domingo, 21 de septiembre de 2014

Comienza el Hay Festival Segovia 2014


La novena edición del Hay Festival Segovia, que esta vez contará con Francia como país invitado de honor, tendrá lugar del 25 al 28 de septiembre. La cita cultural, que reúne a nombres destacados del periodismo, la literatura o el pensamiento, celebró ayer su acto inaugural.

Alrededor de trescientas personalidades arribaron a Segovia el pasado sábado para participar en la inauguración de una nueva edición del célebre festival internacional que en los próximos días transcurrirá en la bonita capital segoviana. Para ello, todas estas personas portaron una amapola roja (elaborada por pacientes del Centro de Rehabilitación Psicosocial del Centro de Salud Mental Antonio Machado de Segovia) en recuerdo y como homenaje a los soldados caídos en el campo de batalla de la Gran Guerra, y que lucharon para que 100 años más tarde vivamos en una Europa unida y en paz. Esta flor es una de las maneras en que los británicos celebran el Día del Recuerdo (Remembrance Day), también conocido como Día de la amapola en memoria del 11 de noviembre de 1918, el día en que finalizó la I Guerra Mundial. Su evocación, que casualmente ha coincidido con el NO a la independencia de Escocia del Reino Unido finalmente, estará presente de esta forma simbólica durante el desarrollo del festival, que en esta ocasión eligió precisamente un campo de amapolas como imagen para ilustrar el programa de mano; un paisaje, por cierto, que inspiraría al poeta, médico y soldado John McCrae el poema ‘En los campos de Flandes’, escrito en 1915 y que impulsaría este movimiento.

La conversación ‘Voces libres: Europa 1914-2014’ inauguró esta nueva edición del Hay Festival Segovia el pasado día 20 de septiembre en el Aula Magna de IE University. Cinco grandes periódicos de Reino Unido, España, Italia, Suiza y Polonia congregados por El País, debatieron, un siglo después, sobre cómo ha cambiado Europa en estos años transcurridos desde la I Guerra Mundial.

El debate, que fue traducido simultáneamente como en Naciones Unidas a cuatro idiomas: inglés, polaco, italiano y español, reunió a figuras del periodismo como Guillermo Altares, periodista de El País; Giles Tremlett, corresponsal de The Economist; Oliver Meiler, colaborador del Tages-Anzeiger; Paolo Rumiz, columnista en la Repubblica, y Adam Michnik, director de la Gazeta Wyborcza. Todos ellos manifestaron sus reflexiones sobre lo que hemos aprendido del histórico conflicto y sobre el papel que han tenido los medios de comunicación en la construcción de una nueva Europa. Ignacio Torreblanca, columnista y director en España del European Council on Foreign Relations (ECFR), fue quien hizo de moderador en este acto.

Tras el debate, los asistentes se trasladaron al Palacio de Quintanar para inaugurar la librería temporal de Ivorypress, que permanecerá abierta del día 20 al 28 de este mes. En ella estarán disponibles todas las publicaciones de la legendaria editorial de Elena Foster, además de una cuidada selección de títulos sobre arte contemporáneo, fotografía y arquitectura.

En este mismo centro cultural multidisciplinar se podrán ver también las Colecciones del Banco Sabadell y Arts Libris hasta el próximo 15 de octubre. Esta muestra reúne obras ejemplares de la producción de la última década y pretende rebatir a aquellos que vaticinaron el fin de los libros en favor de los nuevos soportes digitales. Quizá, como afirmó el escritor francés Michel Butor en 1987, “los únicos libros que nos interesarán en el futuro son aquellos que puedan ser considerados como obra de arte”. Así podremos observar las obras de artistas como Jaume Plensa, Joan Fontcuberta, Antón Lamazares, Perejaume, Jose Pedro Croft, Hannah Collins, Eulàlia Valldosera, Lawrence Weiner, y de creadores más jóvenes como Cristina de Middel, Regina Giménez o Jordi Mitjà, muchas de ellas en formato fotolibro.

