domingo, 22 de septiembre de 2019

Fotografía y Diseño gráfico en el Hay Festival


‘Formas artísticas que se complementan entre sí’ fue el epígrafe del encuentro celebrado en Segovia en el que dialogaron Eugenio Recuenco y Emilio Gil.

El diseñador Emilio Gil, ganador de la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2015, y el popular fotógrafo Eugenio Recuenco comenzaron a trabajar juntos en 2018 para la exposición 365º. Un esfuerzo artístico conjunto rico en contenido y una puesta en escena enormemente atractiva. Formando un tándem perfecto, ambos se involucraron para complementar dicha exposición con el fotolibro que recogiera ese ingente trabajo de manera que fuera algo tangible, yendo más allá del mero catálogo pero a la vez accesible para el público.  
  
Los artistas conversaron el pasado 20 de septiembre, en la Biblioteca Pública de Segovia, sobre la relación que existe entre la fotografía y el diseño gráfico, formas artísticas que se complementan entre sí. Desde revistas ilustradas hasta libros de fotos, Gil y Recuenco hablaron sobre ambas disciplinas y su evolución histórica.

Arquitecto Técnico de formación desde 1975, Emilio Gil funda la empresa Tau Diseño en 1980, una de las compañías españolas pioneras en servicios de diseño, Comunicación Institucional y creación y desarrollo de Programas de Identidad Visual Corporativa.

En 1982 y después de unos años ejerciendo la profesión como autodidacta amplía su formación realizando estudios de Diseño en la SVA (School of Visual Arts) de Nueva York con profesores de la categoría de Milton Glaser, James McMullan y Ed Benguiat.

Eugenio Recuenco estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid. Atraído también por la fotografía, se especializa en pinturas de gran formato. Luego comienza a colaborar con las principales revistas de moda españolas e internacionales (Vogue España, Madame Figaro, Wad, Vogue, Spoon, Planet, Vanity Fair, Stern, Kult, Twill, GQ, Marie Claire2, Vogue UK, Vanity Fair y Zink) y decide mudarse a París para poder sumergirse en las tendencias de pintura que se desarrollan allí.

Estando en la capital gala, la marca Nina Ricci confía en él y lo invita a dejar temporalmente la cámara fotográfica para tomar la cámara de vídeo. Posteriormente también realizaría spots televisivos para marcas como Loewe, Freixenet, Mango, Codorniu, Chivas Regal, Regione Campania, Vanderbilt y Motorola, entre otras.

Más información

Página web oficial del Hay Festival Segovia.

Fotografía de Eugenio Recuenco © Fernando Torres

domingo, 8 de septiembre de 2019

Eamonn Doyle, street photographer


La Fundación MAPFRE expone por primera vez en Madrid las obras del fotógrafo y productor de música electrónica irlandés Eamonn Doyle.

Nacido en 1969, Doyle estudió pintura y se graduó en 1991 con un Diploma en Fotografía del IADT de Dublín. A continuación se dedicaría a viajar por el mundo con la idea de convertirse en fotógrafo profesional. No tardó en regresar a Irlanda y en 1994 deja la cámara y lanza el sello D1 Recordings. Eamonn pasaría los siguientes veinte años inmerso en el mundo de la música, grabando, publicando discos, haciendo colaboraciones y dirigiendo festivales.

Fue hace seis años cuando de nuevo irrumpe en el mundo de la fotografía y hoy su trabajo es reconocido internacionalmente. Martin Parr dijo de Eamonn Doyle que se trataba de “una nueva visión singular y una contribución original al desarrollo de la fotografía callejera”.

Hacia 2011, tras fundar y dirigir el Dublin Electronic Arts Festival de 2001 a 2009, Doyle comienza a hacer fotografías en las calles de la capital irlandesa desde ángulos inesperados, revelando un estilo propio para retratar la ciudad y sus habitantes. 

