courbet, Daumier o Toulouse-Lautrec, siendo sobre todo un original autor de paisajes naturales y espacios urbanos con un estilo personal e inconfundible en los que la figura humana aparece por lo general en un contexto de soledad y melancolía.

El éxito alcanzado con una exposición de acuarelas en 1923, y otra de lienzos un año después, consagran a Hopper como el autor de referencia para otros colegas realistas que pintaban escenas estadounidenses.

Testigo consciente de la Gran Depresión de 1929, el crack de la primera gran crisis del capitalismo que en la época dejaría en la calle a millones de trabajadores y una oleada de suicidios, sus personajes destilan esa tristeza y desesperanza que tanto ha caracterizado su pintura desde que su vocación pictórica evolucionase hacia un marcado realismo, resultante de la unión de su visión figurativa y el sentimiento poético que el pintor percibe en las personas y objetos retratados.

El próximo 12 de junio el Museo Thyssen-Bornemisza presentará la mayor exposición en Europa dedicada al artista norteamericano más representativo del siglo XX. Así como un interesante simposio en el que habrá conferencias, mesas redondas y proyecciones de documentales y películas, que tendrá lugar del 19 al 22 de junio en el Salón de Actos del Museo.


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lunes, 14 de mayo de 2012

Alejandro Calderón, poeta en París


Era ya noche cerrada y fresca en París. Una de esas noches en las que se diría que el invierno, por la destemplanza, quería dar un último coletazo entre tormentas y chaparrones primaverales. Fue la noche previa a la jornada de reflexión ante las elecciones francesas que se celebraron el pasado domingo día 6 de mayo, y que finalmente contaran con el triunfo de monsieur Hollande. Mi amigo, el poeta Alejandro Calderón, me acompañaba en esta ocasión en una pequeña plaza con parque junto a la Sorbonne, París III. Allí degustamos un afrutado merlot mientras charlábamos de todo un poco, de lo humano y de lo divino, pero sobre todo de la desgraciada muerte acaecida a Greg, un joven amigo californiano al que yo también conocía de un corto viaje anterior; pintor bohemio, que hacía algunos recados aquí y allá, vecino del barrio, del Hotel Esmeralda y la Shakespeare & Co, que encontraron muerto en su casa, tendido en el frío suelo a causa de una cirrosis fulminante. Los tratos desmedidos con el alcohol traen a veces estos fatales desenlaces. Poco tiempo después, según me dijo Alejandro, sin grandes ceremonias él y algunas pocas personas más esparcieron sus cenizas mortales en Père Lachaise. En París continuaba la vida.

Sin embargo, esa misma noche, llegado el momento y dejando a un lado las malas noticias, Alejandro me sorprendía gratamente sacando del bolsillo de su chaqueta –como el mago de su chistera– unos papeles que resultaron ser unos magníficos poemas suyos inspirados en sus últimos viajes a Roma y Florencia. Pertenecientes a una nueva compilación presentada tiempo atrás en París con la asistencia del también poeta peruano Américo Ferrari, y que seguidamente me recitó enfatizando cada palabra, cada verso. El poema comenzaba diciendo así:

Expansión diáfana de la penumbra / polarizando tenue luz de cuarzo blanco / escalonada por alcantarillas de meteoros / foro de poliedros, orquídeas, rombos, cilindros / abnegación pendiente de la cascada / lamparario de sauce (…) (Ver vídeo de la presentación).

Enlace de interés

El poeta del Hotel Esmeralda

CENTELLA

Acelero la extinción. Consigo

fijar velas en tus quejidos;

algunos se suceden como ecos,

otros son balsas que transbordan

escamas de las estrellas. Hago

que sin fintas veas los procesos,

y si las uvas urden aliviarte,

ágil multiplico las pepas y

tiño el orin. Así logro reducirte

al tic que, si no estalla,

fusiono a mi velo vil.

Aceleras la fantasía. Evasivo

abres mis cortinas de humo

y te alejas por la escalera azul.

Sencillamente careces de fin,

y el otoño te erige como hoja

o te recuerda como centella.

Alejandro Calderón

martes, 1 de mayo de 2012

30 de abril, Día Internacional del Jazz


La Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, junto al Embajador de Buena Voluntad, el pianista y compositor Herbie Hancock, inauguraron el pasado viernes en París los actos del primer Día Internacional del Jazz, que se festeja en todo el mundo el día 30 de abril. La celebración reúne una gran variedad de eventos entre los cuales se incluyen las actuaciones en vivo, pero también clases magistrales y debates. Contando con la participación de Marculs Miller, Dee Dee Bridgewater, Wynton Marsalis, Barbara Hendricks o Hugh Masekela, entre otros muchos músicos más. Asimismo las actuaciones comenzaron el domingo con un concierto en la cuna del jazz, la ciudad estadounidense de Nueva Orleáns, y se clausuran esta noche con una actuación musical en la Asamblea General de la ONU, en Nueva York.

