domingo, 21 de marzo de 2010

Vila-Matas presentó ‘Dublinesca’


Se ha escrito mucho sobre el azar, la casualidad o las sorprendentes coincidencias que, quien más quien menos, todos hemos vivido alguna vez. Desde una perspectiva científica, como así lo hiciera el psiquiatra suizo Carl G. Jung, o en el ámbito de la literatura, como es el caso del escritor norteamericano Paul Auster, muchos han sido los que han reparado de forma especial en ellas; de una forma más cotidiana quizá, todos hemos sido o seremos alguna vez en nuestras vidas testigos de esas “sincronías del destino”.

Personalmente, la curiosa coincidencia metaliteraria que he tenido la ocasión de presenciar y vivir en carne propia se produjo el día 23 de diciembre de 2007. Estando en París, tomando un café en Les Deux Magots, cuando eran exactamente las 17´30 horas, vi entrar en el establecimiento, por la puerta del chaflán y acompañado de una mujer a la que no tengo el gusto de conocer (más tarde he sabido que se trataba de su mujer, Paula de Parma), al escritor catalán Enrique Vila-Matas.

En aquellos momentos yo leía El País del día anterior, es decir, el del sábado, pues lo había comprado en domingo debido a que, estando unos días de asueto en París, me había olvidado totalmente de hacerlo cuando correspondía. Lo encontré por casualidad en un quiosco de periódicos del bulevar Saint-Michel, y lo había comprado principalmente por el suplemento literario Babelia. Pero unas páginas más adelante, mientras daba un repaso a sus titulares, pronto comprendí, o supuse, que, sin duda, Vila-Matas estaba en París debido a una desafortunada razón: su editor francés, Christian Bourgois, había fallecido en París a los 74 años, como pude comprobar en el artículo del periódico que tenía entre mis manos en aquel instante.

Y es que, como dice el propio Vila-Matas, “hay episodios de nuestra vida dictados por una discreta ley que se nos escapa”.

Tiempo después, con ocasión de la presencia del escritor en Madrid para presentar su libro ‘El viento ligero en Parma’ (conjunto de relatos, ensayos y reflexiones sobre escritores, libros, anécdotas y ciudades), que editó Sexto Piso en 2008, le comenté que nos habíamos visto en dos ocasiones: primero, en la Complutense, con motivo de su coloquio sobre Marguerite Duras; y segundo, naturalmente, le hablé de nuestro casual, y para mí más que anecdótico, encuentro en París antes referido.

Sin embargo, Vila-Matas me aclaró que él tenía ya programado de antemano ese viaje a París con su mujer, antes de conocer la noticia del fallecimiento de su editor francés, Christian Bourgois. Si bien sabía perfectamente que padecía una enfermedad desde hacía algún tiempo, y estaba al corriente de su precario estado de salud. Coincidiendo las fechas de su estancia en la capital gala con la de la luctuosa noticia del fallecimiento. En un año infausto, por ser también el de la muerte del escritor Julien Gracq, el 22 de diciembre, es decir, el día anterior al de nuestro encuentro en Les Deux Magots, y que el escritor me recordó en aquella breve charla tras la presentación del libro en Madrid. Un libro en el que precisamente recoge de forma cotidiana sus impresiones acerca de escritores como Bolaño, Gombrowicz, Beckett, Pitol o Pessoa, entre otros.

El pasado día 18 de marzo, de nuevo en el foro de la Universidad Complutense de Madrid, en la sala de la biblioteca histórica Marqués de Valdecilla, en esta ocasión acompañado del escritor Ray Loriga, Enrique Vila-Matas presentó su última y esperada novela ‘Dublinesca’, editada ahora por Seix Barral, su nueva editorial tras la polémica marcha de Anagrama, al parecer por un “incidente”, como medio aclaró en el acto el escritor catalán.

En el turno de preguntas, al finalizar el coloquio, alguien del público formuló la consabida pregunta respecto a Herralde:

Pregunta: Maestro Vila-Matas, ¿el personaje de Samuel Riba, el del editor, está inspirado en su editor de toda la vida, Jorge Herralde?

Respuesta: Eso se ve claramente en la primera página del libro. Samuel Riba está arruinado y, que yo sepa, Jorge Herralde no.


