jueves, 25 de junio de 2026

Retrospectiva de Minor White en Barcelona

El centro KBr presenta la primera gran retrospectiva en Europa del fotógrafo estadounidense Minor White, fundador y editor de la revista Aperture. 

Se trata de una extraordinaria panorámica completa de la obra de este artista, que se desarrolló vinculada a su personal concepción de la fotografía y que Minor White (Minneapolis, 1908-Boston, 1976) extendería a otros ámbitos estrechamente relacionados como son la docencia, la museística y la actividad editorial.

La exposición, que conmemora el cincuenta aniversario de su fallecimiento, se articula en torno a su trabajo organizado en secuencias fotográficas, que el autor consideraba esencial para dotar de significado a sus imágenes. Organizada en cuatro secciones, la muestra recorre el conjunto de su trayectoria, desde sus primeras fotografías, de ligera influencia pictorialista, hasta algunas otras que nunca serían exhibidas en vida del fotógrafo.

Esta selección se ha realizado principalmente a partir del legado de White que conserva el Museo de Arte de la Universidad de Princeton, depositario de su archivo. Se ha contado también con préstamos del Portland Art Museum, el Museum of Fine Arts de Houston y Aperture.

“La fotografía nunca domina mi vida, simplemente hay que hacerla junto con otro montón de cosas”, afirmaría White. Desde sus inicios, su trayectoria abarcó actividades diversas que se entrelazaban e influían mutuamente: la escritura, el comisariado de exposiciones, la edición y la enseñanza —para la que encontró en la revista Aperture una potente herramienta—, fueron para él igual de relevantes que la fotografía. En sus clases se fijaba en la diferente capacidad de concentración de sus alumnos para ayudarles a alcanzar el nivel más profundo en la comprensión de la imagen. Para ello se sirvió de distintas corrientes filosóficas e incluso de la hipnosis, prácticas que a menudo chocaban con el espacio eminentemente académico en el que impartía sus lecciones. En el MIT, sin embargo, logró crear un Laboratorio de Fotografía Creativa desde el que planteó un método docente alejado de los planteamientos rígidos y reglados que caracterizaban entonces la enseñanza de la fotografía.

Minor White fue una de las figuras más complejas e influyentes de la fotografía norteamericana del siglo XX no solo por su obra, sino por el debate que fomentó en torno al oficio. La exposición que le dedica la Fundación MAPFRE en su Centro de Fotografía KBr en Barcelona muestra su trabajo a partir de unas 250 fotografías de época, además de material de archivo y de una proyección de diapositivas a color.

Las obras se despliegan a través de un recorrido cronológico que pone el foco en sus series en forma de secuencias, su formato preferido para la presentación de fotografías de acuerdo con el principio que White defendía: “Cualquier fotografía vista por sí sola fracasará en el intento de comunicar. Se requiere un mínimo de dos fotografías o una fotografía con palabras”.

Para él, la fotografía, más que una reproducción del mundo afuera, era un espejo de su mundo interior. Uno definido por la tensión, por el tormento de su homosexualidad escondida. De ahí que el recorrido preste especial atención a la intensa carga introspectiva y espiritual que atraviesa los temas más recurrentes en la obra del fotógrafo: naturaleza, paisaje, retrato, desnudo.

Uno de los rasgos esenciales de su práctica es la organización de las imágenes en secuencias. Frente a la fotografía aislada, White entiende el conjunto como una estructura narrativa y reflexiva en la que las imágenes se relacionan entre sí, generando asociaciones, ritmos y significados.

La muestra incluye ‘Slow Dance’, la única secuencia en color publicada por el autor y presentada como una proyección dual de diapositivas, y una nutrida selección de interesantes trabajos no escogidos por White para la conformación de secuencias y que pivotan en torno a los mismos temas mencionados.

Del 18 de junio al 6 de septiembre de 2026.

Más información

Centro KBr. Fundación MAPFRE.

Fotografía ‘Parque Nacional de Grand Teton, Wyoming’ (1959) © Minor White

domingo, 21 de junio de 2026

‘Espectros. Enigmas de la mirada’

Fundación Casa de México, como sede oficial de PhotoESPAÑA, presenta este mes de junio y hasta el próximo 13 de septiembre, una muestra con las obras de varios artistas mexicanos.

