domingo, 10 de diciembre de 2017

Los contactos de la agencia Magnum


Una exposición en la Fundación Canal de Madrid muestra cerca de un centenar de fotografías representando la obra de 65 de los más destacados fotoperiodistas de la prestigiosa agencia Magnum.

La copia por contacto era un procedimiento fotográfico del laboratorio analógico que permitía obtener copias a partir de película impresionada del mismo tamaño que el negativo sobre el papel mismo de revelado. A ese resultado se le llama hoja de contactos. ​Esa primera impresión de los negativos aportaba una valiosa información tanto para los fotógrafos como para los editores gráficos a la hora de examinar y evaluar las imágenes, seleccionando así las mejores para las posteriores reproducciones o su ampliación definitiva, empleando en dicha inspección previa la lupa o el cuentahílos.

Testimonio gráfico de todo el secuencial trabajo del fotógrafo reportero, las hojas de contacto no se concibieron para ser mostradas públicamente pues, en cierto modo, dejan al descubierto tomas que son objeto de descarte dentro del proceso creativo de sus autores, por lo que en muchos casos estos fueron reacios a exhibirlas. Esta exposición, no obstante, da acceso a esa trastienda permitiéndonos alcanzar a ver y comprobar en las secuencias la historia oculta que hay detrás de algunas de las fotografías más célebres o representativas de los grandes reporteros gráficos fundadores de la mítica agencia Magnum, como son Henri Cartier-Bresson, Robert Capa y David ‘Chim’ Seymour. Pero también las de otros miembros importantes como Werner Bischof, Marc Riboud, Eve Arnold, René Burri, Jim Goldberg, Josef Koudelka, Susan Meiselas, Hiroji Kubota, Steve McCurry, Jean Gaumy, Paolo Pellegrin o la española Cristina García Rodero.

En 1989, cuando el fotógrafo británico Stuart Franklin se encontraba en Beijing tratando de documentar para Magnum la protesta masiva en la Plaza de Tiananmen, que vio manifestarse a cientos de estudiantes que resultaron muertos cuando se enfrentaron al ejército, él y todos los periodistas fueron obligados por los militares a retirarse. Sin embargo, resignado, Franklin pudo realizar una serie de fotografías desde la habitación de su hotel en el momento justo en que entraban los tanques en la plaza. Debido a la distancia, al principio no se percató de la presencia de un hombre oponiéndose al avance de la columna de tanques T59. Fue examinando los contactos cuando resultó seleccionada la fotografía en cuestión de entre las que componían la serie, siendo esa la que pasó a la posteridad. Pero gracias a la hoja de contactos es posible ver en la exposición la secuencia completa de aquel acontecimiento.

‘The TankMan’ stopping the column of T59 tanks. 4th June 1989. Beijing (China). Tien An Men Square © Stuart Franklin / Magnum Photos.

Estas fotografías emblemáticas, a las que acompañan sus correspondientes hojas de contactos y algunos documentos que ayudan a ubicar cada imagen en su contexto histórico, captan y revelan sucesos clave del último siglo. La exposición, coproducida entre Magnum Photos y Forte di Bard, se puede visitar en la Fundación Canal hasta el 5 de enero de 2018.

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Fotografía antesala exposición Magnum © Fundación Canal

jueves, 23 de noviembre de 2017

Kyle Eastwood: el bueno, el bajo y el jazz


El quinteto del californiano Kyle Eastwood no defraudó las expectativas en su actuación de ayer en Madrid, dentro del festival internacional de jazz que se celebra en la capital durante todo este mes de noviembre.

En esta ocasión, alternando el contrabajo con el bajo eléctrico, Kyle Eastwood estuvo acompañado en el escenario del Teatro Fernán Gómez por el pianista Andrew McCormack, cuyo estilo personal de componer es una mezcla del minimalismo de Steve Reich y el talento de Tigran Hamasyan; el saxofonista Brandon Allen, arreglista, compositor y músico de sesión que ha tocado con Eric Clapton, Jools Holland o la cantante de soul Mica Paris; el talentoso trompetista Quentin Collins, influenciado desde pequeño por el jazz de Dizzy Gillespie y Lionel Hampton, y el preciso y virtuoso Chris Higginbottom a la batería, actualmente también miembro de The Ronnie Scotts All Stars.

