Con motivo del centenario de Ediciones Gallimard, la BNF expone un siglo de historia intelectual a través de la trayectoria de una de las más prestigiosas editoriales de Francia.
El dandi Gaston Gallimard, entusiasta hedonista hijo de un aficionado a coleccionar libros raros y arte impresionista amigo del pintor Auguste Renoir, fundaría en 1911 en París la editorial que lleva su nombre. Pues, a fin de cuentas, la casa de Éditions Gallimard era en realidad la prolongación de la célebre NRF (Nueva Revista Francesa), en sus comienzos coordinada por André Gide y Jean Schlumberger; los mismos con los que Gallimard crearía, el 31 de mayo de ese año, Éditions de la Nouvelle Revue Française, con sede en el 79 de la Rue Saint-Lazare.
Al año siguiente, Marcel Proust le proponía a Gallimard la publicación de su manuscrito, ‘Del lado de Swann’. Obra que en un principio fue rechazada por el grupo, a pesar de la opinión favorable de Gallimard, por tratarse de un escritor frívolo, catalogado como de “Rive droite”. Dos años más tarde, percatándose del gran error cometido, Gide, Gallimard y Rivière tratan de recuperar a Proust, que por entonces publicaba en Grasset, la editorial de la competencia con domicilio social en la Rue des Saints-Pères. La obra de Proust, primer volumen de La Recherche, reaparece publicada en 1917, por fin engrosando ya el catálogo de la NRF. En aquel tiempo la guerra había disgregado a muchos autores y colaboradores de la editorial. Poco después, en 1919, Proust ganaría el Premio Goncourt por ‘A la sombra de las muchachas en flor’.
Ya en los años treinta, la nueva sede en el inmueble del 5 Rue de Sébastien-Bottin era un hervidero de la inte-lectualidad francesa de la época. En los pequeños despachos de la editorial Gallimard trabajaban incansables André Malraux, Raymond Queneau y Jean Paulhan leyendo manuscritos, redactando informes, preparando colecciones, antologías o libros de arte. A veces las innumerables reuniones se celebraban incluso en la misma calle, en el exterior del tramo antes conocido como Rue de Beaune; otras en los modestos cafés del barrio de la Rive Gauche o en el sótano del Hotel Pont-Royal, en la vecina Rue de Montalembert.
En los primeros años cuarenta, durante la ocupación nazi, Gallimard tuvo que bregar con los arbitrajes fascistas de la ‘Propagandastaffel’ alemana, que imponía sus propios criterios editoriales. Entretanto, Paulhan era el depositario de los manuscritos que le eran secretamente remitidos para las publicaciones clandestinas de la Resistencia.
Entre las muchas vicisitudes por las que atravesaba el gremio editorial en aquellos días, estuvo también el trágico suicidio del decepcionado Pierre Drieu la Rochelle, por entonces director de la NRF y adscrito a la ultraderechista Action française, poco después de abandonar el cargo en 1943; es decir, el 15 de marzo de 1945, tras un primer intento fallido el año anterior.
Gallimard, sintiéndose ya mermado de fuerzas para continuar, fue progresivamente dejando paso en el poder a su hijo Claude. Gaston Gallimard murió el 25 de diciembre de 1975, a la edad de 94 años.
Otra guerra muy distinta es la que comenzaron los herederos de Gallimard en 1988, tras el reparto de su patrimonio. El hijo de Gaston y segundo gran director de la editorial, Claude, y el segundo varón, Antoine, actual gerente de la empresa, que dispuso de un porcentaje mayor de las acciones. Y por otro lado, la amenaza de la posibilidad de la compra de la entidad por alguna depredadora compañía extranjera sin escrúpulos comerciales.
En la nómina de esta ilustre institución de la cultura francesa figuran nombres de la historia de la literatura y el pensamiento del siglo XX como Proust, Gide, Claudel, Aragon, Breton, Malraux, Joyce, Faulkner, Camus, Sartre, Queneau, Yourcenar, Duras, Kerouac, Saint-Exupéry, Bataille, Michaux, Ionesco, Pinter, Blanchot, Modiano, Le Clézio, Tournier…, o Kundera, que en estos días es noticia por su reciente ingreso en la prestigiosa biblioteca de ‘La Pléiade’.
