miércoles, 18 de octubre de 2017

Catrin Finch y Seckou Keita en concierto


La arpista galesa Catrin Finch y el intérprete de kora senegalés Seckou Keita unen su talento y virtuosismo para ofrecer una extraordinaria exhibición de armonía musical.

Tras sus actuaciones de este verano por el Reino Unido, el dúo dio ayer en CaixaForum Madrid un espléndido concierto con el que remató la gira española.

Basándose en sus respectivas y muy dispares tradiciones musicales, su exitoso álbum debut ‘Clychau Dibon’ es el resultado de la brillante sinergia con que ambos intérpretes fusionan y transforman de manera sublime las melodías galesas y los ritmos mandingas. En el escenario este proyecto, aclamado por la crítica y la prensa especializada, es un viaje musical en el que Finch y Keita se alternan en hipnóticas improvisaciones y en una sorprendente simbiosis interpretativa en cada uno de los temas del disco.

“Todo en la música tiene que ser honesto, y los significados más profundos de las canciones y las melodías deben preservarse”, opina Keita. “Es por eso que es importante que las colaboraciones sean adecuadas para la música, y hay conexiones entre, por ejemplo, los sonidos cubanos e indios y el repertorio de la kora que se pueden explorar sin perder los distintos sabores de las diferentes tradiciones y estilos”.

Seckou Keita nació en Ziguinchor, Senegal. A través de su padre es descendiente de la dinastía real Keita de Malí, mientras que la familia de su madre, los Cissokhos, son una familia griot (cantante tradicional de África Occidental). Lanzó su carrera internacional en 1996 asesorado por su tío y también músico Solo Cissokho, con apariciones en el Festival Førde de Noruega colaborando con músicos cubanos, indios y escandinavos. En los años siguientes, Keita se mudó al Reino Unido, entretanto viajaba regularmente a España, Francia, Portugal, Grecia y la República Checa, además de tocar en festivales tan prestigiosos como el WOMAD o el de Glastonbury, tanto como solista como en colaboración con grandes figuras de la talla del violinista indio Subramaniam, el cantante senegalés Youssou N'Dour o el cantante y compositor británico Paul Weller, entre otros.

Catrin Finch nació en Llanon, Gales. Hija de madre alemana y padre inglés comenzó a aprender a tocar el arpa a la edad de seis años. A los nueve ya había aprobado su examen de arpa Grado VIII. Fue miembro de la National Youth Orchestra de Gran Bretaña a la edad de diez años, convirtiéndose en la más joven de sus miembros en tocar en los célebres conciertos de la BBC ‘The Proms’. Estudió arpa con Elinor Bennett y más tarde con Skaila Kanga en la Purcell School of Music de Londres. Durante la década de 1990, Finch ganó varias competiciones para jóvenes arpistas, incluido el Premio Nancy Richards y el Blue Riband en el National Eisteddfod de Gales. A día de hoy ha tenido innovadoras colaboraciones con diversos músicos como el gran intérprete de kora de Malí Toumani Diabaté.

Finch y Keita resultaron ganadores del fRoots Album Of The Year por el disco ‘Clychau Dibon’, además de obtener dos nominaciones a los BBC Radio 2 Folk Awards al mejor dúo y mejor canción tradicional. Y es que como se pudo comprobar en su concierto en Madrid, la química compositiva y ejecutante de estos artistas trasciende las fronteras entre los géneros de la música mundial, clásica, popular y tradicional.
  
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Fotografía de Finch y Keita © Fernando Torres 

sábado, 7 de octubre de 2017

La lomografía, una experiencia visual


En plena Era digital, en la que la fotografía experimenta cada día nuevos e importantes avances como son las excelentes prestaciones de las últimas cámaras réflex o el uso de los cada vez más sofisticados smartphones, asistimos también al resurgir de las cámaras instamáticas, como la emblemática Polaroid o la Lomo Instant. Y de igual forma se advierte una pujante vuelta a la fotografía analógica a tenor del reciente auge y las posibilidades que ofrece la lomografía.

Los mejores inventos nacen de las casualidades, pero también de una necesidad, como le ocurriría a Edwin Land con su Polaroid. Y es que el caprichoso azar propició que, a principios de los 90, Matthias Fiegl y Wolfgang Stranzinger, dos estudiantes austriacos, encontraran en un mercadillo de Praga por casualidad una curiosa cámara rusa llamada ‘LOMO’ (Lomo LC-A).

