viernes, 19 de abril de 2013

Albert Hofmann en el “Día de la bicicleta”


El 19 de abril de 1943 el químico suizo Albert Hofmann decidió tomar la primera dosis de LSD de forma intencionada en la historia de la humanidad. El Dr. Hofmann ya había sintetizado previamente la substancia en 1938 junto al Dr. Stoll en los Laboratorios Sandoz (fundada en 1886, Sandoz desaparece tras pasar a ser filial subsidiaria de Novartis, hoy en día una compañía farmacéutica multinacional), con sede en Basilea (Suiza), después de sus trabajos de investigación con el ergot, es decir, el cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea), un hongo parasitario de este cereal. Se dice que este enteógeno podría haber sido empleado en los misterios griegos de Eleusis. Pero el buen doctor no intentaba conseguir con ello una substancia psiquedélica, sino producir un estimulante circulatorio y respiratorio para aplicarlo en obstetricia, pues sabía que ya desde el siglo VI era empleado por las comadronas para inducir los partos y limitar la pérdida de sangre.

Tres días antes, o sea el 16 de abril de ese mismo año, Hofmann había resintetizado la molécula de LSD-25, llamada así por ser el compuesto número 25 de la serie de síntesis que fue elaborando a partir de la ergotamina, que como digo había descubierto cinco años antes. Pero esta vez quiso el azar que accidentalmente se expusiera a una pequeña dosis del alucinógeno, la cual había absorbido a través de sus dedos; la ínfima solución fue suficiente para activar su mente, dándose cuenta del potencial que la substancia psicotrópica poseía, y preparar así el primer viaje de dietilamida de ácido lisérgico. “Lo primero que sentí fue una notable relajación combinada con un cierto vértigo. Una nada desagradable sensación de intoxicación que iba acompañada de un estímulo extremo de mi imaginación”. 

El día 19 de abril, día que ya conocemos en el mundo por haber pasado a la historia como el “Día de la bicicleta”, Hofmann decidió tomar 250 microgramos de LSD-25 –ahora se sabe que el umbral de la dosis del derivado número 25 que sintetizaba del ácido lisérgico son 20 microgramos–, y después de ingerir la potente dosis, el Dr. Hofmann alucinado experimentó bruscos e intensos cambios en la percepción en una suerte de desdoblamiento temporal inducido. En un primer momento fue presa del pánico. Por otra parte lógico debido a la gran cantidad de ácido que había consumido sin tener referencias concretas de sus efectos. Se trataba de una substancia psicoactiva con una potencia extraordinaria, capaz de provocar estados alterados de conciencia (EAC) con solo dosis muy bajas.

Después de un breve autoexamen médico superficial Hofmann comprobó que estaba bien a pesar de todo. No obstante, solicitó a su asistente en el laboratorio, que estaba al tanto del experimento, que lo acompañara a casa en bicicleta, pues el uso de vehículos a motor estaba prohibido debido a las estrictas restricciones en tiempo de guerra. En el viaje en bicicleta, al entrar en contacto con la luz del sol y la exuberante naturaleza de su suiza natal, le sobrevino la sorprendente epifanía psiquedélica. En el trayecto el estado de Hofmann se deterioró rápidamente mientras se debatía entre sentimientos de ansiedad, alternando en sus pensamientos la creencia de que su acompañante era una bruja malvada; que se estaba volviendo loco, y que la LSD le había envenenado. Cuando el doctor llegó por fin a su domicilio, sin embargo, no pudo detectar ninguna anomalía física, salvo la de tener las pupilas muy dilatadas. Hofmann se fue tranquilizando, y poco después sus miedos empezaron a dar paso a una sensación de bienestar y deleite, como escribiría más tarde.

“Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes caleidoscópicas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante. Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva”.

Posteriormente, el químico intuyó la droga como una herramienta de gran alcance en el campo de la psiquiatría, debido a su carácter intenso e introspectivo. En la misma tradición alquimista de su compatriota el gran Paracelso, Hofmann imaginó que podría ser usada con fines terapéuticos. Algo que en un principio fue probado con éxito por diversos psicoterapeutas.

Desde entonces, mucha gente celebra este día para conmemorar el descubrimiento de la LSD, pero también, extrapolado al ámbito puramente deportivo, cada vez más asociaciones y grupos de ciclistas, completamente desvinculados del consumo de estas substancias y sin ningún tipo de relación con el consumo de drogas, aprovechan el “Bicycle Day” para conmemorar ese primer “viaje” en bicicleta y reivindicar el uso de la misma y el transporte sostenible y respetuoso con el medioambiente.

Por tanto, evocando al doctor en la efeméride de su viaje lisérgico, aquella experiencia tan trascendental para la humanidad, hoy tal vez sea un buen día para dar un placentero paseo en bicicleta y disfrutar así de la luz que propicia la primavera y el variado colorido que la estación nos ofrece, dejándonos llevar por la misma naturaleza que por doquier entraña todos los secretos del universo.