Actualmente y hasta el 3 de julio, para celebrar el aniversario de Gallimard se muestra una exposición que reúne los tesoros de la BNF (Biblioteca Nacional de Francia) y de otras bibliotecas, y los archivos inéditos del editor, como manuscritos, correspondencia, ediciones originales y fotografías diversas. La exposición cuenta, además, con la colaboración del INA (Instituto Nacional del Audiovisual) para iluminar y poner sonido a todo el conjunto de la memorabilia de ‘Gallimard, 1911-2011: un siècle d’édition’.
A estos interesantes contenidos se ha sumado también la proyección del documental ‘Gallimard, le Roi Lire’, del realizador William Karel.
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Página web de Ediciones Gallimard
Página web de la BNF
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Milan Kundera ya es inmortal, artículo de El País
‘Gallimard, le Roi Lire’, documental de William Karel
Gallimard et nous, en Le Nouvel Observateur
Entrevista a Antoine Gallimard, por Juan Cruz
Montaje Gallimard/Rue Sébastien-Bottin © Fernando Torres
jueves, 31 de marzo de 2011
Gallimard cumple un siglo de edición
viernes, 18 de marzo de 2011
‘Fukushima mon amour’

Parecía una broma macabra del destino que, apenas unos días después, este nuevo terremoto acaecido en Fukushima el pasado viernes 11 de marzo, de catastróficas consecuencias agravadas por el devastador tsunami posterior, nos fuera a recordar tanto lo sucedido en Chernobyl. Pues ha supuesto, además del número de víctimas y daños materiales propios de un seísmo de una magnitud de 8,9 grados en la escala de Richter, la amenaza real de un más que probable accidente nuclear como el acontecido en Ucrania en 1986, contra lo que aún se está luchando denodadamente una semana más tarde con el fantasma de Hiroshima en la memoria como una pesadilla imborrable.
Algo a lo que afortunadamente no tuvieron que enfrentarse los japoneses durante el terremoto de 1995 en Kobe, ciudad donde pasó su infancia el novelista Haruki Murakami, y a la que regresó tras el terremoto después de haber vivido en Europa y América desde 1986, a raíz de su exitosa ‘Tokio Blues’. Más tarde, Murakami escribiría sobre el trágico desastre natural que conllevó la muerte de 5.000 personas, otras 300.000 sin hogar y la destrucción de gran parte de las importantes infraestructuras portuarias de Kobe.
Por otra parte, también curiosamente, la casualidad ha querido que el escritor Kenzaburo Oé, premio Nobel de Literatura en 1994, escribiera la víspera del seísmo de Fukushima un artículo en el que rememora la vida de un pescador de su generación expuesto a la radiación durante una prueba de la bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini. El artículo apareció publicado en la edición vespertina del diario Asahi el 15 de marzo. Oé, autor de ‘Notas sobre Hiroshima’, afirma que “Japón ha entrado en una nueva era”.
Sin duda, los efectos estocásticos del accidente nuclear se dejarán sentir también en la literatura. Es necesario exorcizar las obsesiones, como así lo hiciera Marguerite Duras con el guión de la memorable película de Alain Resnais, ‘Hiroshima mon amour’.
“Y después saldremos para volver a ver las estrellas”. Dante.
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Imaginario de la literatura japonesa
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Freya y ‘El Anillo de Fuego’
Fotografía de la Central de Fukushima fuente Público
domingo, 6 de marzo de 2011
Los desajustes de Philip K. Dick

El controvertido y prolífico escritor de relatos y novelas de ciencia ficción estadounidense, Philip Kindred Dick, se caracterizó por el tratamiento psicológico que daba habi-tualmente en sus obras a los personajes. Generalmente, alternando siempre un tono pesimista con algunos matices hilarantes, en una trama donde los protagonistas se debaten en la eterna pugna entre el destino y el libre albedrío.