Tras su gira estival en formación de trío compuesto por los franceses Jean Luc Ponty al violín y Biréli Lagrène a la guitarra, y dos días después de que anunciase en su página de Facebook el lanzamiento de su último disco, ‘In transit’, el Kyle Eastwood Quintet se presentó en JAZZMADRID para ofrecer un espectáculo musical con matices de groove, swing o funk, además de algún guiño homenaje a Charlie Mingus, pero sobre todo buen jazz. Porque según afirma el propio Eastwood, sus raíces musicales permanecen en el jazz. Y eso es lo que lleva haciendo desde hace veinte años, en sus comienzos tocando en locales de Nueva York y Los Ángeles, y al menos desde que publicara aquel primer disco, ‘From there to here’ (1998), en el que participó la cantante canadiense Joni Mitchell. Aunque ya desde niño escucharía los discos de los grandes clásicos del género, que no faltaban en casa debido a la gran afición de su padre por el jazz.

A los dieciocho años se inició en el bajo eléctrico tocando con sus compañeros de instituto y aprendiendo de oído las líneas de bajo de rhythm and blues, reggae y música negra de la Motown. Pero pronto se pasaría al contrabajo, sobre todo tras conocer a Ray Brown, considerado por muchos como uno de los más importantes e influyentes contrabajistas de jazz de la historia, y a su aplicado alumno, el también contrabajista John Clayton; sin olvidar a Ron Carter, que al igual que Ray Brown, es uno de los contrabajistas con más grabaciones en la historia del jazz.

Otro gran condicionante para Kyle fue haber pasado muchas horas en el plató con el compositor, arreglista y saxofonista estadounidense Lenny Niehaus, que compuso la banda sonora de ‘Bird’, la película homenaje al gran saxofonista Charlie Parker dirigida por su padre. Desde entonces ha contribuido a las bandas sonoras de filmes dirigidos por Clint Eastwood como ‘Mystic River’, ‘Invictus’, ‘Million Dollar Baby’, ‘Banderas de nuestros padres’ y ‘Cartas desde Iwo Jima’. 

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Página web oficial de Kyle Eastwood.

Fotografía de Kyle Eastwood © Fernando Torres

domingo, 12 de noviembre de 2017

El jazz ecléctico de Jean Luc Ponty


El gran violinista francés congregó a numerosos fans veteranos y también a un público joven para su concierto del pasado miércoles dentro del festival JAZZMADRID.

En la estela de su colega y compatriota Stéphane Grappelli, con quien trabajó a finales de los años sesenta, el experimentado Jean Luc Ponty dejó patente su maestría con el violín con el que fue pionero indiscutible en el terreno del jazz y el rock. Acompañado en esta ocasión de su banda formada por el excelente teclista de formación clásica William Lecomte, el batería de raza Damien Schmitt, que a los once años ya era un alumno adelantado de Denis Chambers, y sustituyendo a Guy Nsangué Akwa, para completar el cuarteto el brillante joven bajista Swaéli Mbappé, quien hubo momentos de la actuación en los que su destreza y estilo recordaban al mítico Jaco Pastorius.

Los comienzos de Jean Luc Ponty (Avranches, 1942) se podría decir que se remontan a 1958, cuando siendo estudiante del Conservatorio de París, el jazz de Miles Davis, John Coltrane y Clifford Brown le haría plantearse otros derroteros en su carrera como músico. En esa época alternaba los ensayos y actuaciones con la orquesta tocando jazz en clubes de todo París. Impulsado por una gran pasión creativa, Ponty enseguida sentiría la necesidad de desarrollar su talento en el jazz a través de su instrumento, el violín. Para ello, más tarde lo electrificaría amplificando su sonido.

En 1967, el pianista John Lewis de The Modern Jazz Quartet invitaba a Ponty a tocar en el Monterey Jazz Festival. Aquella exitosa incursión en los EE.UU. le depararía un contrato con la World Pacific Records, una compañía discográfica especializada en cool jazz y en el estilo West Coast jazz. También descubriría el rock con el cantante y guitarrista estadounidense Frank Zappa, que en 1969 componía la música del álbum de Ponty ‘King Kong’, grabado con el sello Blue Note.

Otra de sus colaboraciones célebres fue con la Mahavishnu Orchestra, del guitarrista John McLaughlin y el percusionista Billy Cobham, pionera del jazz fusión. Pero a partir de mediados de los setenta, Ponty comienza su carrera en solitario con sus propios grupos, en la que seguirán estando muy presentes el jazz y el rock. Aunque se perciba siempre en sus composiciones cierta vena sinfónica.