El Día Internacional del Jazz quiere resaltar el diálogo intercultural y el entendimiento de los pueblos a través de este ampliamente apreciado género musical, una de las más importantes contribuciones de los Estados Unidos a la música en el mundo.

Los conciertos son transmitidos en directo a través de la página web de las Naciones Unidas y de la UNESCO. Por tanto, en la ciudad de París, sede de la organización, tampoco podían faltar las actuaciones, que dieron comienzo, como ya se ha dicho, el pasado viernes.

Pero mirando hacia atrás en el tiempo, en la ciudad del Sena fue en el periodo entreguerras, con la llegada de un gran número de afroamericanos a la capital –en concreto al sórdido distrito de Montmartre– cuando comenzó a tocarse jazz en los locales o clubes. Louis Mitchell actuó allí acompañado de su grupo, The Seven Spades, en noviembre de 1917, y el mismo año, The Jazz Kings, una orquesta de color, tocó en el casino que había en el 16 de la Rue de Clichy. En 1924, Eugene Bullard dirigía un club llamado ‘Le Grand Duc’, uno de los muchos que habían proliferado en Montmartre a mediados de los años veinte, y al que solía acudir Scott Fitzgerald, si bien éste, según el momento, prefería ir a emborracharse al bar del Hotel Ritz. Posteriormente, en clubes como ‘La Rose Rouge’ y el emblemático ‘Le Tabou’, en la esquina de las calles Dauphine y Christine, del que fuera asidua más tarde Juliette Gréco, comenzaba a oírse tocar un nuevo estilo de jazz, el vertiginoso be-bop.

“En noviembre de 2011, durante la Conferencia General de la UNESCO, la comunidad internacional proclamó el 30 de abril como el Día Internacional del Jazz. Esta jornada tiene como objetivo sensibilizar al público general sobre las virtudes de la música jazz como herramienta educativa y como motor para la paz, la unidad, el diálogo y el refuerzo de la cooperación entre pueblos. Gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas y ciudadanos parti-culares ya implicados en la promoción de la música jazz aprovecharán esta oportunidad para fomentar la idea de que no se trata tan sólo de un estilo de música, sino de que el jazz contribuye también a la construcción de sociedades más inclusivas.”  Fuente: UNESCO


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Día Internacional del Jazz

sábado, 14 de abril de 2012

‘El beso de Doisneau’


En este día, mes y año en que se cumplen cien de su nacimiento, no he podido dejar de recordar al grabador litográfico, tipógrafo y, sobre todo, gran fotógrafo francés Robert Doisneau. Y lo hago con este fragmento, ahora a manera de microrelato elíptico, extraído de la novela ‘Sincronías del destino’. Pues, como suscitara Hemingway, es el lector con su imaginación quien debe rellenar el posible vacío argumental. Porque siempre hay algo que no se cuenta, pero se han de dar las claves para sobrentenderlo, ya que suele ser determinante para la totalidad de una historia. Algo semejante ocurre con la fotografía del famoso beso frente al Hôtel de Ville, muchos pensaron que se trataba de una fotografía espontánea que el autor había realizado en su recorrido por las calles de París. Sin embargo, tiempo después se ha sabido que la pareja la formaban dos estudiantes de arte dramático, llamados Françoise y Jacques, a los cuales Doisneau había contactado en un café de la ciudad. Desde entonces, además de algún que otro pleito por parte de los actores, la foto simboliza el amor y representa a París como ciudad romántica, y aún hoy más que nunca el famoso beso vende cientos de miles de copias al año.


‘El beso de Doisneau’ (microrelato)

Las fotografías que vendía Maurice en su puesto del muelle no eran tanto de Man Ray como algunas de las más famosas de Doisneau, Brassai o Boubat que, entre las de otros colegas, se incluyen en el conjunto de obras de la llamada Photographie humaniste; precisamente, estos últimos días, mientras esperaba la llegada de algún turista ávido de esas panorámicas del viejo París o de cualquier otro souvenir de los que él vendía, sentado en su vieja silla de lona plegable, la estampa que más contemplaba de todas ellas era la popular fotografía de Robert Doisneau, en la que aparecen dos amantes besándose frente al Hôtel de Ville. Cuando miraba la instantánea durante largo tiempo, se recreaba en ella, y en su imaginación fantaseaba poniéndoles mentalmente a los rostros de esos enamorados el semblante de su amiga, una pintora española, y el suyo, causándole este disimulado anhelo una mayor desazón.