Con frecuencia sus historias resultan surrealistas fantasías en las que los actores van descubriendo que sus vidas cotidianas son realmente una ilusión creada por poderosas entidades exteriores, por grandes complots o conspiraciones políticas, o simplemente por los acontecimientos que son dictados por un inverosímil narrador omnisciente, al que deben enfrentar el determinismo y la voluntad propia sin olvidar la baza que juega siempre el inescrutable azar.
Philip K. Dick declaró abiertamente que muchas de sus obras y pensamientos estuvieron influidos por los trabajos del suizo Carl G. Jung, fundador de la teoría de la psique humana denominada psicología analítica, opuesta a la doctrina freudiana del psicoanálisis. El propio Dick –más tarde visiblemente esquizofrénico a tenor de sus relatos– estuvo en tratamiento con un psicoterapeuta discípulo de Jung durante su adolescencia. Si bien en sus últimos años sufrió de una paranoia aguda que reflejó de forma patente en novelas como ‘Una mirada a la oscuridad’, ‘Ubik’ o ‘Fluyan mis lágrimas, dijo el policía’.
Las especulaciones junguianas que más inquietaban a Dick eran los paradigmas de lo inconsciente colectivo, las alucinaciones o proyecciones colectivas, las sincronías del destino y su teoría de la personalidad. Por ello, de una manera u otra, Jung ha estado siempre muy presente en sus obras; los personajes de sus historias analizan la realidad y sus percepciones en esos términos junguianos que el autor conocía tan bien.
Dick estudió en la Universidad de Berkeley, y allí participó en programas de radio y simpatizó con el mundo de la contracultura al que pertenecían, entre otros, los adeptos al movimiento ‘Beat’, experimentando con drogas psicoactivas. Aunque, muy al contrario que Aldous Huxley, por ejemplo, Dick negaría que éstas hubieran influido en su obra. No obstante, es sabido que el autor de la ucrónica ‘El hombre en el castillo’, ganadora del Premio Hugo en 1963 (el mismo año de la muerte de Huxley), fue un adicto a las anfetaminas y, en menor medida, consumió LSD iniciado por su colega Ray F. Nelson. Si bien, curiosamente, lo hizo después de escri-bir ‘Los tres estigmas de Palmer Eldritch’, novela “lisérgica” por excelencia.
Una vez más, en esta ocasión dirigida por George Nolfi, ha sido llevada al cine otra de las novelas de este escritor perturbado, cuyo titulo original en inglés era ‘The Adjustment Bureau’ (La oficina de ajustes), y que aquí figura con el rótulo de ‘Destino oculto’.
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Página web oficial de Philip K. Dick
Premio Philip K. Dick
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Trailer de la película ‘Destino oculto’
Fotografía del trailer © G. Nolfi / Universal Pictures
sábado, 12 de febrero de 2011
El ‘blues’ es más triste sin Gary Moore

A veces, como ha ocurrido en esta ocasión, puede resultarnos como un jarro de agua fría. Sobre todo a los numerosos prosélitos que, todavía incrédulos, recordarán –aun sin encontrarle ningún sentido– el coro de la famosa canción tradicional irlandesa que Gary Moore versionó junto a Phill Lynott cuando ambos pertenecían a Thin Lizzy, es decir, ‘Whiskey in the Jar’: “Musha rig um du rum da / Whack fol the daddy O”, que cuenta la historia de un bandolero que es traicionado por una mujer, sin que quede muy claro si se trata de una amante o una prostituta.
Como un jarro de agua fría habrá sido sin duda para muchos amantes del blues y el rock la sorprendente noticia de la muerte del guitarrista norirlandés, el pasado domingo 6 de febrero, en que hemos visto ese whiskey de la jarra transfigurado en el agua amarga que no queremos creer –y menos beber–, pero que nos ha convulsionado a todos como un inesperado baño a bocajarro. Un sorpresivo e inclemente aguacero, ahora que hasta “el cielo está llorando” su repentina muerte.