Desde los ochenta hasta hoy, Ponty ha grabado y viajado por todo el mundo con sus bandas o colaborando con otros músicos brillantes como los guitarristas Al Di Meola o el genial Allan Holdsworth, miembro de grupos emblemáticos como Soft Machine o Gong, que falleció el pasado mes de abril a la edad de 70 años, el bajista Stanley Clarke, músicos de África Occidental, Bela Fleck, Lalo Schifrin, Chick Corea y Return to Forever IV, los violinistas Nigel Kennedy, Mark O'Connor, L. Subramaniam de India, el violista y director de orquesta ruso Yuri Bashmet, el pianista Wolfgang Dauner, el cantante Jon Anderson del grupo Yes, o el guitarrista francés Biréli Lagrène, con quien ha estado de gira este año en formación de trío acompañados por Kyle Eastwood al contrabajo.

Nota: El Kyle Eastwood Quintet también tocará en el festival internacional JAZZMADRID'17 el próximo día 22 de noviembre.

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Página web oficial de Jean Luc Ponty.

Fotografía de JLP © Fernando Torres 

domingo, 5 de noviembre de 2017

El jazz suena de nuevo por todo Madrid


El jazz en otoño en Madrid continúa consolidándose año tras año a través del multitudinario festival JAZZMADRID, uno ya de los mejores certámenes europeos que se desarrolla en la capital durante todo este mes de noviembre en distintas salas y clubes.

Desde el pasado día 2 y hasta el 30, este importante festival internacional se viene celebrando en diferentes lugares de la ciudad, aunque sus centros neurálgicos sean, como en ediciones anteriores, el Centro Cultural Conde Duque y el Teatro Fernán Gómez, que acogen las citas de mayor relevancia junto a las distintas actividades paralelas que están programadas. Entre ellas tiene cabida la gran exposición del fotógrafo amante del jazz Jean-Pierre Leloir, colaborador habitual en varios medios como Jazz Magazine, L´Express o Le Nouvel Observateur, que falleció en 2010 a la edad de 79 años; la proyección, en diferentes días, de tres películas relacionadas con el jazz, como son Ascensor para el cadalso, de Louis Malle, Miles Ahead, dirigida por Don Cheadle, y el documental de Michael Bradford Michel Petrucciani; así como un ciclo de debates y conferencias a cargo de algunos de los representantes más importantes de la vida cultural y la crítica de jazz en España para enriquecer la oferta y difundir la pasión por el jazz.

Asimismo, con el título ‘Escenas del jazz’ habrá lecturas dramatizadas de textos del gran Julio Cortázar, Boris Vian, Jean Paul Sartre y Jack Kerouac, entre otros. Con una ambientación musical a cargo del pianista y compositor Pepe Rivero, que interpretará temas de Charlie Parker, Duke Ellington o Thelonious Monk, y las voces de los actores Cristina Castaño, Manuela Velasco y Rafa Castejón. Todo ello bajo la dirección del director teatral y maestro de actores argentino Juan Carlos Corazza.

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Página web del festival JAZZMADRID17

domingo, 29 de octubre de 2017

‘Common Ground’, Wolfryd en La Granja


En un enclave alejado de los habituales circuitos metropolitanos del arte contemporáneo, Barry Wolfryd expone una muestra de su pintura Pop Art y esculturas en cristal.

En un singular entorno de gran riqueza paisajística, entre jardines franceses, fuentes monumentales y fábricas de cristal, desde este pasado verano se pueden ver las obras que el artista naturalizado mexicano Barry Wolfryd (Los Angeles, California, 1952) ha englobado en la exposición ‘Common Ground’ (Intereses compartidos), que se compone de pinturas y los trabajos en vidrio que el artista produjo durante el primer trimestre de este año en los talleres de la Real Fábrica de Cristales, invitado por su Museo Tecnológico, y que podrán verse en el Museo de La Granja hasta el próximo 14 de enero.

Barry Wolfryd comenzó sus estudios de arte en 1972, en el Housatonic Community College de Bridgeport, Connecticut, EE.UU. Los siguientes diez años continuó en escuelas de arte de su país natal y México. A los veintidós años se mudó a México y en 1975 asistió al Instituto Allende, en San Miguel de Allende, Guanajuato. En 1982 estudió en el Chicago Art Institute y en 1984 en el Instituto Nacional de Bellas Artes de San Luis Potosí. Fue en este periodo cuando Wolfryd descubrió la cultura del cinismo mexicano (según Octavio Paz, el “chingar o ser chingado”), lo cual es perceptible en su obra a través de iconos, símbolos y objetos. Un año después se mudó a la Ciudad de México, donde amplió sus actividades artísticas.