Su inquebrantable pasión por la música, por la literatura, en particular por Samuel Beckett, y por los contemporáneos movimientos culturales y cambios en las políticas sociales, parecen concurrir y manifestarse en las calles de Dublín a través de sus fotografías que, con su uso estratégico del encuadre y el recorte, transmiten momentos de quietud, de soledad, o de energía y de comunidad.

Esta exposición, que incluye también algunas de sus copias tempranas hechas en el cuarto oscuro, nos propone descubrir las series fotográficas conocidas como ‘Trilogía de Dublín’, así como obras más recientes fruto de su colaboración con otros artistas.

Más información


Enlace de interés

Página web de Eamonn Doyle.

Fotografía ON (serie) nº 45 (2014) © Eamonn Doyle

lunes, 19 de agosto de 2019

Día Mundial de la Fotografía


“La luz hace la fotografía. Aprovecha la luz. Admírala. Ámala. Pero, sobre todo, conócela. Conoce para todo lo que sirve y lograrás conocer la clave de la fotografía”. George Eastman, fundador de la compañía Kodak.

El 19 de agosto de 1839 el pintor y escenógrafo teatral Louis Daguerre, que ya utilizaba la cámara oscura para hacer sus maquetas, presentaba oficialmente en París, ante los miembros de la Academia de Ciencias de Francia, su reciente gran invento: el daguerrotipo. Se trataba del proceso químico por el que, gracias a la luz y a la sensibilidad de una lámina de haluros de plata, quedaba impresionada una imagen, la cual se presentaba sobre una placa de cristal, dando así lugar al posterior desarrollo de la fotografía.

Pero el mérito del hallazgo de este procedimiento fotográfico, desarrollado y perfeccionado por Daguerre, en buena parte es del químico, litógrafo y científico aficionado Joseph Nicéphore Niépce, pues estaba basado en sus experiencias previas e inéditas. De hecho, la primera fotografía de la historia que se conserva fue tomada en 1826 por Niépce desde la ventana de su granero de Saint Loup de Varennes, en Francia.

Daguerre trabajó en numerosas ocasiones con el óptico Charles Chevalier quien lo puso en contacto con Niépce, al conocer los experimentos que éste estaba realizando en la fijación de imágenes de la cámara oscura. En 1829 Daguerre reconoció por escrito que Niépce “había encontrado un nuevo procedimiento para fijar, sin necesidad de recurrir al dibujo, las vistas que ofrece la naturaleza”.

En 1833 Niépce moría y Louis Daguerre continuaría investigando y perfeccionando el proceso fotográfico llamado ya daguerrotipo hasta 1838 sin hallar un método para obtener copias, pues se trataba de una imagen positiva única. Además, los tiempos de exposición eran largos y el vapor del mercurio que actuaba como revelador tenía efectos tóxicos para la salud. Daguerre haría algunos ensayos con sustancias fosforescentes, pero la imagen resultante era fugaz y visible tan solo en la oscuridad.

El 19 de agosto de 1839, la patente del daguerrotipo quedó liberada para que cualquiera pudiera utilizarla, lo que supuso el gran paso a la universalización de la técnica fotográfica. 

El proyecto ‘World Photo Day’ comenzó en 2009, y se celebró por primera vez el 19 de agosto de 2010. Según el sítio web oficial, es “un evento internacional de fotografía, en el que se celebra la pasión por retratar en nuestras comunidades”. El fundador y director del proyecto es Korske Ara y una de las actividades de esta celebración es la carga de las mejores fotos en el sitio web oficial del ‘Día Mundial de la Fotografía’.

Imagen del Boulevard du Temple por Daguerre.

jueves, 25 de julio de 2019

Roger Hodgson, ‘Breakfast in America’ 40th Anniversary


Los Jardines del Botánico de Madrid fueron el escenario de un viaje en el tiempo a finales de los 70 y principios de los 80 del siglo XX, cuando Hodgson componía para el grupo Supertramp.