Robert William Gary Moore, nacido el 4 de abril de 1952 en Belfast, ha muerto debido a causas naturales, según informaron las autoridades competentes. Su cuerpo fue hallado sin vida –y, al parecer, sin señales de violencia– en la habitación del Kempinski Hotel Bahía de Estepona (Málaga), cuando contaba 58 años de edad y el alcohol (champagne, brandy) y la brisa del Mediterráneo colmaban su espíritu. Las pruebas apuntan a un posible infarto, nada tan turbulento como lo que se narra en la vieja canción popular irlandesa. Aunque, si se quiere ver así, en circunstancias no exentas de cierto romanticismo para un bluesman, que, con su trágica muerte, alcanzará sin duda más aún la categoría de mito. No olvidemos, por ejemplo, que Jimmy Hendrix, otro grande de la guitarra al que Moore admiraba, murió en un hotel londinense por una sobredosis de cocaína.
Vaya desde aquí un sentido homenaje a este magnífico guitarrista y su maravillosa música de imborrable recuerdo. Homenaje al que me sumo a través de la audición de todos y cada uno de los temas del memorable e imprescindible ‘Blues alive’. Porque “todavía tengo el blues”, y su blues seguirá siempre vivo entre nosotros.
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Página web oficial de Gary Moore
Vídeo ‘Parisienne walkways’
Noticia sobre la muerte de Gary Moore en ‘The Sun’
Fotografia de Gary Moore fuente ‘Rock Blox’
viernes, 4 de febrero de 2011
El viaje de Nikolai Roerich
Nacido en 1874 en la vieja ciudad de los zares, San Petersburgo, Nikolai Roerich abandonó todo siendo un artista y humanista notable para emprender un viaje de conocimiento por Asia Central.
En agosto de 1925, su expedición partía de Cachemira y atravesaba las cumbres del Karakorum, para detenerse por un periodo de cuatro meses en la ciudad de Hetián, y a finales de enero de 1926 atravesar el enigmático desierto de Taklamakán –que en la lengua de los uigures significa “si entras nunca saldrás”, y del que ya nos habló Marco Polo en su célebre ‘Libro de las maravillas’–, un desierto dentro de otro, el de Gobi, situado en el mismo corazón de Asia.
Roerich cruza las Tien Shan (Montañas celestiales) y llega a Urumchi, en la depresión de Dhungaría, para poste-riormente, en marzo, cruzar el lago Zajsan a los pies de las Altai –cordillera que tiene su comienzo al sur de Siberia, se prolonga en Mongolia, y haciendo frontera con China, declina en el desierto de Gobi–. En siete meses había recorrido más de dos mil quinientos kilómetros por la región más misteriosa e ignota de Asia, cuya mitología esotérica corresponde a las más remotas civilizaciones de la Tierra. A su regreso a Rusia portaba un mensaje, el cual le había sido transmitido por los mahatmas (grandes almas). El mensaje fue conservado cuidadosamente en los archivos soviéticos del estado, y sólo fue dado a conocer cuarenta años después, en 1965, en la revista ‘Mezhdunarodnaya Zhizn’ (La Vida Internacional). Era un mensaje de salutación para el gobierno ruso y una arqueta que contenía tierra del Tíbet, para la tumba de Lenin. Roerich fue recibido en audiencia y cortésmente escuchado por varios dirigentes políticos de la por entonces Unión Soviética. Además, uno de sus espléndidos lienzos, en concreto Maitreya el conquistador, fue destinado al Museo de Arte de Gorki.
Tanto el credo hinduista, como las doctrinas del Tao, las distintas formas del budismo y, hasta las variantes mágicas del chamanismo de Mongolia y Siberia, coinciden en señalar un lugar exacto y desconocido, donde moran los dioses desde la noche de los tiempos. Ese ombligo del mundo es Shambala. En el budismo tibetano mítico, un reino rodeado de montañas, en el cual hay una ciudad, y en ella un palacio real cuyo jardín alberga el mandala de la rueda del tiempo o kalachakra.