La exposición colectiva ‘Espectros. Enigmas de la mirada’, comisariada por la investigadora y artista mexicana Laura González-Flores, la integran siete jóvenes fotógrafos mexicanos de reconocida trayectoria, a saber: Adriana Calatayud, Alinka Echeverría, Cannon Bernáldez, Humberto Ríos, Laura Cohen, Paola Dávila y Tomás Casademunt, que ofrecen su personal visión de la realidad plasmada en sus enigmáticos trabajos.

Y es que, más allá de su función plástica, expresiva y de catalogación de la realidad material, la fotografía, en su desarrollo histórico y evolución, ha ido experimentando siempre imaginativos procesos para reflejar distintas formas de percibir esa realidad. Así, mediante la práctica de diversas manipulaciones técnicas u ópticas, generar sorprendentes visiones, imágenes ambiguas, sugerentes y espectrales.

Esta exposición reúne el trabajo de unos fotógrafos cuyas obras invitan a ir más allá de la mera identificación de lo visible. Excéntricas en su forma y rigurosas en su proceso, estas obras requieren una mirada atenta, sostenida en el tiempo, y una disposición a cuestionar aquello que la imagen parece afirmar.

En estas series el enigma de la mirada del artista se hace patente, y sin agotar el sentido en lo fotografiado, la contemplación de las imágenes activa en el espectador otras resonancias imaginarias, empleando para ello técnicas muy variadas, algunas mediante procesos de los tiempos de los inicios de la fotografía. Desde la cianotipia a la piezografía, pasando por la fotografía estenopeica o la impresión en gelatina de plata. Por esto, la propuesta curatorial plantea un espacio de contemplación crítica, en el que la visita pueda tener una experiencia sensorial compartida.

Laura González-Flores es doctora en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. Desde 1992, su trabajo se enfoca a la investigación, docencia y curaduría de las imágenes técnicas: la fotografía, el cine, pero también la escultura, la gráfica. Busca llevar el rigor de la investigación teórica al amplio ámbito social del arte: a los archivos, a museos, publicaciones y programas estatales y privados, así como al trabajo colaborativo con los creadores. 

El recorrido de la muestra comienza y finaliza con las obras de Humberto Ríos y su serie ‘Suspending Time’, utilizando técnicas fotográficas ya en desuso, obsoletas o anacrónicas en tiempos de la fotografía digital.

La artista Cannon Bernáldez presenta el proyecto llamado ‘Miedos’. Una galería de imágenes cuyas dimensiones son intencionadamente pequeñas, con las que logra que el espectador se acerque para observar un inventario de temores infantiles, sutilmente revelados, pero inevitables y terribles. En este caso, el ocasional viñeteado genera además cierto efecto túnel, propiciando una sensación inmersiva.

En el caso de Alinka Echeverría, la espectralidad tiene una trascendencia política. La fotógrafa cubrió como periodista el funeral de Nelson Mandela y en su serie ‘M-theory’ quiso recordar que, a causa del apartheid, Mandela no estuvo solo ni en la cárcel ni en la lucha contra el racismo en Sudáfrica. Tras una ardua búsqueda, la artista encontró a nueve de sus compañeros de prisión y a partir de sus huellas biométricas generó paisajes que nos hablan de sus vidas y destinos.

Tomás Casademunt recurre a voluminosas cámaras estenopeicas para fotografiar, semana a semana, el proceso de construcción de grandes edificios, fusionando las instantáneas anteriores y posteriores en una misma imagen. Su proyecto implica para su elaboración el trabajo de meses, dando unos frutos casi abstractos, y que recuerdan a los procesos de las primeras fotografías de la historia.

Entre las imágenes más poéticas de la muestra se encuentran las de Paola Dávila, que en ‘Mareas’ empleó la técnica de la cianotipia, dejando que otros agentes naturales como la salinidad del mar y el sol contribuyeran a la creación de sus imágenes. Los títulos de cada obra se corresponden con las coordenadas donde se tomó cada una, en Baja California.