El país galo será el invitado de honor en esta edición. Maria Sheila Cresmaschi, Directora del Hay Festival Segovia, acordó en junio con el Consejero Cultural de la Embajada de Francia en España y Director General del Institut Français, Alain Fohr, una colaboración que fructificará en la presencia de autores como Pierre Lemaitre, vencedor del Goncourt 2013, o el Nobel de Literatura 2008 Jean-Marie Le Clézio, que conversará con el también Nobel Mario Vargas Llosa, así como el sociólogo Gilles Lipovetsky. El universo francófono estará igualmente representado por el cine de Christophe Honoré y un ciclo documental consagrado a la gastronomía del país vecino.


Más información

Página web oficial del Hay Festival Segovia

viernes, 5 de septiembre de 2014

El surrealista secuestro de Houellebecq


El escritor Michel Houellebecq protagoniza un documental sobre su misteriosa desaparición y supuesto secuestro acaecido en 2011 tras proclamarse el año anterior ganador del prestigioso premio Goncourt de novela con su quinta obra, La carte et le territoire (El mapa y el territorio). La novela, que se impuso en las votaciones del jurado, es un feroz retrato de ciertas posturas contemporáneas en la que el autor, además de arremeter contra el arte o la vida rural, también se parodia a sí mismo.

El director de cine Guillaume Nicloux ha recreado en su filme ese periodo en el que el polémico, amado y odiado escritor francés desapareció sin dejar rastro cuando se encontraba en plena gira promocional de su galardonada novela. Un documental que protagoniza el propio Houellebecq en una suerte de ejercicio metafílmico que recuerda la ácida forma de jugar con su propio personaje y que precisamente el novelista ya había utilizado en la narración de ‘El mapa y el territorio’. En apariencia, por tanto, Houellebecq es secuestrado al viejo estilo de películas como ‘El quinteto de la muerte’ o ‘Rififí’, siendo retenido en una casa en la que van aconteciendo una serie de sucesos absurdos. Con su particular humor negro, se puede observar cómo la película juega a romper todas las expectativas del cine de secuestros convencional, y en la que se replantea el síndrome de Estocolmo al ver la curiosa convivencia entre los secuestradores y su víctima, sus diálogos y alguna salida de tono de desternillante incorrección política. Un claro ejemplo de ello es el momento en que los raptores contratan a una prostituta que se hace pasar por un familiar para complacerlo.

Michel Houellebecq, novelista, ensayista, poeta y director de cine nacido en 1958 en Saint-Pierre, isla de La Reunión, ya había sido finalista del Goncourt en dos ocasiones anteriores: con Les Particules élémentaires (Las partículas elementales) y con La Possibilité d'une île (La posibilidad de una isla). Y ha sido protagonista de varias polémicas a lo largo de su carrera como literato por sus irreverentes declaraciones, entre ellas contra el Mayo del 68 francés o contra el Islam, que definió en 2001 como “la religión más idiota del mundo”.

Tampoco en esa ocasión, a pesar del Goncourt, el escritor se libró del escándalo. A los pocos días del lanzamiento editorial de ‘El mapa y el territorio’, algunos críticos le acusaron de haber copiado directamente algunos pasajes de la Wikipedia.

Al parecer, y a tenor de lo enigmática que es la vida de Houellebecq, no es tan interesante lo que en sí sucede en el filme como lo que crees que ocurre en verdad. Así, el documental suscita en el espectador diversas preguntas: ¿Es todo una gran farsa o quizá está basado en experiencias más ciertas de lo que podemos presuponer? ¿Es Houellebecq verdaderamente como se nos presenta en la cinta o está representando a otro personaje haciéndose pasar por sí mismo? ¿Quiénes son personas reales y quiénes actores? ¿Qué hace ahí la actriz icono de la filmografía del francés Jean Eustache, Françoise Lebrun, la mítica protagonista de La maman et la putain (La mamá y la puta)?...