Han pasado 40 años desde que Supertramp publicara su célebre álbum ‘Breakfast in América’, sin embargo el tiempo no parece haber hecho mella en Roger Hodgson (Portsmouth, 1950), co-fundador del grupo, ni en sus principales melodías como así lo demostró en el concierto ofrecido anoche dentro del Festival de las Noches del Botánico. Antes al contrario, con ganas de divertirse mostró su habitual cercanía con el público. Un veterano y nostálgico aforo que tenía grabadas en la memoria y cantaba con él las canciones de su repertorio; para lo que, además de vocalista, como músico fue alternando los teclados de un Roland, un pequeño piano de cola, la guitarra eléctrica y la acústica de doce cuerdas.

En realidad, lo del aniversario del ‘Breakfast in America’, aparte, claro está, de la coincidencia de fecha, es sólo una excusa de marketing. Aunque Hodgson comenzara la calurosa noche madrileña interpretando ‘Take the long way home’ al teclado del piano digital, e incluyera otros temas imprescindibles como ‘Breakfast in America’, ‘The logical song’, ‘Lord is it mine’ y ‘Child of vision’, no podían faltar perlas como ‘School’, que tocaría en segundo lugar, ‘Easy does it’, ‘Sister Moonshine’, ‘Even in the quietest moments’ o ‘Don't leave me now’; así como algún que otro tema de sus discos en solitario: ‘Along came Mary’, ‘Death and a zoo’…

Para el final y los bises fue dejando las conocidas y vitoreadas ‘Fool's overture’, ‘Dreamer’, ‘Give a little bit’ y ‘It's raining again’. Confirmando así, un concierto más, que la voz y el talento musical de Roger Hodgson siguen estando en una excelente forma después de todos estos años.

Más información

Festival Noches del Botánico.

Enlace de interés

The logical song’ - Roger Hodgson (live video).

Fotografía de Roger Hodgson © Fernando Torres

sábado, 13 de julio de 2019

La casa de Max Moreau


El pintor belga Max Moreau, afincado en Granada e Hijo Adoptivo de la ciudad, donó a su muerte su Carmen y todos sus bienes a la capital granadina.

El Ayuntamiento de Granada, en su recuerdo y como homenaje a Max Leon Moreau (1902-1992), restauró su Carmen en el Albaicín con unas espléndidas vistas a la Alhambra para destinarlo a museo el día 29 de octubre de 1998.

Moreau nació en Soignies, una pequeña ciudad belga situada en la Región Valona que abandona cuando contaba tres años de edad para ir con sus padres a vivir a Bruselas. Desde niño la admiración por su padre, pintor, al que observaba durante su trabajo, hizo de su aprendizaje artístico un gesto inconsciente y espontáneo. Con doce años ya dibujaba con una gran precisión del natural ante la sorprendida mirada del padre que veía cómo, pocos años después, su hijo pintaba al óleo sin haber tenido una formación académica rigurosa ni haber ido a la escuela de Bellas Artes. Su padre se convirtió en guía y maestro de Max desde sus primeras experiencias con el arte. 

Termina la I Guerra Mundial y la familia Moreau se traslada a París. Max continúa el trabajo en los teatros parisinos, especialmente en aquellos que recreaban obras de la Comedia Francesa. Fue entonces cuando conoce a Denie d' Ines, actor francés que sería su amigo de por vida, realizando más de setenta retratos que ilustran los principales papeles de su repertorio escénico.

El regreso a Bruselas se produce después de su servicio militar en donde la pintura fue gran consuelo y ayuda. A los 26 años contrae matrimonio, “la más dichosa boda que se puede soñar” confirmará el propio Max.