Por su parte, Adriana Calatayud trabaja los paisajes en los que no importa el detalle de lo que vemos, sino lo que en ellos ha sucedido sin que lo viéramos: desapariciones de personas derivadas del tráfico de órganos. Aunque nunca muestre una violencia explícita. El proyecto lleva por nombre ‘Cementerios silenciosos’ y ha devenido un archivo opaco de zonas para la vergüenza.

Las imágenes de Laura Cohen parecen querer señalar la persistencia de la vida en seguir adelante. Se trata de varios ejemplares de plantas tropicales mexicanas que parecen flotar, suspendidas en el tiempo. Y se produce ese efecto porque las plantas fueron captadas en un acuario y gracias a un elaborado ejercicio de iluminación.

Más información

Casa de México/PhotoESPAÑA.

Enlaces de interés

Adriana Calatayud, Alinka Echeverría, Cannon Bernáldez, Humberto Ríos, Laura Cohen, Paola Dávila y Tomás Casademunt.

Fotografía ‘Espectrografías’ © Tomás Casademunt

domingo, 14 de junio de 2026

Richard Avedon. ‘In the American West’

Dentro de su programación de verano, la Fundación MAPFRE muestra la monumental serie de retratos del gran fotógrafo neoyorquino Richard Avedon.

Paralelamente a la actual ‘The Americans’ de Robert Frank, presentada hace tan solo unos días en el Espacio Fundación Telefónica, Fundación MAPFRE inauguraba la pasada semana en su sede madrileña la gran exposición ‘In the American West’ de Richard Avedon, comisariada por el historiador y curador de fotografía francés Clément Chéroux.

Buscado o no, esta coincidencia en el tiempo y el espacio –pues ambas series se muestran simultáneamente en Madrid estos días– nos provoca el indefectible impulso comparativo al observar que la relación esencial entre ‘The Americans’ (1958) de Robert Frank y ‘In the American West’ (1985) de Richard Avedon reside en la voluntad compartida por los dos fotógrafos en cuanto a desmitificar el “sueño americano” y revolucionar la iconografía oficial de los Estados Unidos como representativa del país. Los dos proyectos nacieron de sus extensos viajes por carretera a lo largo del territorio. Sin embargo, utilizaron enfoques formales, estéticas y métodos radicales y opuestos para retratar a las clases olvidadas y marginadas de la sociedad norteamericana.

Obviamente, entre los trabajos de uno y otro –separados en el tiempo casi tres décadas– hay otras diferencias como son la técnica y la mirada del fotógrafo; la de Frank, como suizo recién llegado a un país desconocido, es la del extranjero que, para captar las imágenes en formato de 35mm, con ese particular grano e imperfección, empleó su cámara Leica, retratando de forma explícita el contexto social del individuo, con un enfoque narrativo poético, espontáneo y fluido; la de Avedon, neoyorquino acreditado en fotografía de moda, es la mirada nativa, para la cual se vale de la cámara de gran formato (8x10) y el trípode, lo que le permite realizar fotografías de una extrema nitidez. Y así capturar al sujeto aislado, sobre fondo blanco, con un enfoque psicológico, directo, en un posado de estudio al aire libre.

Fallecido en 2004, Richard Avedon fue el fotógrafo estadounidense más importante de su generación. Para el trabajo ‘In the American West’, Avedon viajó durante cinco años, conociendo y fotografiando a la gente sencilla del Oeste: rancheros, obreros, camareros, carniceros, mineros, jugadores, convictos, vagabundos o feriantes.

El libro resultante incluye 110 fotografías en blanco y negro de exquisita impresión, un ensayo de Avedon sobre sus métodos de trabajo y su filosofía del retrato, un diario del proyecto escrito por Laura Wilson y un prólogo de John Rohrbach. Aclamada como la obra maestra de Avedon, el proyecto surgió a partir de un encargo propuesto en 1979 por el Amon Carter Museum of American Art de Fort Worth, Texas, que culminó con la publicación del fotolibro homónimo y la organización de una exposición en dicho museo en 1985.

El 4 de julio de 1978, Día de la Independencia de Estados Unidos, el retrato de Wilbur Powell tomado por Avedon en su rancho de Ennis, Montana, apareció en Newsweek. Powell era el capataz de Avedon, al que había cuidado durante una convalecencia del fotógrafo. La imagen de aquel “hombre normal excepcional”, en palabras del propio Avedon, simbolizaba, en este contexto, la identidad nacional. La imagen llamó la atención del director del Amon Carter Museum, que albergaba una colección única de fotografías en torno al Oeste americano, quien propuso a Avedon dar continuidad al proyecto. Así nacería ‘In the American West’.