Desde el principio hasta el final del documental, uno percibe que le están tomando el pelo, pero no resulta fácil saber exactamente de qué manera, cuáles son las intenciones, hacia dónde nos quiere llevar. El reto del filme parece que pudiera ser el de poner a prueba la paciencia del espectador, y en todo eso está, por encima de la conclusión intelectual que queramos sacar de él, su mayor aliciente.


Enlace de interés


Fotografía de Houellebecq © Fred Dufour/AFP/Getty Image

viernes, 15 de agosto de 2014

‘Una cita para el verano’


Llega a los cines españoles la película ‘Una cita para el verano’, el único filme que dirigiera el fallecido actor Philip Seymour Hoffman y que se estrenó en Estados Unidos hace tres años.

El primer medio de comunicación que informó de la muerte de Philip Seymour Hoffman fue The Wall Street Journal. El domingo día 2 de febrero de este año el actor premiado con un Oscar por ‘Capote’, de 46 años, había sido hallado muerto en su apartamento de Manhattan con una jeringuilla colgando de su brazo. Los informes  toxicológicos mostraron que Seymour Hoffman había muerto por una intoxicación de varias sustancias, que incluían la heroína, cocaína, anfetaminas y benzodiazepinas, tal como así lo confirmó en su momento la portavocía de la oficina forense de Nueva York.

En la película de 2007 ‘Antes que el diablo sepa que has muerto’ (Before the devil knows you're dead), dirigida por Sidney Lumet, Philip Seymour Hoffman interpretó el papel de un ejecutivo adicto a la heroína, un papel para el cual realmente tenía sobrada experiencia. Su título proviene del dicho irlandés “Puedes estar en el cielo una media hora completa antes de que el diablo sepa que estás muerto”.

Pero como ocurrió con James Gandolfini y su póstumo legado, llega ahora a las salas de cine uno de los estrenos del malogrado actor norteamericano. Y es que Seymour Hoffman no solo nos ha dejado una gran filmografía de culto y la sensación de que nunca veremos mucho de lo mejor que nos podría haber dado en el futuro, sino también algunas interpretaciones más en películas pendientes de estrenar en España, como son la ópera prima de John Slattery y lo último de Anton Corbijn, además de un documental sobre el célebre escritor J. D. Salinger y una serie, ‘Happywish’, que tendrá que encontrar otro protagonista.

‘Una cita para el verano’, la primera y última película dirigida por Philip Seymour Hoffman, se estrenó originalmente en EE UU en el año 2010. El porqué de tal retraso en la distribución en nuestro país pasa ahora a un segundo plano si pensamos en su reciente y desgraciada muerte, lo cual nos causa una serie de sentimientos encontrados; una mezcla de tristeza, frustración y añoranza que de alguna manera aumenta las expectativas y pondrá más en valor el filme.

Se trata de una adaptación a la gran pantalla de la obra teatral ‘Jack Goes Boating’, de Robert Glaudini. Una modesta pero espléndida película, sencilla y cercana, tierna y reflexiva que nos conmueve por su naturalidad interpretativa. El largometraje ha sido comparado en repetidas ocasiones con ‘Marty’ (Delbert Mann, 1955), aunque su tono narrativo nos podría recordar también al de las películas de Tom McCarthy. De hecho, el autor de ‘Vías cruzadas’ y ‘The Visitor’ tiene un papel en la película en una suerte de obligado tributo. Seymour Hoffman, genial como siempre, representa a Jack, un conductor de limusina aficionado al reggae; un hombre honrado y bondadoso pero introvertido y poco agraciado.

Una pareja de amigos de Jack, Clyde y Lucy (John Ortiz y Daphne Rubin-Vega) le preparan una cita con una compañera de trabajo de esta última, pero Connie (Amy Ryan) también tiene su propia idiosincrasia y es psicológicamente complicada.