Lamentablemente, cuando la pintora llegó y hubieron acordado que la llave se la entregaría a la portera de su finca después de consignar allí el nuevo cuadro, se despidió de él con un simple beso en la mejilla que muy poco o nada tuvo que ver con el de la reproducción de Doisneau. La pintora y el bouquiniste mantenían esa relación pactada viéndose de vez en cuando sin que hasta ahora ella se hubiera sincerado mostrándole sus verdaderos sentimientos, antes bien ponía alguna excusa o simplemente no le daba ninguna explicación que justificara sus viajes a España –aunque a Maurice le resultara fácil adivinar la razón–. Sin embargo, a Helena le gustaba gastarle bromas llamándole Maurice Quentin de La Tour –como el célebre retratista oficial de Luis XV– cuando, a ratos perdidos, le veía garabatear al pastel alguna cartulina. Por su parte, Maurice, haciendo gala siempre de una gran discreción, tampoco le hacía preguntas que pudieran dar la impresión de querer inmiscuirse en su vida privada y, claro está, en esta ocasión no fue diferente. Así pues la deseó un bon voyage. (…)


Fotografía ‘Le baiser de l’Hôtel de ville’, 1950 © Robert Doisneau

domingo, 1 de abril de 2012

Perec, un inventario de cosas


Una exposición en Madrid reúne obras del escritor francés provenientes de la Bibliothèque de l’Arsenal de Paris, seleccionadas todas ellas por la Association Georges Perec, junto a otras de diversos artistas españoles.

El escritor Georges Perec (1936-1982), que obtuvo en 1965 el premio Renaudot con su primera novela ‘Las cosas’, estudió sociología y colaboró en diversas revistas literarias. Su ecléctica personalidad le predispuso a ser también ensayista, poeta, dramaturgo, guionista de cine o aficionado a los juegos de palabras como acrósticos, “sopas de letras”, o los crucigramas que elaboraba para el magazín Le Point. También fue miembro del célebre “OuLiPo”, acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle (Taller de literatura potencial), fundado por el también literato Raymond Queneau.

Ganador del premio Médicis en 1978 por ‘La vida, instrucciones de uso', una especie de puzzle compuesto por 107 historias que conforman el relato de los vecinos de un inmueble –planteamiento que recuerda la viñeta de Ibáñez, '13, Rue del Percebe'–, publicó entre otras 'Un hombre que duerme', 'El gabinete de un aficionado' y 'La desaparición', obras que han sido traducidas a quince idiomas.

Si en su novela ‘La desaparición’ asumió el reto de escribir sin emplear la letra e –la letra más frecuente en el francés– sin menoscabo de la coherencia en la narración, la traducción al español, que se tituló 'El secuestro', supuso un doble salto mortal, pues siguiendo el mismo principio, se tradujo sin usar la letra a.

Esta nueva exposición del escritor, titulada ‘Perec. Tentativa de inventario’, y comisariada por Alberto Ruiz de Samaniego, reúne varios fondos provenientes de la Bibliothèque de l’Arsenal de Paris, que han sido seleccionados por la Association Georges Perec, y que se presenta como una serie de obras realizadas por artistas amigos del escritor como fueron Saul Steinberg, Bernard Plossu, Robert Bober y Bernard Queysanne, reflejando su gran influencia en ellos. Asimismo forman una parte importante de la muestra los trabajos de artistas españoles relacionados o próximos a la obra y poética del escritor francés, como son las obras de Eduardo Scala, Ignasi Aballi, Isidoro Valcárcel Medina, Alfonso Berridi, Los Torreznos, Anne Heyvaert, Manuel Saro y Amaya González Reyes.



Más información

Círculo de Bellas Artes de Madrid


Enlaces de interés

Association Georges Perec

Conferencia sobre el secuestro de Georges Perec

sábado, 24 de marzo de 2012

XII edición del Festival de jazz Saint-Germain-des-Prés


Un año más, en plena primavera parisina, tendrá lugar la duodécima edición del Festival de jazz Saint-Germain-des-Prés, que se celebra del 20 de mayo al 3 de junio del presente año.

Un festival cuyo origen se remonta a 2001, año en que su co-fundador, Charbaut Frederick, un periodista especializado en música de jazz, pusiera la primera piedra en la organización del musical evento, en el que, durante dos semanas, brillantes músicos provenientes de distintas partes del mundo ofrecen sus conciertos en el Barrio Latino de París. En diferentes escenarios de la capital, como son la Église Saint-Germain-des-Prés, el Hotel Madison, el Kiosque du Jardin du Luxembourg, los Salons Starbucks Coffee o la Fnac Montparnasse, pues una de las características del festival es la variada combinación de lugares en donde se lleva a cabo, desde iglesias y plazas públicas hasta cafés, hoteles y, por supuesto, en los locales especializados en dar conciertos.