Más información

Richard Avedon. In the American West, 1979-1984.

Enlace de interés

Clément Chéroux/Fondation Henri Cartier-Bresson.

Fotografía doble James Lykins, oil field worker, Rawson, North Dakota, August 17, 1982 © The Richard Avedon Foundation & Sandra Bennett, twelve years old, Rocky Ford, Colorado, August 23, 1980 © The Richard Avedon Foundation

Photography Amazon cortesy of the book In the American West (1979-1984)
 

sábado, 6 de junio de 2026

Benjamín Labatut. El fenómeno empezó allí

El destacado escritor y periodista chileno nos visitó en Madrid con motivo de la reaparición de su primer libro, ‘La Antártica empieza aquí’, inicialmente publicado en Chile.

Antes de que su nombre se convirtiera en un ineludible referente para pensar en los grandes interrogantes de la ciencia y sus relaciones con el vértigo, la destrucción y la locura, Benjamín Labatut (Rotterdam, Países Bajos, 1980), que tras pasar su infancia en La Haya, con catorce años establece su residencia en Santiago de Chile, escribiría allí el libro de su debut literario. ‘La Antártica empieza aquí’ lo compone una selección de seis cuentos que, ya en un estado germinal, anticipaba las obsesiones que iban a marcar su posterior literatura.

Publicados originalmente en 2010, y revisados por el autor para esta nueva edición, los relatos presentan una serie de historias en las cuales la realidad se altera y la experiencia humana se vuelve extraña. Seis narraciones atravesadas por la sensación de una amenaza imprecisa y de una violencia latente en las que una pequeña decisión puede trastornarlo todo. Aquí, la Antártica, más que un lugar o un destino físico, es una frontera: el límite tras el cual se encuentra la muerte o la revelación, el umbral donde el lenguaje comienza a fallar y el ser humano se expone a su enorme fragilidad.

Ya en su primer libro, Benjamín Labatut demuestra una sensibilidad capaz de sugerir abismos sin necesidad de mostrarlos, y nos arrastra a una zona donde la amenaza del colapso es total. Leído hoy, este volumen adquiere un valor especial: no solo es el punto de partida de una de las voces más singulares de la literatura actual, sino que permite conocer el mito de origen de un autor que interrogará, con una lucidez implacable, los límites del mundo y de la mente. Porque en sus páginas late la pregunta que anima toda su obra: ¿qué ocurre cuando el ser humano se aproxima demasiado a lo que no puede comprender?

En este iniciático libro Labatut no da las respuestas, pero deja en el lector una huella persistente: una sensación de frío helador que permanece incluso tiempo después de haber finalizado su lectura.

Pero realmente el fenómeno Labatut alcanzaría su más absoluta consagración internacional con ‘Un verdor terrible’ (2020), obra con la que queda finalista en el International Booker Prize. En ella el autor explora la frontera entre la genialidad científica de figuras como Schwarzschild o Heisenberg y la locura autodestructiva. 

Le siguió ‘La piedra de la locura’ (2021). Breve ensayo en el que indaga en el caos de la realidad contemporánea, la pérdida de certezas colectivas y las teorías conspirativas, conectando obras de arte con la locura matemática.

Y la novela ‘MANIAC’ (2023). Un ambicioso tríptico que explora los límites del pensamiento lógico, centrado en la perturbadora mente de John von Neumann y el nacimiento de la inteligencia artificial moderna.

En 2024, de las seis lecturas seleccionadas por profesores de la institución académica Esade para sus alumnos, dos de ellas fueron de Benjamín Labatut: ‘Un verdor terrible’ y ‘MANIAC’. Los cuatro libros restantes correspondían a obras de los autores D. Epstein, T. Eisenmann, E. Klinenberg y S. Mancuso.

Más información

Encuentro con Benjamín Labatut. ‘La Antártica empieza aquí’.

Fotografía de Benjamín Labatut © Fernando Torres