Una nueva etapa de su vida viene marcada por el atractivo que siente hacia Oriente. Lo pintoresco de los paisajes contemplados en fotografías y cuadros de colegas, las posibilidades pictóricas imaginadas y el deslumbramiento de lo exótico decide a Moreau a viajar a Túnez en 1929. La ciudad magrebí fue un verdadero descubrimiento para el artista que, fascinado por el país, viaja hasta en cinco ocasiones durante los siguientes diez años. Allí se relaciona con un grupo de intelectuales con quienes colabora en el estreno de una obra de teatro. En aquel tiempo expone en Bruselas, Anvers, Charleroi, Arlon y Luxemburgo, en donde tiene la ocasión de dirigir la Gran Orquesta de la Radio interpretando sus propias composiciones.

Y es que el extraordinario talento de Moreau se extendió también a su faceta de compositor. Su música, como su pintura, es polifacética y al igual que ésta, inspirada por lo oriental, donde lo exótico y sensual se mezcla con cierto barbarismo primitivo. Entre su repertorio, sorprende a los melómanos por su estructura original y por la sensibilidad y elevación de su melodía, la serie de poemas líricos que tienen por tema, entre otros, ‘La flauta de jade’ y ‘El jardín de las caricias’ de Franz Toussaint.

Durante la II Guerra Mundial Moreau se traslada al sur de Francia, donde realizaría innumerables retratos. En 1946, tras una breve estancia en Niza, decide volver a viajar a África y allí continúa con su trabajo como retratista.

Marraquech resultó ser una ciudad sensacional para el pintor. Las tiendas del zoco, la luz, los olores y, sobre todo, el paisanaje contenido en la plaza de Djemaa-el-Fna constituyen un tesoro para los sentidos de un valor inapreciable para Moreau. Allí retrata a numerosas personalidades con las que entablaría amistad. 

De nuevo vuelve a París para inmediatamente después viajar a las Bahamas, islas en las que retrata a los principales miembros de la colonia inglesa. Regresa otra vez a Francia, donde vuelve a sentir la irreprimible necesidad de viajar: América del Norte, Vichy, Lisboa y Nazaré, en donde realiza una serie de cuadros de pescadores que fueron muy apreciados en Francia, Bélgica y España.

Después de quince años de residencia en París y de múltiples viajes por el mundo, el matrimonio Moreau partiría cambiando Francia por España y París por Granada, ciudad que les cautivó y que, según sus propias palabras, nunca les defraudó en los muchos años que residieron allí.

En Granada adquirió el ‘Carmen de los Geranios’, en el barrio granadino del Albaicín, donde vivirían más de treinta años. Aquí, entre los muros de su nueva vivienda, rodeado de plantas, flores y fuentes, pinta a sus nuevos amigos granadinos y el mundo inanimado, quieto y silencioso de los objetos que le rodean, hasta que el 7 de septiembre de 1992, después de padecer una larga enfermedad, le sobrevino la muerte.

Sus obras, a lo largo de su dilatada carrera como pintor, han sido expuestas en Bruselas, Túnez, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Bahamas, Marruecos, Argelia y España.

Fotografía Carmen de Max Moreau © Fernando Torres

lunes, 17 de junio de 2019

‘Manifiesto’. Retrospectiva de William Klein

El veterano maestro de la fotografía callejera estuvo en Madrid para inaugurar una exposición retrospectiva y promocionar su más reciente libro, ‘Celebration’. Una compilación de irrepetibles instantes en los que aparecen retratadas ciudades como Nueva York, París, Roma, Moscú o Madrid.

Dentro de la programación de PHotoESPAÑA 2019 y coincidiendo con la celebración del 90 aniversario de este gran artista norteamericano, el Espacio Fundación Telefónica muestra hasta el 22 de septiembre la primera gran retrospectiva de William Klein en España, la exposición monográfica ‘William Klein. Manifiesto’.