Más información

Página web oficial de E. Vila-Matas


Enlace de interés

Enrique Vila-Matas and Paul Auster in Conversation


Fotomontaje: fotografías de
© Xavier Torres-Bacchetta
© Archives du 7eme Art/Photos/Alamy

sábado, 13 de marzo de 2010

El retrato de Amélie Nothomb

“Hay gente que nos tacha de provocadores, pero creo que más que una provocación, nuestras obras expresan una forma de ver la vida de forma más abierta y comprensiva. Nuestro trabajo se dirige a todo el mundo y trata de comprender las diferencias. Es un alegato por la tolerancia”. Pierre et Gilles.

El kitsch con reminiscencias “ouka leelianas” de Pierre et Gilles, ha sido elegido en esta ocasión para ilustrar con acierto la portada de la última novela de Amélie Nothomb, Le fait du Prince, editada en España con el título ‘Ordeno y mando’, en la que la escritora nos sumerge de nuevo en una original atmósfera entre kafkiana y absurda, para narrar una sorprendente historia de amor.

Una novela negra que empieza con un invitado asesinado en la casa del anfitrión, que curiosamente resuelve la situación haciéndose pasar por el muerto, y un misterioso consejo que alguien da durante la cena que allí se celebra:

“Si un invitado muere repentinamente en su casa, sobre todo no avise a la policía”…

Pierre y Gilles son dos fotógrafos franceses que llevan más de 30 años reinventando la fotografía popular con una estética que quiere ir más allá de lo kitsch. Para ello comenzaron rompiendo los moldes de la por entonces de moda fotografía en blanco y negro, dotando a sus fotos de un velo de irrealidad. Sus trabajos han sido destinados a campañas gráficas de diversa índole, desde la revista Playboy o Cover Arts, a portadas de discos de Amanda Lear, o los desfiles de moda de Thierry Mugler.

Abanderados del orgullo gay, han fotografiado a personajes de todo tipo, desde Serge Gainsbourg o la actriz Catherine Deneuve, a Madonna. Siempre con un estilo barroco y artificioso como lo es, por cierto, también la reciente fotografía de la española Ouka Leele, ‘El pequeño príncipe’. En ambos estilos fotográficos la práctica habitual ha sido siempre el retoque a mano, coloreándolas con pinceles, si bien en los últimos tiempos se viene empleando asimismo el tratamiento digital.

Sin tabúes ni límites –inspirados en el cine, la televisión o la música–, los elementos recurrentes en la fotografía de estos artistas van desde la utilería sadomasoquista, la imagineria del arte religioso o la iconografía marinera, al erotismo del burlesque.

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Fotografías de Pierre et Gilles
'Ordeno y mando' de Amélie Nothomb
Foto de Amélie Nothomb © Môsieur J.

jueves, 4 de marzo de 2010

Freya y 'El Anillo de Fuego’



Un terremoto de 8,8 grados Richter ha sacudido Chile y desplazado el eje de la Tierra ocho centímetros.

La naturaleza o Gea, o quizá la Gaia de J. Lovelock; la Pachamama de quechuas y aymaras, o la Madre Tierra –donde las gentes que habitan estos enclaves andinos viven con una gran espiritualidad–, ha mostrado aquí su colosal poder interior. Unas veces exhalando, a través de sus volcanes, gases, vapores, lava y materias ígneas, según sea su estado; pero otras, como ha sido en esta ocasión, de nuevo se convulsiona en forma de terremoto. En el perímetro geológico de la cordillera chilena, y a escasos días del gran cataclismo de Haití.

El llamado ‘Cinturón de Fuego’, situado en el Océano Pacífico, abarca las costas de Chile, Perú, Ecuador, Colombia, todos los países centroamericanos (Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala) México, los Estados Unidos, Canadá, luego dobla a la altura de las Islas Aleutianas y baja por las costas e islas de Rusia, China, Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Australia y Nueva Zelanda.

En el Cinturón de Fuego del Pacífico convergen algunas de las zonas de subducción más importantes del mundo. Las placas de la corteza terrestre se van hundiendo irre-misiblemente en otras placas, y este fenómeno va acumulando grandes tensiones que deben liberarse en forma de sismos. Según los geólogos, el 90% de la energía sísmica mundial se libera en esta parte del planeta.

Pero por muchas descripciones científicas que los expertos nos aporten, sólo quienes han vivido en sus carnes un terremoto, saben a ciencia cierta lo que es y lo que sus efectos suponen. La escritora chilena de poesía, Freya Hödar, ha padecido éste último sismo cuando se encontraba en Santiago, la capital de Chile, y así me lo relató de primera mano.