Otro de los puntos fuertes de la cinta es su banda sonora, elegida cuidadosamente cuenta con temas de Grizzly Bear; también hay que destacar el impactante dramatismo en las secuencias en que suenan ‘Rivers Of Babylon’ (The Melodians), ‘Where Is My Love?’ (Cat Power) y ‘White Winter Hymnal’ (Fleet Foxes).

El largometraje fue rodado con un pequeño presupuesto y contó con la colaboración de los compañeros habituales del actor en los escenarios de Broadway. De esta manera, Seymour Hoffman comenzaba a mostrar también un gran talento como director de cine. Una triste pérdida para todos los amantes del séptimo arte.


Enlace de interés

Página web oficial de Jack goes boating.

Fotografía del filme © W. Mott Hupfel III

viernes, 1 de agosto de 2014

Recordando a Diderot en el día de su muerte


Hace algunos años, de vuelta ya de un insospechado viaje a París cuyas vicisitudes y sorprendentes casualidades pasaron a engrosar mi novela titulada ‘Sincronías del destino’, paseaba por las calles de San Lorenzo de El Escorial comprobando el efervescente ambiente que reinaba en los alrededores del núcleo urbano pues, como sucede en numerosos pueblos de la sierra madrileña y de casi toda España, estaban ya próximas las fiestas que se celebran en la temporada estival, y la afluencia de visitantes y el mayor número de residentes hacían bullir las calles con sus restaurantes y bares atestados de parroquianos, los cuales, en esta época veraniega, despliegan sus terrazas para reclamo de ociosos viandantes y turistas en general. La del concurrido Hotel Miranda & Suizo, en el alegre y transitado paseo de Floridablanca era una prueba evidente de ello. Me senté en una de las mesas que bajo el toldo de la marquesina se resguardaban del caluroso sol del incipiente mes de agosto, percatándome de que la reciente apertura del nuevo y flamante auditorio —un magnífico edificio moderno junto a la universidad complutense en la que, como cada año, se imparten los cursos de verano— era el tema de conversación de unas damas que degustaban el aperitivo como es costumbre a esas horas de la tarde. Aquella inauguración era una razón más para estar de enhorabuena ya que de esa forma se alternaría la programación de conciertos y representaciones teatrales con la del viejo Real Coliseo Carlos III —encargo del monarca al arquitecto francés Jaime Marquet, cuya inauguración se produjo en 1770—, contiguo al Miranda, pero obviamente inigualable pues su solera y sus tardes de tertulia al finalizar cada representación en el añejo ambigú que se halla en el sótano, bajo la platea, no tendrán parangón con el nuevo edificio; y en el que, por cierto, como acababa de leer al pasar, se anunciaba para los próximos días 4 y 5 de agosto la representación de la obra del escritor y filosofo francés Denis Diderot, ‘Jacques el fatalista’ —una de las obras más importantes de la literatura de Francia durante la Ilustración—, en la que Diderot analiza la psicología del libre albedrío y el determinismo. ¿De nuevo el azar jugaba conmigo?, pensé entonces y, algo perplejo, pedí un vermut al camarero al tiempo que recordaba la lacónica variación que de esa obra escribió como homenaje a Diderot el escritor Milan Kundera, autor de ‘La insoportable levedad del ser’, que fue publicada en España en 2006, poco tiempo antes de los fortuitos sucesos que plasmé en mi novela antes citada. Y sin dar mayor importancia a la casualidad que, a modo de bienvenida, se me volvía a revelar de nuevo, me concedí tiempo para dedicarlo a la banal rutina de contemplar cómo la gente paseaba arriba y abajo por una u otra acera del paseo de Floridablanca.