Considerado por muchos uno de los grandes patriarcas de la fotografía, William Klein (Nueva York, 1928) revolucionó el lenguaje visual fotográfico durante la década de los 50 con sus impactantes instantáneas callejeras de Nueva York. No obstante, la actual retrospectiva quiere presentar también las diversas facetas artísticas de Klein, además de la fotográfica, como quizá sean para algunos las menos conocidas pictórica, gráfica y cinematográfica, componiendo así un retrato más completo del artista con alrededor de unas 250 de sus obras entre fotografías, pinturas, películas y libros.

Desde que como pintor fuera alumno de Fernand Léger, pasando por los experimentos abstractos de principios de la década de 1950, la fotografía callejera y los libros, hasta el cine en Klein se da una constante que recorre toda su obra. Su sentido de la estética nos transmite su idea de un tiempo de cambios, de creaciones y revoluciones presente a lo largo de su trayectoria artística.

Más información

Página web de Espacio Fundación Telefónica.

Fotografía exposición William Klein © Fernando Torres

domingo, 9 de junio de 2019

‘Berenice Abbott. Retratos de la Modernidad’


Tras su paso por las salas de la Fundación MAPFRE en Barcelona, la exposición ‘Berenice Abbott. Retratos de la Modernidad’ llegó a Madrid para mostrarnos la particular mirada de esta genial fotógrafa, que nos ofrece su personal visión de artistas e intelectuales de los años 1920 y 1930, así como de las ciudades de Nueva York y París.

Esta exposición de Berenice Abbott (Springfield, Ohio, 1898 - Monson, Maine, 1991), producida por Fundación MAPFRE y comisariada por Estrella de Diego, catedrática de Arte Contemporáneo de la UCM y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, representa la mayor retrospectiva que se organiza en España, con fondos de época procedentes de algunas de las más importantes colecciones estadounidenses como la New York Public Library, el George Eastman Museum (Rochester, Nueva York), la Howard Greenberg Gallery (Nueva York), el International Center of Photography (Nueva York), el MIT Museum (Cambridge, Massachusetts) y el Museum of the City of New York.

Abbott fue una pionera en cuanto a una moderna y audaz forma de mirar el mundo para plasmarlo en sus fotografías. Su carácter inconformista y excepcional talento se hace patente tanto en sus imágenes como en el documental de 56 minutos de duración Berenice Abbott: A View of the 20th Century, que realizaron Kay Weaver y Martha Wheelock en 1992 y que también se podrá ver en versión original hasta el próximo 25 de agosto en la Sala Recoletos con motivo de esta exposición organizada por la Fundación MAPFRE.

Berenice Abbott llegó a Nueva York en 1918 para estudiar escultura en el Greenwich Village, esta ciudad estuvo muy ligada a su crecimiento artístico. Buscando extraer su esencia y la de sus gentes, la fotografió como nadie lo había hecho hasta entonces. Más tarde conocería a Eugène Atget en París de la mano de Man Ray. La obra de este fotógrafo francés le seduce tanto que, tras su muerte en 1927, Abbott compra todo su archivo personal. Durante varias décadas se dedicará a promocionarle en Estados Unidos, convirtiéndose en una favorecedora figura clave para el conocimiento historiográfico del fotógrafo.

En esta muestra, formada por casi doscientas imágenes de la artista, se exponen también once fotografías de Eugène Atget positivadas por la propia Abbott a finales de la década de 1950. Así como una mirada insólita de París y Nueva York y un gran talento estético a la hora de retratar a los artistas e intelectuales en las efervescentes décadas centrales del siglo XX.

Por último, otra faceta de Berenice Abbott presente en esta exposición es la de la ciencia. Abbott formó parte del Physical Science Study Committee (PSSC) del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Con su gran imaginación y creatividad, la fotógrafa nos ofrece inesperadas soluciones para documentar de una manera gráfica fenómenos físicos de la luz, el electromagnetismo o la mecánica.

Más información

Página web de la Fundación MAPFRE.

Fotografía ‘Blossom Restaurant’ (1935) © Berenice Abbott