“La verdad, Fernando, las cosas que veo por mi región, mi ciudad, no son ni la mitad de lo que pudiera ser un impacto fotográfico, en el lugar geográfico donde hubo terremoto y maremoto, allí no quedó nada, ni puertos, ni playas, ni calles, ni casas, y el ambiente es de asco. Los peces que dejó el maremoto se pudren junto con los muertos a los que no se sabe donde darles entierro, pues hasta los cementerios han sido destrozados, los huesos de los muertos repartidos por todos sitios. Luego la pérdida de seres queridos que tienes a ojos vista, pero el dolor de los familiares de los desaparecidos es brutal, porque no tienes evidencia sino sospecha llena de ilusiones... Es brutal. Reos de las cárceles se escapan, viene luego la parte animal descerebrada del ser humano, el saqueo a mano armada, no sólo a supermercados, tiendas, etc, sino a los pobladores que cuidan las pocas pertenencias que rescataron y que duermen al lado de estas para no tener la sensación de haberte quedado sin nada de nada y luego se van a los barrios para asaltar las casas, es ahí donde entro a veces en pánico. A veces en las noches cuando siento ruidos me da miedo, aunque no soy miedosa. Y el corte de la energía eléctrica es constante, eso me pone nerviosa, pero en fin...

Vienen las enfermedades, pues no hay abastecimiento y el hambre te deja comer todo, lo podrido, lo que encuentras de la tierra, en fin, hasta los ratones hacen fiesta de miedo. Eso es en los lugares geográficos donde hubo terremoto y maremoto. Viña del Mar sólo sufrió terremoto, los edificios se “sentaron” vergonzosamente, se inclinaron hacia delante. Y ver las caras de la gente cuando los hacen desalojar sus departamentos, sin tener idea de adónde se van, dónde dejarán sus cosas, y quién les responderá algún día por sus propiedades…

Desde mi balcón veo todos los barcos cargueros a la deriva en medio del mar, el puerto está cerrado, una ola arrasó con maquinaria, es bonito el espectáculo, pero cuando sabes el porqué estremece. Es hermoso también ver cómo la juventud de las universidades coopera, se organizan para la ayuda voluntaria. Me he ido a inscribir a la Cruz Roja, pero es tanta la gente que desea cooperar que creo ha sido más bien un saludo a la bandera, pero al menos algo es algo.

Fallecidos hay 796 personas, es la cifra hasta el momento, pero falta mucho por encontrar y muchísimos desaparecidos.

El coletazo del maremoto en Viña del Mar produjo grandes marejadas, nada más, además en Viña del Mar fue grado 7.5°, en Santiago, que fue donde me pilló, fue 8.5°, ondulante y con un estremecedor ruido subterráneo

No hay abastecimiento aún, y se aprovechan, no aceptan cheques sino cash, suben los precios de todo, es decir da una ira que ni te digo, una impotencia bárbara y yo que soy mula doy la media vuelta y no compro nada, será hasta que me queden salchichas y huevos... Total me siento privilegiada después de ver tanto horror, horror que da miedo.

Un abrazo amigo, gracias por acompañarme”.


Un abrazo, Freya.


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Poemas de Freya Hödar Nistal

jueves, 18 de febrero de 2010

Pat Metheny, ‘The Orchestrion Project’


El guitarrista Pat Metheny está de gira por España, las fechas son el 18 de febrero en Madrid, el 19 en Valladolid, el 20 en Logroño, y el 21 en Barcelona.

Han pasado ya quince años de aquel ‘We live here’ y la correspondiente gira que trajo al músico a tocar en varias ciudades españolas. En años anteriores habían sido premiados con disco de platino los trabajos ‘Still Life (Talking)’, ‘Letter from Home’ y ‘Secret Story’. Desde mediados de los setenta, Pat Metheny viene dando entre 120 y 240 conciertos al año, siendo España uno de sus países favoritos.

Aquel 4 de mayo llegué muy pronto al polideportivo donde, a las 9 de la noche, daba comienzo el concierto que el guitarrista Pat Metheny ofrecía en Toledo, perteneciente a la citada gira mundial de 1995, ‘We live here’, presentando los temas del disco homónimo. Un concierto que ya había ofrecido recientemente en Madrid, en el por entonces viejo Palacio de los Deportes, en el centro de la capital.