Albert Hofmann murió el 29 de abril de 2008 a los 102 años de edad, con una lucidez que demostró que la LSD difícilmente se puede considerar en sí misma como un peligro ni merma para la salud, como es obvio al menos en su caso.


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Bibliografía

‘Mundo interior. Mundo exterior’, Albert Hofmann



lunes, 8 de abril de 2013

Soderbergh y sus efectos secundarios



Efectos secundarios (Side Effects), el último absorbente e imprevisible film de Steven Soderbergh (Oscar al mejor director por ‘Traffic’ en 2000) estrenado en España, basado en el guión cinematográfico de la historia de Scott Z. Burns (guionista de ‘El ultimátum de Bourne’, y tercera colaboración con Soderbergh), nos sumerge en un thriller psicológico de falsas apariencias, vueltas de tuerca y giros inesperados, con un moderno toque de cine negro clásico sobre un “desconcertante” crimen que, a efectos policiales, se podría decir que es un caso cerrado. Un asesinato perpetrado por una joven esposa sumida en una depresión aguda, que depende de los calmantes para tratar de superar la ansiedad del encarcelamiento y la quiebra de sus sueños, contra su marido, ex convicto recién salido de la prisión.

Hasta entonces, Emily (Rooney Mara) y Martin (Channing Tatum) son una pareja de Nueva York cuya relación goza de un próspero status económico y social. Martin vive en esos días su mejor momento profesional. Sin embargo, se convertiría en víctima de las manipulaciones y confabulaciones de terceros. Debido a ello ha de pasar cuatro años en prisión por abuso de información privilegiada, teniendo que renunciar a esa acomodada vida con Emily, que es la mujer de su vida. Pero su vuelta a la libertad no le depara el bienestar y la tranquilidad que esperaba, sino todo lo contrario. Emily se hunde cada vez más en el angustioso abismo de la depresión, arrastrando a Martin con ella.

La situación se desbarata y cambia radicalmente cuando Emily intenta suicidarse a causa de esa profunda depresión, y el psiquiatra al que acude, el Dr. Jonathan Banks (Jude Law), le receta una medicación para calmar su ansiedad. Recomendado por otra psiquiatra, la doctora Victoria Siebert (Catherine Zeta Jones), Banks le prescribe de nuevo a Emily un novedoso medicamento experimental denominado Ablixa como tratamiento de choque (un psicofármaco ficticio cuyo principio activo es el también inexistente Alipazone. En el film también es fugazmente nombrado el antidepresivo Vandral, cuyo genérico real es la Venlafaxina, para dar aún más credibilidad y verosimilitud a la historia). Incapaz de superar su depresión, Emily acepta someterse a su tratamiento con la nueva medicación. Pero los efectos del psicofármaco son inesperados: una noche, la paciente pierde el control mientras duerme y asesina a su esposo en un aparente estado de sonambulismo, y todos los personajes que están involucrados en su vida desde el trágico suceso empiezan a verse gravemente implicados en el caso con el devenir de los imprevistos acontecimientos. A consecuencia de esto Emily va a la cárcel y Banks, cuya carrera profesional se ve seriamente perjudicada, decide investigar el misterioso crimen para salvar su honor y prestigio médico perdidos, dando la historia un giro en su desenlace al más puro estilo Hitchcock.

La película de Soderbergh utiliza el delicado tema de las depresiones y los efectos de los fármacos en la mente humana, el lado oscuro que podemos encontrar en el mundo de la psicofarmacología, para construir un argumento de acción, tensión e intriga. El resto lo logran las correctas interpretaciones de todos los actores del film (véase la de una excelente y turbadora Rooney Mara como paciente tras su fallido intento de suicidio, o el versátil Jude Law como reputado psiquiatra). En definitiva, un thriller de falsas apariencias, viejo género del que Hollywood parecía haberse olvidado en los últimos tiempos, donde la historia se complica y empieza a descubrirse el interesado mundo que envuelve a la psicofarmacología. Unos intereses creados donde la infelicidad resulta ser un negocio muy lucrativo, y el dinero la auténtica serotonina que mueve a las personas.


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La fotografía de la película pertenece a sus propietarios. © Distribuidora eOne y productora Endgame Entertainment, Di Bonaventura Pictures.

martes, 2 de abril de 2013

Paul Klee, el maestro de la Bauhaus



La Fundación Juan March de Madrid, que ya organizó en 1981 una de las primeras exposiciones sobre Paul Klee celebradas en España, ha concebido en esta ocasión la muestra en paralelo al estudio, la transcripción y la edición crítica de ese formidable legado, un trabajo llevado a cabo por las comisarias invitadas a la exposición, Marianne Keller y Fabienne Eggelhöffer. El resultado de esa investigación es la inmensa base de datos en la que desde el pasado mes de agosto de 2012 se puede consultar libremente todos los manuscritos originales y transcripciones del pintor suizo, acuarelista y aguafuertista considerado como uno de los representantes más originales del arte moderno.