Respecto a esos misteriosos personajes con los que Roerich contactó en su singular viaje iniciático, la realidad histórica relaciona a los uigures, una etnia de remoto origen turco, como a una calidad de servidores o intermediarios de los señores de Shambala. La expedición de Roerich atravesó toda aquella zona en busca de su realidad ancestral, hasta que más tarde como afirma, establece contacto con los mahatmas Morya y Koot Hoomi en la oriental Shambala.
En 1928 funda un seminario para el estudio de materiales etnográficos y arqueológicos en Nagár, en el valle del río Kullu, en las inmediaciones de Cachemira, fijando allí su residencia desde ese mismo año, de donde partiría tres años atrás, y del Ladakh, cuyos primeros pobladores provenían de las laderas del Monte Kailas, y el Tíbet, donde la sincrética realidad del mito shambálico pervivía. Allí vivió pintando, escribiendo, ampliando sus conocimientos sobre arqueología o plantas e impregnándose de ese pensamiento superior hasta 1947, año en el que fallecería, un 13 de diciembre. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas enterradas en una ladera, frente a las montañas que tanto amó y pintó en muchas de sus casi siete mil obras.
Actualmente se puede contemplar gran parte de su obra pictórica visitando el museo que lleva su nombre en la ciudad de Nueva York, en 319 West 107th Street. O también en el Centro Internacional Roerich, que se encuentra en Moscú, y que está dedicado también a su mujer, Helena Roerich, con quien fundaría la Sociedad Agni Yoga.
El pasado año, en Madrid se celebró ‘La Marcha de la Paz’ y el 75º aniversario del ‘Pacto Roerich’.
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Página web oficial del Museo Roerich
miércoles, 19 de enero de 2011
Elliott Murphy, un americano en París
Elliott Murphy debutó en el año 1973 con un disco llamado 'Aquashow'. La acogida del público y las buenas críticas en revistas del ramo como Rolling Stones, o también Newsweek y New Yorker, aplaudían el talento del nuevo artista musical, y hubo quienes lo llamaron el nuevo Dylan o el nuevo Scott Fitzgerald del rock’n’roll. Quizá viendo una relación de influencia en su poética como letrista entre la de Bob Dylan como poeta del rock y la del escritor Francis Scott Fitzgerald como novelista.Pero Elliott Murphy huía de esas etiquetas sabiéndose un cantautor original, y durante todos estos años ha perma-necido fiel a su propio estilo en sus ya treinta discos como cantante y guitarrista. Su genio poético y su destreza para contar historias en el corto espacio de una canción, le han valido a Murphy el apelativo de músico genuino.
Comenzó con la compañía Polydor, pero sus siguientes éxitos, 'Lost Generation' y la conocida 'Night Lights' (con Billy Joel), fueron grabados por RCA. Más tarde vino el contrato con la discográfica Columbia, quien le editó, en 1977, 'Just a story from America' (con Phil Collins y Mick Taylor).
Años después, debido a algunas desavenencias con las discográficas, se traslada a Europa, donde funda su propia compañía de discos tras haber tocado en las calles de Amsterdam, París o Roma. Neoyorquino residente en París, es admirado por muchos colegas del panorama del rock, y cuando Bruce Springsteen da un concierto en la ciudad del Sena, no duda en llamarle para tocar juntos en el escenario.
Además de prolífico compositor, Elliott Murphy es un apasionado lector y también como escritor ha publicado una compilación de relatos, y en 1989, la novela 'Frío eléctrico', traducida a varios idiomas. Como dato curioso, hay que recordar que el músico aparece inesperadamente men-cionado en la novela ‘Los detectives salvajes’, de Roberto Bolaño, al cual Murphy compara con su admirado Jack Kerouac.
El 26 de septiembre de 2008 ofreció en París un concierto gratuito como colofón de la exposición que se inauguró el día 10 de ese mismo mes: ‘Elliott Murphy – Last of the Rock Stars – Retrospective’, que se pudo ver en 70, Rue de Bonaparte, junto a la Place de Saint-Sulpice, en la sede de la Junta del distrito 6º. Una exposición antológica que reunió algunas de las fotografías, affiches, portadas de discos y objetos personales fruto de sus por entonces treinta y cinco años de carrera como músico.