Sus primeros ensayos creativos fueron realizados bajo la influencia del jazz, la música de Frank Zappa, el arte pop y la escuela neoyorquina. Esas experiencias conformaron en él una ideología que lo mantuvo artísticamente ligado a la crítica social. Desde entonces, el artista se adueña de personajes y objetos de la cultura popular y los reinventa provocando, con una gran dosis de humor negro, la reflexión del espectador. Para Wolfryd la vida no es el retrato perfecto de las vacaciones, sino una secuencia de eventos que se mantienen unidos sólo por nuestra insistencia de algo mejor.

A partir de 2014, Wolfryd comenzó a presentar sus obras con mayor frecuencia en  Europa. En el  verano  de  ese  año  expuso  en  Berlín  y  creó  una  serie  de  esculturas  de  vidrio  en  Murano, en el taller Berengo Studio. En 2016 expuso en el Museo d’arte Moderna de Trieste, Italia.

La serie de esculturas en vidrio para la muestra individual comisariada por Aldo Flores, que se celebra ahora en La Granja de San Ildefonso (Segovia), se compone de obras realizadas tanto en los talleres de la propia Real Fábrica de Cristales, como en el Berengo Studio de Murano. La colección pasará al museo MAVA de Madrid en 2018.

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Página web de Barry Wolfryd.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Catrin Finch y Seckou Keita en concierto


La arpista galesa Catrin Finch y el intérprete de kora senegalés Seckou Keita unen su talento y virtuosismo para ofrecer una extraordinaria exhibición de armonía musical.

Tras sus actuaciones de este verano por el Reino Unido, el dúo dio ayer en CaixaForum Madrid un espléndido concierto con el que remató la gira española.

Basándose en sus respectivas y muy dispares tradiciones musicales, su exitoso álbum debut ‘Clychau Dibon’ es el resultado de la brillante sinergia con que ambos intérpretes fusionan y transforman de manera sublime las melodías galesas y los ritmos mandingas. En el escenario este proyecto, aclamado por la crítica y la prensa especializada, es un viaje musical en el que Finch y Keita se alternan en hipnóticas improvisaciones y en una sorprendente simbiosis interpretativa en cada uno de los temas del disco.

“Todo en la música tiene que ser honesto, y los significados más profundos de las canciones y las melodías deben preservarse”, opina Keita. “Es por eso que es importante que las colaboraciones sean adecuadas para la música, y hay conexiones entre, por ejemplo, los sonidos cubanos e indios y el repertorio de la kora que se pueden explorar sin perder los distintos sabores de las diferentes tradiciones y estilos”.

Seckou Keita nació en Ziguinchor, Senegal. A través de su padre es descendiente de la dinastía real Keita de Malí, mientras que la familia de su madre, los Cissokhos, son una familia griot (cantante tradicional de África Occidental). Lanzó su carrera internacional en 1996 asesorado por su tío y también músico Solo Cissokho, con apariciones en el Festival Førde de Noruega colaborando con músicos cubanos, indios y escandinavos. En los años siguientes, Keita se mudó al Reino Unido, entretanto viajaba regularmente a España, Francia, Portugal, Grecia y la República Checa, además de tocar en festivales tan prestigiosos como el WOMAD o el de Glastonbury, tanto como solista como en colaboración con grandes figuras de la talla del violinista indio Subramaniam, el cantante senegalés Youssou N'Dour o el cantante y compositor británico Paul Weller, entre otros.

Catrin Finch nació en Llanon, Gales. Hija de madre alemana y padre inglés comenzó a aprender a tocar el arpa a la edad de seis años. A los nueve ya había aprobado su examen de arpa Grado VIII. Fue miembro de la National Youth Orchestra de Gran Bretaña a la edad de diez años, convirtiéndose en la más joven de sus miembros en tocar en los célebres conciertos de la BBC ‘The Proms’. Estudió arpa con Elinor Bennett y más tarde con Skaila Kanga en la Purcell School of Music de Londres. Durante la década de 1990, Finch ganó varias competiciones para jóvenes arpistas, incluido el Premio Nancy Richards y el Blue Riband en el National Eisteddfod de Gales. A día de hoy ha tenido innovadoras colaboraciones con diversos músicos como el gran intérprete de kora de Malí Toumani Diabaté.