Charbaut Frederick es un periodista que abandonó la carrera de ingeniero aeronáutico para crear una emisora de radio llamada ‘Jazzland’, colaborando en programas de radio para Rock Boulevard, Chic FM, Kiss FM o Superloustic, entre otros; así como también en revistas de jazz como es la celebrada ‘Jazz Hot’, y asimismo como miembro del jurado del Festival de jazz de La Défense, Victoires du Jazz o el del Djangodor. También contribuye a la programación del ‘Tanjazz’, el Festival de jazz de Tánger. Y ha invitado a grandes músicos como Norah Jones, Brad Mehldau, Abd Al Malik, Jacky Terrasson, Michel Portal, Aldo Romano, Kenny Barron o Milton Nascimento.

Además de contar con la presencia de importantes músicos, el Festival de jazz Saint-Germain-des-Prés brinda una oportu-nidad a las jóvenes promesas con la convocatoria del certamen de nuevos talentos, denominado ‘Tremplin Jeunes Talents’, para incentivar el talento de los jóvenes compositores de jazz franceses. Los días de selección serán el 27 y el 28 de mayo.

Esta primavera, al llegar la noche en París, la música rebosará en el Barrio Latino así como en sus calles rebosan los típicos volquetes repletos de frutas y cajones colmados de flores y ostras frescas como aderezo.



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Festival de jazz Saint-Germain-des-Prés

domingo, 11 de marzo de 2012

El siglo de Voltaire, su vida y su obra


En otros tiempos si uno de esos ingenuos coleccionistas de reliquias, no de santos sino de pensadores o filósofos, refería el nombre de Voltaire a cualquier anticuario de París, quizá alguno cercano al café homónimo en donde fuera fotografiado por última vez el parnasiano Verlaine –aquel viejo café de la Place de l´Odeon que en su día asimismo acogiera al poeta Mallarmé en la época de los simbolistas, y del que fueran asiduos también Courteline, Bourget y Barrés– sería ladinamente atendido y guiado al interior del bazar, a un apartado rincón donde, con el mayor secretismo, le sería mostrado algo parecido a un corazón, duro como una piedra, guardado en el fondo de una urna de mármol, o tal vez encerrado en una jaula de oro, y por el que le pedirían un ojo de la cara en favor de la filosofía.

El poeta de Francia, François Marie Arouet, alias Voltaire, se caracterizaría por su tolerancia y defendería la convivencia pacífica entre hombres de distintas creencias y religiones, muy al contrario que, por ejemplo, Montesquieu, con el que discrepaba acerca del derecho legítimo de los pueblos a la guerra. Además, es un hecho conocido que en cierta ocasión Voltaire defendiera a un criminal convicto llamado Jean Calas, al que creía inocente con total convencimiento. Y claro es que Voltaire estaba en lo cierto, pues de esa forma consiguió limpiar el nombre de Calas a la vez que demostraba al mundo que París era una ciudad donde la justicia y la tolerancia siempre triunfarían, aun a pesar de que Calas fuera ajusticiado finalmente sin remedio.

Para el biólogo, escritor y ensayista Martí Domínguez, Voltaire sigue vivo y encarnaría mejor que cualquier otro gran nombre de la Ilustración el siglo XVIII, más incluso que Diderot o Rousseau. No en vano el Siglo de las Luces, denominado así por su finalidad declarada de despejar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón y la libertad, es también conocido como el siglo de Voltaire. Según se puede leer textualmente en L'Encyclopédie: “a medida que el espíritu adquiere más luces, el corazón adquiere más sensibilidad”.

El filósofo de Freney, primero en alcanzar esa hasta entonces utópica meta siendo el primer escritor libre, afirmaría: “Oigo hablar de libertad, pero no creo que haya habido en Europa un particular que se haya forjado una como la mía. Seguirá mi ejemplo quien quiera y pueda”. Voltaire fue el primer escritor totalmente libre, el primero que consiguió vivir de su trabajo, el primer profesional de la escritura, según explica Martí Domínguez.

En las dos conferencias que el escritor impartió, Martí Domínguez estudia la influencia de Voltaire en el Siglo de las Luces. La primera se centra en un rápido repaso de la obra de sus principales contemporáneos, y en la relación que mantuvieron con el filósofo, siempre complicada y espinosa. En la segunda divulga la obra y vida del filósofo, sus polémicas, sus desavenencias con el poder (su relación de amor odio con Federico II de Prusia), y su retiro en los Alpes franceses, hasta su regreso glorioso a París, poco antes de su muerte. Así, durante estas dos sesiones, se mostraría una visión poliédrica del siglo XVIII francés, del movimiento ilustrado y de su mayor faro intelectual, el gran Voltaire.


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Ciclo de conferencias de la Fundación Juan March