Después de adquirir la entrada, debí matar bastante el tiempo hasta el inicio del concierto, por lo que deambulé por el lugar con mi habitual avidez por curiosearlo todo. Finalmente accedí a una sala diáfana, de paredes blancas, vacía excepto por un banco de madera como los que suelen haber en los gimnasios.

Ya me iba de allí, en vista del panorama desolador, cuando de la puerta color gris claro que casi se confundía con el resto de los muros, salió Pat acompañado de un hombre de rasgos latinos al que no identifiqué en ese momento. Pero más tarde supe que se trataba del periodista mexicano Néstor Moreno Pérez.

Viendo que ambos se sentaban en el único banco del recinto, yo hice lo propio y me senté junto a ellos al tiempo que, para disimular, simultáneamente le extendía el flyer publicitario de la gira, en el que aparecía con la Ibanez de caja, para que me lo autografiara. Cosa que hizo con suma amabilidad y sin oponerse a que compartiéramos asiento.

Allí estuvimos los tres solos durante los diez o quince minutos que duró la entrevista. Luego, Pat regresó al escenario para continuar con los preparativos y ajustes de sonido correspondientes. El espectáculo empezaría una hora más tarde.

En esta nueva ocasión se trata del tour del ‘Orchestrion Project’, que según declaró el propio Metheny, “es una forma completamente nueva, distinta de hacer música, y el público debe esperar algo que nunca se ha visto ni oído”.

Para el nuevo disco, que hoy presenta en Madrid, el siempre innovador guitarrista estadounidense ha prescindido del ‘Pat Metheny Group’ y de los innumerables músicos con los que ha tocado, para rodearse de una serie de complejos artilugios mecánicos, solenoides y dispositivos neumáticos como banda de acompañamiento.

Sin embargo, este ingenio mecánico tiene su inspiración en un instrumento de finales del siglo XIX conocido como ‘pianola’, cuyas teclas eran pulsadas mediante la rotación de un cilindro de papel al que previamente se le habían hecho las perforaciones que se traducirían en música.

En este caso es Pat Metheny, no el rodillo de papel, quien, tocando la guitarra, dirige la ‘Orchestrion’, ejecutando así también el resto de instrumentos: pianos, bajos, gaitas, bongo, marimba, vibráfono... Todo un hombre orquesta creando ambientes sonoros como sólo él sabe hacerlo.


Más información
Página web oficial de Pat Metheny



'We live here' - World tour 1995 (Japan)

miércoles, 10 de febrero de 2010

Miquel Barceló y su 'solitude organisative'


El centro de arte CaixaForum de Madrid inaugura una gran retrospectiva de Barceló que reúne 200 obras del artista comprendidas entre 1983 y 2009.

"Mi vida se parece a la superficie de mis cuadros". Miquel Barceló

La multiforme obra de Barceló (Felanitx, 1957) muestra desde todos sus ángulos, y a lo largo de todos estos años, la personalidad genial de este pintor mallorquín, autor de la polémica cúpula de la llamada “Capilla Sixtina de la ONU” –Rodrigo Rey Rosa escribió un libro donde narra cómo fueron los nueve meses de trabajos de la cúpula–, plasmada en volumétricas manifestaciones artísticas que llenan el espacio euclídeo de este foro de exposiciones con formas y colores que abarcan desde la escultura o la cerámica, a la pintura o los dibujos en grandes lienzos, acuarelas o cuadernos. Y donde, asimismo, Barceló nos señala que “no hay una sola visión del mundo, sino perspectivas”.

Pero Miquel Barceló es también un gran aficionado a la Literatura, con la que tiene una relación de reciprocidad. El galerista suizo Bruno Bischofberger publicó en 1992 ‘Too far from home’ (Muy lejos de casa), relato de Paul Bowles inspirado en la vida del pintor en Gao (Malí), junto al río Niger, con ilustraciones del propio Barceló que, junto a otras novelas de Bowles, fue editado por Seix Barral poco después –hay que decir también que Bowles tradujo al inglés varias obras de Rodrigo Rey Rosa–. Unos años más tarde, apareció la versión francesa del libro de Bowles de Austral Editions Koehler (París), que llevó por título ‘La Boucle du Niger’, igualmente ilustrada con las acuarelas del mallorquín.

En su residencia parisina, la cual alterna con Mallorca y Malí, Barceló posee una biblioteca que cuenta con los libros del escritor americano que fue su amigo, y a quien conoció bien. El desierto, que descubrió en su primer viaje a África, en Malí, fue para el pintor una experiencia inspiradora de la trayectoria artística de los últimos años –entre esos trabajos, uno de ellos fue la portada de uno de los últimos libros de Rey Rosa, ‘La otra orilla’, que no conoció Bowles–.