Finch y Keita resultaron ganadores del fRoots Album Of The Year por el disco ‘Clychau Dibon’, además de obtener dos nominaciones a los BBC Radio 2 Folk Awards al mejor dúo y mejor canción tradicional. Y es que como se pudo comprobar en su concierto en Madrid, la química compositiva y ejecutante de estos artistas trasciende las fronteras entre los géneros de la música mundial, clásica, popular y tradicional.
  
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Fotografía de Finch y Keita © Fernando Torres 

sábado, 7 de octubre de 2017

La lomografía, una experiencia visual


En plena Era digital, en la que la fotografía experimenta cada día nuevos e importantes avances como son las excelentes prestaciones de las últimas cámaras réflex o el uso de los cada vez más sofisticados smartphones, asistimos también al resurgir de las cámaras instamáticas, como la emblemática Polaroid o la Lomo Instant. Y de igual forma se advierte una pujante vuelta a la fotografía analógica a tenor del reciente auge y las posibilidades que ofrece la lomografía.

Los mejores inventos nacen de las casualidades, pero también de una necesidad, como le ocurriría a Edwin Land con su Polaroid. Y es que el caprichoso azar propició que, a principios de los 90, Matthias Fiegl y Wolfgang Stranzinger, dos estudiantes austriacos, encontraran en un mercadillo de Praga por casualidad una curiosa cámara rusa llamada ‘LOMO’ (Lomo LC-A).

‘LOMO’ es el acrónimo de Leningradskoye Optiko-Mechanichesckoye Obyedinenie (Unión Mecánica Óptica de Leningrado), una compañía fundada en San Petersburgo en 1914. Sería el General Igor Petroviwitsch, mano derecha del Ministro de Defensa y de Industria de la Unión Soviética, quien en 1982 mostrara una mini cámara japonesa a su camarada Michael Panfilowitsch, director de la fábrica rusa especializada en armas y óptica. Panfilowitsch examinó la cámara observando la gran nitidez de su lente de cristal, su extrema sensibilidad a la luz y su robusto armazón.

La cámara en cuestión, objeto de aquel flagrante caso de espionaje industrial, no era otra que la nipona Cosina CX-1, que se copió con la intención de mejorar su diseño, creando así el primer prototipo de la rusa Lomo LC-A –que los espías de la KGB utilizaban para fotografiar planos secretos o armamento–, y que se exportó a países por entonces comunistas como Ucrania, Polonia, Checoslovaquia e, incluso, Cuba, dando lugar al fenómeno que vino después conocido como ‘lomografía’. Muy pronto el uso de estas máquinas fotográficas se extendería por Europa occidental.

Los descubridores que darían a conocer al mundo entero la Lomo Kompakt Automat (mejor conocida como Lomo LC-A), serían esos dos estudiantes de Viena que la adquirieron sin saber aún su trascendencia en el mundo de la fotografía experimental. En su recorrido por las calles de Praga realizaron fotografías fortuitas sin apenas mirar a través del visor de la cámara, de una forma casual y espontánea. A la vuelta de sus vacaciones, al revelar las fotos, para su sorpresa comprobaron que las instantáneas eran luminosas, de saturados colores, y transmitían con gran frescura la emoción del momento, advirtiendo las posibilidades artísticas que se derivaban de esa compulsiva práctica fotográfica.

Esa intensificación de los colores se debe a la lente gran angular llamada Minitar 1, que fue expresamente diseñada por el profesor Radionov. La singular lente se caracteriza porque da como resultado una mayor saturación de los colores en el centro de la imagen. Causa un efecto túnel, además de un oscurecimiento en las esquinas del encuadre, produciendo ese característico viñeteado. Mientras que su rudimentario mecanismo de enfoque, con sólo cuatro modos: 0,8 metros, 1,5 metros, 3 metros e infinito, hace que algunas fotos aparezcan algo desenfocadas, pero con un particular toque artístico. A lo que se suma la opción del disparador en modo ‘manual’, con largas exposiciones a baja luz, creando deliberadamente insólitas visiones.

El hallazgo de los estudiantes corrió de boca en boca y comenzaron a demandar cámaras al antiguo bloque soviético clandestinamente. Poco después se fundaría la Sociedad Lomográfica, que actualmente cuenta con más de 500.000 miembros.

A pesar de que en San Petersburgo la producción haya decaído, la Sociedad Lomográfica ha conseguido llevar las matrices de estos modelos a China, para evitar la escasez de máquinas en el mercado. Y está demostrando que la lomografía se ha convertido en algo más que una moda, es una popular forma experimental de expresión artística.

Más información

Página web oficial de Lomografía.

Enlace de interés


Fotografía ‘Otoño’ © Fernando Torres