Hijo de un profesor de música, Paul Klee (Münchenbuchsee, 1879 - Muralto, 1940) realizó estudios clásicos en Berna. Más tarde se inscribiría en la Academia de Munich, donde tuvo como profesor a Franz von Stuck (1898-1900) y se familiarizó con las teorías del Jugendstil, que más tarde pondría en práctica en obras como ‘Cabeza amenazadora’, de 1905. De regreso a Berna, prosiguió su período formativo centrándose en la música, lo gráfico, la lectura de clásicos, y observando y estudiando las obras de Blake, Klimt, Goya y, ya en París, de Leonardo y Rembrandt. Posteriormente, realizó una serie de dibujos inspirados en Van Gogh, Cézanne, Matisse y otros representantes de la escuela francesa.

En 1911 contactaría con el grupo del Blaue Reiter (‘El caballero azul’), lo que le permitió conocer a sus creadores, Kandinsky y Marc, así como a Kubin y a Macke, con quienes expuso al año siguiente en Berlín. En París se relacionó con Delaunay y el ambiente cubista centrando definitivamente su interés en el movimiento y el tiempo, la luz y el color, bajo el notable influjo que le propició su viaje en 1914 a Tunicia con Moilliet y Macke, con predominio sobre los valores psicológicos de las formas. Su vida de espiritual recogimiento dio como resultado una prolífica obra.

En 1920 ingresaría en la Bauhaus de Weimar, donde vigorizó su método de análisis, y en 1924, junto con Kandinsky, Jawlensky y Feininger, formó el grupo llamado de los Blaue Vier (‘Los cuatro azules’). Las obras realizadas durante este período están repletas de imágenes misteriosas y de zonas cromáticas acompañadas de sutiles signos gráficos.

Tras ser profesor de la nueva Bauhaus de Dessau (1921-1930) y de la Academia de Düsseldorf (1931-1933), la condena nazi de su obra le obligó, en 1933, a exiliarse a Berna, donde, en claro paralelismo con la esclerosis sistémica que contrajo, su producción adquirió matices dramáticos y simbólicos con elementos o temas esquemáticos que progresivamente pasan a convertirse en ideogramas.

Además de Diarios, Klee escribió artículos sobre arte, que pueden considerarse como una teoría del arte moderno. En la actualidad, la mayoría de su obra se halla depositada en el Museo de Bellas Artes de Berna.

Para la organización de la exposición actual se ha contado con la colaboración del Zentrum Paul Klee, donde en su día se presentó una primera versión reducida, compuesta por obras de su propia colección, bajo el título ‘Meister Klee! Lehrer am Bauhaus’, entre el 31 de julio de 2012 y el 6 de enero de 2013. La muestra que se puede ver ahora en la Fundación Juan March hasta el 30 de junio de 2013 reúne algunas de las obras expuestas en el Zentrum Paul Klee junto a muchas otras de diversa procedencia.

Las obras de Klee están organizadas en secciones según cinco temas principales, a saber: el color, el ritmo, la naturaleza, la construcción y el movimiento, tanto en su creación artística como en su enseñanza, y que ordenan la mirada en el amplio universo plástico de un artista tan imaginativamente fértil como fue Klee: los fenómenos de la génesis y el crecimiento de la naturaleza le sirvieron de modelo para explicar la configuración y el diseño.

Las obras cedidas para la exposición proceden sobre todo de la colección del Zentrum Paul Klee de Berna, pero también de muchos otros museos y colecciones, públicas y privadas, de Suiza, Alemania, Francia, Estados Unidos y España. La exposición se acompaña de un catálogo, en edición española e inglesa, con ensayos y textos de Fabienne Eggelhöfer, Marianne Keller y Wolfgang Thoner. Como publicación complementaria, la Fundación Juan March edita también las traducciones al español y al inglés, en ediciones semifacsímiles, de las Beiträge zur Bildnerischen Formlehre (‘Aportaciones para una teoría de la forma pictórica’), apuntes de Paul Klee para sus clases elaborados en el periodo de 1921 a 1922 hasta ahora inéditos en ambas lenguas.

Asimismo, con motivo de la exposición ‘Paul Klee: maestro de la Bauhaus’ y con el epígrafe ‘El universo musical de Paul Klee’, se celebra los días 3, 10, 17 y 24 de abril un ciclo de conciertos que explora las relaciones entre la pintura y la música del mundo creativo del artista suizo. Es muy posible que ningún otro artista forjara vínculos tan estrechos con la música. La etapa de Klee en la Bauhaus, la perspectiva de la exposición que acompaña este ciclo, viene representada por la música de Bartók, Hindemith y Busoni, a quienes el pintor llegó a conocer personalmente. La actividad del propio pintor como violinista de cámara es la excusa ineludible para los conciertos siguientes, que programan algunas de las composiciones que él mismo interpretó en el estudio de pintura con sus colegas artistas o con su mujer, la pianista Lily. Finalmente, el ciclo culmina con ‘En el espíritu de Klee’, un programa heterogéneo de músicas de cronologías y estéticas muy diversas que de forma imaginada dialogan con la obra del pintor. En resumen, una amplia serie de compositores que aglutinan la diversidad de observancias sonoras posibles evocadas por las obras de Klee.


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