El libre albedrío o la libre elección es la creencia filosófica que sostiene que los individuos tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones. Muchos han sido los que apoyaron dicha creencia, pero también ha sido criticada como una forma de ideología individualista por pensadores tales como Spinoza, Schopenhauer, Marx o Nietzsche. El concepto es comúnmente usado y tiene connotaciones objetivas al indicar la realización de una acción por un agente no condicionado íntegramente ligado por factores precedentes y subjetivos en el cual la percepción de la acción del agente fue inducida por su propia voluntad. El principio del libre albedrío tiene diversas implicaciones; en la ética, por ejemplo, se da por hecho que los individuos pueden ser responsables de sus propias acciones. La existencia del libre albedrío ha sido un tema central a lo largo de la historia de la filosofía y la ciencia. Sin embargo, Schopenhauer afirmaría que “tú puedes hacer lo que siempre haces, pero en algún momento de tu vida, solo podrás hacer una actividad definida, y no podrás hacer absolutamente nada que no sea esta actividad”.

La primera edición francesa de ‘Jacques el fatalista’ se publicó póstumamente en 1796. Denis Diderot murió en París el 31 de julio de 1784.


Bibliografía 

'Sincronías del destino'.

Fotografía de Diderot fuente O. Neoquínico.

miércoles, 16 de julio de 2014

De nuevo la barbarie castiga Gaza


Miles de palestinos huyen hacia el norte de Gaza. La noche del pasado martes Israel continuó con sus indiscriminados bombardeos sobre la población civil en la Franja de Gaza, donde fuentes autorizadas informaron que el número de palestinos muertos en una semana se elevaba ya a los 207, frente a la muerte de un israelí. Dichos ataques, a la vez que causan víctimas inocentes en la zona, ocasionan la destrucción masiva de viviendas obligando a la diáspora a todos aquellos damnificados que pierden todos sus bienes y apenas les queda la vida. Ante estos bombardeos se ven y están obligados a una evacuación forzosa, avisados a través de llamadas y mensajes de texto en sus teléfonos instándoles a la evacuación como así ha sido en los barrios de Shuyaiya y Zeitun, pues el objetivo del ejército israelí era acabar con al menos cinco líderes de Hamás, entre ellos el antiguo ministro de Exteriores del Gobierno de Gaza, Mahmud Zahar, para lo cual la aviación arrojó miles de octavillas con la mortal advertencia. El miércoles las órdenes de evacuación afectaban a más de 100.000 palestinos que se suman a las evacuaciones del fin de semana.

Ni las llamadas ni los panfletos concretan dónde pueden refugiarse los miles de desplazados, creando así más caos si cabe y provocando el terror entre la población inocente. Gaza resulta ser una trampa mortal para muchos de los 1,8 millones de palestinos que no pueden traspasar las fronteras de la franja. Por otro lado, el martes fallecía el primer israelí a causa de las heridas de metralla de una bomba de mortero palestino. El alto el fuego que decidió aceptar Israel mediante su Gabinete de Seguridad a instancias de Egipto, país con quien Israel tiene un tratado de paz vigente, resultó un fracaso debido de nuevo a los terroristas de Hamás, que aseguran no haber sido consultados en relación a la tregua y siguieron lanzando sus cohetes contra los judíos. Para Israel, según Benjamín Netanyahu, esta ofensiva le legitima a la réplica. A primeras horas de la mañana ya se podían escuchar fuertes explosiones en el barrio de Shuyaiya.

El conflicto árabe-israelí viene de muy lejos en el tiempo y es un problema que se ha enquistado desde hace muchos años, y esto a pesar de los infructuosos intentos por resolverlo mediante la diplomacia. Antes al contrario, ha ido creciendo bélicamente de forma exponencial desde aquellas llamadas “Intifadas”. Para unos la causa de ello sería la creación del estado de Israel, que albergaría a todos los judíos disgregados por el mundo y, por ende, el llamado sionismo, ocupando Israel unos territorios que anteriormente eran palestinos, además de lugares sagrados para los musulmanes como la mezquita de Al-Aksa en Jerusalén, o el este de la propia ciudad. El fundamentalismo religioso ha propiciado hechos tan deleznables como la matanza de Hebrón, de Safed y de otras comunidades judías en agosto de 1929. El resultado de estos violentos incidentes fue la muerte de 133 judíos y 116 árabes; una reinterpretación de la Declaración Balfour de 1926 y poner freno a las aspiraciones sionistas, pues por entonces se intentó redefinir la política británica en Palestina, interpretando el temor de los árabes ante la inmigración y la compra de más tierras por parte de los judíos como causa principal de los conflictos entre ambos pueblos.