Entre sus múltiples proyectos, el pasado año realizó un viaje por las estribaciones del Himalaya, más próximo al ámbito en el que se desarrollan las novelas de Peter Matthiessen y de Alexandra David-Neel –autores que ha leído y que quizá llevara en la mochila en edición impresa porque rehúsa leer en e-book–, y donde recordó, como sólo se hace cuando se está “muy lejos de casa”, su refugio africano en el País Dogón, su nueva casa-taller en Gogoli.

La exposición 'Miquel Barceló. 1983-2009. La solitude organisative', organizada por la Obra Social “la Caixa” y comisariada por Catherine Lampert, podrá verse en Madrid del 10 de febrero al 13 de junio de 2010. Posteriormente viajará a CaixaForum Barcelona.

Enlaces de interés

Fundación ONUART

‘El mar de Barceló’, Rodrigo Rey Rosa

‘Muy lejos de casa’, Paul Bowles

Exposición de la Fundación “la Caixa”
Miquel Barceló, ‘La solitude organisative’

Fotografía © EFE/ONUART

sábado, 30 de enero de 2010

Entre el centeno y J. D. Salinger

El pasado 27 de enero fallecía Jerome David Salinger, conocido autor de la novela ‘El guardián entre el centeno’.

Algunas experiencias vividas en la infancia nos marcan, moldean el carácter y perduran en la memoria con más claridad incluso que las vivencias experimentadas durante nuestra adolescencia. Recuerdo de forma diáfana e im-borrable algo que, siendo niño, por alguna inexplicable razón, se grabó para siempre en mi retina una soleada mañana de domingo en el campo.

Estando en una parcela de terreno aledaño a alguna carretera comarcal entre Madrid y Burgos, jugaba con un balón de fútbol –del que me parece ahora también estar percibiendo su peculiar olor a cuero nuevo–, cuando éste, tras una patada, fue a caer en una zona de paja alta, entre unas espigas silvestres. Cuando me acerqué allí a recoger la pelota, una de esas espigas de cereal quedó a escasos centímetros de mis ojos, y pude entonces observar con detalle cómo destacaba por su aspecto oscuro sobre el trigo dorado por el sol de aquel mediodía deslumbrante, una protu-berancia extraña con la forma de un pequeño cuerno que, a mi modo de ver de niño curioso, no se correspondía con el resto de la planta.

Con los años y la lectura, he sabido que aquello que vi tan de cerca en aquella ocasión adherido al grano de una espiga –la única vez en mi vida, por cierto– se trataba del cornezuelo del centeno, un hongo parásito que afecta a estos cereales.

En la Europa Central del medievo, el cornezuelo del centeno fue el causante de una enfermedad que vino en deno- minarse “Fuego de San Antonio”, por San Antón Abad, prior de la abadía de un pueblo francés llamado Dauphiné, al que acudían las gentes aquejadas de esta dolencia causada por el consumo de granos infectados por el hongo, y con los que elaboraban el pan de centeno. Lo que hoy se conoce como ergotismo y que entonces provocaba desde vómitos a gangrena, pasando por cefaleas y alucinaciones según fuera la gravedad que presentara la enfermedad.

Ahí no queda todo. Casi por casualidad, en 1943, el químico suizo Albert Hofmann consigue sintetizar a partir de ese hongo la amida del ácido lisérgico o LSD; probando previamente él mismo –de forma fortuita e involuntaria– sus efectos. Según relató, se sintió “en un estado parecido al del sueño; con los ojos cerrados encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante; con una imaginación extremadamente estimulada, percibía un flujo ininte-rrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos”.

Pero el título de la obra de Salinger en realidad hace referencia –a través del protagonista, Holden Caulfield– a la letra de un poema que versa acerca de un “guardián entre el centeno” que impide que “los niños caigan en el precipicio”. Nada que ver con el hongo referido, aunque el cornezuelo del ergotismo haya sido metafóricamente también para mí el “guardián” de una puerta que, como lo hace la Literatura –en este caso la de Salinger–, nos da acceso a esos otros mundos sutiles que percibimos reales, pero son ilusorios o al menos pertenecen a una realidad que nos es ajena.