“La literatura es mi religión, pero el rock’n’roll es mi adicción”, asegura el propio Murphy, que después de ‘Notes from the underground’ (2008), este año ha publicado un nuevo trabajo de estudio grabado en Le Havre, Nueva York y París que lleva por título simplemente ‘Elliot Murphy’, que ha producido su propio hijo, Gaspard Murphy, y en el que aparece su inseparable compañero, el gran guitarrista Olivier Durand, y su banda habitual, The Normandy All Stars. El álbum cuenta, además, con las colaboraciones del ya fallecido Willy DeVille, Kenny Margolis, Laura Mayne, Alain Chenneviere y Lisa Lowell.
Elliott Murphy, acompañado esta vez únicamente por el brillante Olivier Durand, presentó hoy los temas del nuevo disco en un concierto de tres horas de duración en la sala Clamores de Madrid. Un veterano club de la noche madrileña que el próximo 25 de julio cumplirá treinta años de existencia.
Más información
Página web oficial de Elliott Murphy
Vídeo ‘A touch of kindness’ (2007)
Fotografía de Durand y Murphy © Fernando Torres
jueves, 30 de diciembre de 2010
Paul Bowles, de nuevo en el tiempo
Coincidiendo con los prolegómenos de esta señalada fecha –en la cual Paul Bowles hubiera cumplido cien años de seguir vivo–, Alianza Editorial ha publicado el resultado literario, hasta ahora inédito, de un viaje retrospectivo por el Marruecos que tan bien conoció y amó el escritor americano, y que lleva por título ‘Puntos en el tiempo’.Un conjunto de relatos impregnados de la historia y tradición popular del país alauita; esbozos humanos, anecdóticos, geográficos o religiosos que reflejan costumbres y emociones en evocadores episodios de la vida y la cultura magrebí, en los que Bowles narra las andanzas de diversos individuos nativos y foráneos, a los que en la obra el escritor, músico y viajero concede –o hace que recobren– de nuevo el protagonismo perdido en el tiempo.
Pasajes al exotismo del magreb inspirados en algunos cuentos folklóricos provenientes de la tradición oral, que dejan vislumbrar el alma de Marruecos, y a los que la cuidada prosa de Bowles ha dado forma en una homogénea colección de relatos. Con esas ciudades fascinantes detenidas en el tiempo que ve transcurrir los hechos, como son la bella y costera Essaouira, llamada “la casa del viento”, también conocida como la Mogador de la época de la construcción de las fortalezas portuguesas; la Marrakech de los riads o la mágica y concurrida plaza de Djemaa El Fna, en la encrucijada de las cordilleras del Atlas y el siempre enigmático desierto del Sahara; o la medieval Fez, con su medina de intrincadas callejuelas –aunque la historia referida suceda en la Fez del siglo XIX–, que no lo son menos que la cinematográfica Tánger de ‘El cielo protector’, en la que el escritor falleció hace ahora apenas once años.
También desfilan por el libro curiosos personajes, como el fraile franciscano Andrea de Spoleto y sus debates con los rabinos de la capital; la judía Sol Hachuel, desposada con un musulmán llamado Mohammed; Andrew Layton, el gerente de una compañía de exportaciones y su amistad con un sultán; o el rifeño El Aroussi, abocado al pillaje debido a una injusticia, y la hermosa Rahmana…
En resumen, un libro indispensable para todos aquellos lectores entusiastas de la obra del autor de la también interesante ‘Déjala que caiga’, escrita por un Bowles que estuvo influenciado por el consumo propio de quif y, sobre todo, el majoum, una confitura alucinógena hecha con miel, mantequilla de cannabis, nuez y especias como aderezo.
Los relatos de esta recopilación, que no habían sido publicados con anterioridad hasta la fecha, han sido traducidos al español por el escritor Rodrigo Rey Rosa, vecino de Bowles en la cosmopolita ciudad de Tánger, y gran amigo de éste, quien, a su vez, traduciría las obras del escritor guatemalteco al inglés.
Fotografía ‘Anciano en la Kasbah’, Fez © Fernando Torres