La Primera Intifada es el nombre con el que se conoce a la revuelta palestina que estalló a finales de 1987 en Cisjordania y en la Franja de Gaza. Todo comenzó con un hecho aislado, como sucedió el pasado mes de junio con los tres estudiantes desaparecidos cuando hacían autostop en Cisjordania y que fueron hallados muertos. En esa ocasión se trató de un accidente de tráfico ocurrido en diciembre de 1987, cuando un vehículo militar israelí atropellaba matando a cuatro palestinos. Dos días después se llevarían a cabo enfrentamientos entre los palestinos, que arrojaron piedras y otros objetos, y las tropas de las Fuerzas de Defensa de Israel. Duró hasta el 13 de septiembre de 1993, con la firma de los Acuerdos de Oslo. Fue durante la Primera Intifada cuando se produjo el primer ataque terrorista suicida cometido por Hamás, el 16 de abril de 1993.

En esa lucha desigual, entre diciembre de 1987 y septiembre de 1993, es decir, durante la Primera Intifada, morirían 1.162 palestinos y 160 israelíes debido a la dura pugna entre ellos. Las Brigadas de los Mártires de Al-Aqsa tomaron el nombre de esta mezquita probablemente a causa de la polémica visita que Ariel Sharón hizo a este lugar en 2000, que según los palestinos fue el detonante de la Segunda Intifada, también conocida como la Intifada de Al-Aqsa.

Para Gaza en la actualidad, que según la OLP hoy contaba con más de 150.000 personas forzadas a abandonar sus hogares, y otras 600.000, sin contar heridos ni muertos, se han visto afectadas por la ofensiva de Israel, esta guerra representa el tercer desplazamiento desde 2009. No obstante, una vuelta a la calma en Gaza significaría volver a la situación del octavo año de bloqueo; a más del 50% de la población sin un trabajo ni sueldo; al aislamiento por la imposibilidad de acceso externo a los mercados; en definitiva, al más triste de los ostracismos en su propia tierra. Una tierra castigada y sin Gobierno.


Fotografía fuente rtve

domingo, 13 de julio de 2014

Las imperfecciones que nos hacen humanos


Si para el quizá mayor poeta vivo francés contemporáneo, Yves Bonnefoy, “la imperfección es la cima”, al menos así tituló su antológica selección de poesía, para el poeta español y amigo, Miguel García Freijanes, es esa misma imperfección la que le sirve, a modo de hilo conductor, para hilvanar las poesías de su poemario. Algo que resulta plausible, pues no carece de merito ser imperfecto en la lírica y en la vida si nos atenemos a la premisa de que la perfección no existe. No obstante, bien pudiera ser que García Freijanes “lo consiguiera porque no sabía que era imposible”, evocando así el si se quiere ambiguo adagio del también célebre poeta francés Jean Cocteau.

Y es que sus poemas se instalan en ese limbo literario próximo al Olimpo habitado por los dioses literatos que ostentan el don de la palabra plasmada en papel, a veces escrita con la hiel y la sangre de la vida, “la sangre de un poeta” que diría Cocteau, como hicieran aquellos llamados malditos. Los letraheridos Verlaine y Rimbaud, poetas simbolistas cuyas atormentadas vidas, fluctuantes entre el delirio y la pesadilla, estuvieron muy lejos de la idea de la perfección como seres humanos. Si bien con su fuerza creadora sublimaron la poesía hasta el punto de encumbrarla en la más alta cota de la imperfección. En esa cima a la que se refiere Bonnefoy, que sin embargo quizá se acerque a lo perfecto más allá de donde es posible.