La razón principal por la que esta novela fue criticada cuando se publicó en 1951, además de por su lenguaje calificado de ofensivo para narrar la sexualidad y la problemática de los adolescentes de su tiempo, fue por tratar temas como la prostitución, el alcohol o las drogas.

Treinta años después de publicarse, la primera novela de Salinger era el libro más prohibido, pero también uno de los de lectura obligatoria en los institutos de Estados Unidos. En la actualidad, es uno de los diez libros más leídos, y tristemente recordado por ser el libro que llevaba consigo cuando lo detuvo la policía Mark David Chapman, el asesino de John Lennon.


A ‘El guardián entre el centeno’ la siguieron ‘Nueve cuentos’ (1963), ‘Franny y Zooey’ (1961), ‘Levantad, carpinteros, la viga maestra’ (1963) y ‘Seymour: una introducción’ (1963). En 1965 se retiró al campo, en New Hampshire y no volvió a escribir hasta que en 1997 publicó ‘Hapsworth 16, 1924’.

sábado, 16 de enero de 2010

El Haití de Wade Davis


Haití, el país de los practicantes de la magia del vudú –cuyas verdaderas raíces están en la lejana África, fruto del sincretismo entre las creencias en los zombies provenientes de aquellos esclavos que fueron trasladados desde Guinea a las Antillas y otras tribus y ritos africanos, y las prédicas de los misioneros–, ha padecido los efectos, hasta hoy día impredecibles con exactitud, de un terremoto que ha provocado hasta ahora la muerte de más de 50.000 personas.

El Haití de la pobreza anterior a estos trágicos días, con un 70% de la población sumido en la miseria, no distaba mucho del que visitó en 1982 el explorador, antropólogo, etnobotánico y biólogo canadiense, Wade Davis, que en la crónica del viaje y en la elaboración de su informe científico narra como un hombre llamado Beauvoir le pone en contacto con el ‘bokó’ o hechicero del lugar, el maestro en el arte de utilizar venenos y sustancias tóxicas en sus prácticas rituales; o el brebaje que el brujo suministra a su víctima, el llamado “poudre” o polvo zombi, que contiene una sustancia denominada Tetradotoxina, capaz de provocar el estado cataléptico. Una sustancia extraída de un pez llamado “tetraodon”, Diodon hyxtrix.

El bokó Marcel le muestra toda una suerte de venenos provenientes de lagartos, gusanos anélidos de la familia de los Polychaeta, pez globo (Sphoeroides testudineus) e, incluso de un gran sapo, el Bufo marinus, el cual segrega, a través de unas glándulas que posee en la parte posterior de la cabeza, una sustancia química muy activa. Marcel, como ‘houngan’ a su vez, también le hace partícipe de la composición de un antídoto obtenido poniendo en un mortero áloe (Aloe vera), guayaca (Guaiacum oficinale), cedro (Cedrela odorata), bois ca-ca (Capparis cynophyllophora), bois chandelle (Amyris marítima) y cadavre gâté (Capparis sp.). Vegetales a los que se adicionaban huesos humanos pulverizados, virutas de una tibia de mulo y de un cráneo de perro mezclados con alcohol de caña y una solución comprada al farmacéutico local conocida como “magie noire” (magia negra). Todo esto daba como resultado un líquido verdoso con fuerte olor a amoniaco que debía usarse tópicamente.

Si el ‘bokó’ abraza el bien para corromperlo, la otra entidad en el vudú haitiano es la otra cara de la misma moneda, el ‘houngan’, quien debe de conocer el mal para combatirlo; éste último es a la vez psicólogo, médico, adivino, músico y un sanador espiritual. Como líder religioso y moral, debe equilibrar hábilmente las fuerzas del universo, aunque en la dicotomía de manifestar ser también, a la vez, ‘bokó’.

(Datos extraídos de ‘El Sendero del Chamán’).

Haití precisa salir de este estado de fatal catalepsia, muerte aparente y muerte cierta, y renacer de sus cenizas. El antídoto más eficaz ahora es la ayuda humanitaria internacional, un probable protectorado americano y la reconstrucción de Puerto Príncipe. El resto lo hará el tiempo y un pueblo de creencias muy arraigadas que abolió su propia condición de esclavos, sentando con ello el primer precedente en el Mundo del fin de la esclavitud.

Obras de Wade Davis sobre Haití:
'The Serpent and the Rainbow' (1985)
'Passage of Darkness: The Ethnobiology of the Haitian Zombie' (1988)

Fotografía Wade Davis fuente Flickr © M. Restrepo Uribe