‘De aquellas imperfecciones que nos hacen humanos’, como ya es de suponer, es una declaración de intenciones y el expresivo título del poemario del también compositor, además de poeta, Miguel García Freijanes. Nacido el 22 de septiembre de 1959 en una aldea de Galicia, gallego de padres y ancestros, arribaría a la ciudad de Madrid a los diez años de edad, donde sería educado en un colegio de estructura castrense. Poco después, a los quince años, comenzaría a escribir poesía y desde entonces también compone canciones que interpreta a la guitarra. De hecho, este poemario contiene la letra de tres de ellas a las que decidió poner música.

Licenciado en derecho por la Universidad Autónoma de Madrid, ha ejercido de abogado desde que fuera habilitado para ello, dejando el placer de la escritura para su íntimo disfrute. Asimismo, como prosista ha publicado dos novelas: ‘El año del Jabalí’ y ‘La diáspora de los gatos’. Ambas obras de carácter histórico policíaco. Hasta la fecha había sido muy remiso a publicar su poesía, pues modestamente cree hablar empleando palabras simples y claras que intentan llegar a todos y todas, pero sin buscar otra cosa que transmitir un pensamiento. Y de ahí a suscitar sentimientos que nos hagan un poco más humanos pues, como sostiene Bonnefoy, “la sociedad sucumbirá si la poesía se extingue”.


‘Imperfecta imperfección’

De eso sé yo bastante…
de sueños baldíos,
de pesadillas constantes.

De rotos horizontes en tuertas miradas,
de mentiras podridas en medias verdades,
de todo lo que toco se vuelve inconstante,
de todo lo que hablo se me entiende artero.

De palabras sin fondo, de días sin aire
en los que se me vuelve la vida irrespirable,
de personas que buscan el humo, el éter palpable.

De diestros siniestros en saber sus donaires,
de gentes que nunca te dicen que piensan,
más piensan sin embargo casi en matarte,
de locos que dicen que son el baluarte,
de muertos vivientes colgando de un cable.

De todos aquellos que roban instantes
buscando en sus vidas cegueras constantes,
de no querer ver lo que dicen pupilas,
de perderse en el arco de un iris mutante.

De pobres que sueñan que viven de vidas sobrantes,
de amapolas ciegas en un rojo sangrante,
de tierras perdidas en incendios flagrantes,
de vivos pensando en la muerte distante.

De hombres sin pecho, de fundas sin sable,
de locas miradas de locos amantes,
de rocas perdidas en montañas acuosas
que pierden la vida en rotos diamantes.

De lunas perdidas en órbitas ciegas,
de tierras caídas a un sol irritante,
de soles a soles, de días a días,
de toda una vida sin mí ni un instante.

De todos los días, amar sin amante,
y a todas las horas sentir soledades.
No tengas orgullo de decirme lo mismo,
que de eso que hablamos, de eso…
de eso sé yo bastante.


NOTA: Editorial Seleer les invita a la presentación de este poemario el próximo día 24 de julio, a partir de las 18:00 horas en el Auditorio Montserrat Caballé. Camino del Molino s/n. Arganda del Rey (Madrid). Para entonces el libro estará disponible en la web de la editorial.


sábado, 28 de junio de 2014

Henri Cartier-Bresson, “el ojo del siglo XX”


La exposición antológica del Centro Pompidou de París, dedicada al famoso fotógrafo francés que se clausuró en la capital gala el pasado 9 de junio, se inaugura hoy en la Fundación MAPFRE de Madrid, donde se podrá visitar hasta el próximo día 7 de septiembre.

Henri Cartier Bresson (1908-2004), considerado por muchos el padre del fotorreportaje, creó la idea del “instante decisivo” con sus imágenes tomadas a hurtadillas. La exposición que ahora podremos admirar invita a revisitar la obra de este gran fotógrafo, popularmente llamado “el ojo del siglo”, pues fue un indiscutible testigo de la historia del siglo XX. La muestra que nos ocupa pone de manifiesto todo su caudal fotográfico y las variaciones en su trayectoria como artista, desde la estética surrealista hasta el fotorreportaje o su intimista estilo del final de su carrera. De este modo, se explica la labor de este fotógrafo más allá del citado concepto de “instante decisivo” que lo haría tan célebre.

El recorrido, que es a la vez cronológico así como temático, gira en torno a tres ejes: el periodo comprendido entre 1926 y 1935, en el que se aprecia su relación con el movimiento surrealista; sus inicios como fotógrafo, y sus viajes por el mundo. Un segundo espacio está dedicado a su compromiso político desde su regreso de los Estados Unidos en 1936 hasta que regresa a Nueva York en 1946. La tercera propuesta está representada en la creación de la agencia Magnum Photos en 1947, y abarca hasta principios de la década de 1970, que fue cuando el autor decide abandonar la práctica del fotorreportaje.

La exposición ha sido elaborada por el referido Centre Pompidou de París en colaboración con la Fundación MAPFRE, y cuenta también con la participación de la Fondation Cartier-Bresson. Las fotografías provienen de más de veinte colecciones internacionales, entre las que cabe destacar la citada Fondation Cartier-Bresson de París, el Musée d´art Moderne de la Ville de Paris, la Cinémathèque Française, The Art Institute of Chicago, The Metropolitan Museum of Art de Nueva York, el MOMA de Nueva York y el Philadelphia Museum of Art.

La obra de Cartier-Bresson constituye el fruto de diversos factores, a saber: una decidida vocación artística, un perseverante proceso de aprendizaje, la influencia del espíritu de su tiempo, y sus aspiraciones personales. Su trayectoria artística la inicia en los años veinte, en la doble vertiente como pintor y fotógrafo, practicando ambas artes en calidad de aficionado, pero perfeccionándose más tarde con los trabajos que realizaría en grandes viajes como el que realizó a África en 1930-1931. Demuestra su amor por el arte, pues pasaba horas leyendo y observando los cuadros en los museos. En su formación hay también un marcado influjo debido a las enseñanzas del pintor francés André Lhote y sus amigos norteamericanos, como Harry Crosby, Peter Powel, Julien Levy, Caresse y Gretchen. Si bien con Lhote se inicia en el arte de la composición, es gracias a los demás su descubrimiento de las fotografías de Eugène Atget, entre otras.

En el trato con el escritor René Crevel, a quien conoce en casa del pintor Jacques-Émile Blanche, Cartier-Bresson empieza en 1926 a frecuentar a los surrealistas, asistiendo a las reuniones a las que acudía André Breton, que se celebraban en los cafés de la Place Blanche.

En esos encuentros el fotógrafo asimilará emblemáticos conceptos y visiones del imaginario surrealista. Pero lo que más le marca del surrealismo es su actitud, ese espíritu subversivo que lo caracterizaba; el lugar que ocupaba la interpretación del inconsciente, y el placer del flâneur urbano en su vagar sin rumbo fijo, atraído por lo que pudiera propiciarle el azar.

Cartier-Bresson sería muy propenso a los principios enunciados por Breton respecto a la belleza convulsiva y los pondría en práctica a lo largo de los años treinta. Sin duda alguna fue uno de los fotógrafos más surrealistas de su generación. Y como casi todos los afines a ese movimiento, Cartier-Bresson compartiría muchas de las posturas políticas de los comunistas, como un riguroso anticolonialismo, el compromiso con los republicanos españoles y la profunda convicción de la necesidad de “cambiar la vida”.

En febrero de 1947 inaugura su primera gran retrospectiva institucional en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York. Unos meses después, junto con Robert Capa, David Seymour, George Rodger y William Vandivert, funda la agencia Magnum, que pronto se convertiría en uno de los referentes mundiales en el campo del fotorreportaje de calidad. 


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Fotografía de Cartier-Bresson © Jane Bown