‘LOMO’ es el acrónimo de Leningradskoye Optiko-Mechanichesckoye Obyedinenie (Unión Mecánica Óptica de Leningrado), una compañía fundada en San Petersburgo en 1914. Sería el General Igor Petroviwitsch, mano derecha del Ministro de Defensa y de Industria de la Unión Soviética, quien en 1982 mostrara una mini cámara japonesa a su camarada Michael Panfilowitsch, director de la fábrica rusa especializada en armas y óptica. Panfilowitsch examinó la cámara observando la gran nitidez de su lente de cristal, su extrema sensibilidad a la luz y su robusto armazón.

La cámara en cuestión, objeto de aquel flagrante caso de espionaje industrial, no era otra que la nipona Cosina CX-1, que se copió con la intención de mejorar su diseño, creando así el primer prototipo de la rusa Lomo LC-A –que los espías de la KGB utilizaban para fotografiar planos secretos o armamento–, y que se exportó a países por entonces comunistas como Ucrania, Polonia, Checoslovaquia e, incluso, Cuba, dando lugar al fenómeno que vino después conocido como ‘lomografía’. Muy pronto el uso de estas máquinas fotográficas se extendería por Europa occidental.

Los descubridores que darían a conocer al mundo entero la Lomo Kompakt Automat (mejor conocida como Lomo LC-A), serían esos dos estudiantes de Viena que la adquirieron sin saber aún su trascendencia en el mundo de la fotografía experimental. En su recorrido por las calles de Praga realizaron fotografías fortuitas sin apenas mirar a través del visor de la cámara, de una forma casual y espontánea. A la vuelta de sus vacaciones, al revelar las fotos, para su sorpresa comprobaron que las instantáneas eran luminosas, de saturados colores, y transmitían con gran frescura la emoción del momento, advirtiendo las posibilidades artísticas que se derivaban de esa compulsiva práctica fotográfica.

Esa intensificación de los colores se debe a la lente gran angular llamada Minitar 1, que fue expresamente diseñada por el profesor Radionov. La singular lente se caracteriza porque da como resultado una mayor saturación de los colores en el centro de la imagen. Causa un efecto túnel, además de un oscurecimiento en las esquinas del encuadre, produciendo ese característico viñeteado. Mientras que su rudimentario mecanismo de enfoque, con sólo cuatro modos: 0,8 metros, 1,5 metros, 3 metros e infinito, hace que algunas fotos aparezcan algo desenfocadas, pero con un particular toque artístico. A lo que se suma la opción del disparador en modo ‘manual’, con largas exposiciones a baja luz, creando deliberadamente insólitas visiones.

El hallazgo de los estudiantes corrió de boca en boca y comenzaron a demandar cámaras al antiguo bloque soviético clandestinamente. Poco después se fundaría la Sociedad Lomográfica, que actualmente cuenta con más de 500.000 miembros.

A pesar de que en San Petersburgo la producción haya decaído, la Sociedad Lomográfica ha conseguido llevar las matrices de estos modelos a China, para evitar la escasez de máquinas en el mercado. Y está demostrando que la lomografía se ha convertido en algo más que una moda, es una popular forma experimental de expresión artística.

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Página web oficial de Lomografía.

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Fotografía ‘Otoño’ © Fernando Torres

jueves, 21 de septiembre de 2017

Richard Ford en el Hay Festival Segovia


La multitudinaria cita cultural anual segoviana acoge este año al escritor norteamericano Richard Ford, galardonado en 2016 con el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

De nuevo este año Segovia celebra su internacional Hay Festival con más de 70 eventos repartidos entre sus jardines y plazas, palacios, capillas y monasterios. Y uno de ellos será el encuentro del próximo domingo 24 de septiembre con Richard Ford, ganador de los premios Pulitzer y PEN/Faulkner con la misma novela, ‘Independence Day’.

A menudo mencionado en muchos rumores como uno de los candidatos al Nobel en los últimos años, sobre todo después de que el también norteamericano Philip Roth lo obtuviera en la edición de 2012, Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) está considerado uno de los mejores novelistas de su generación, muy valorado por su libro ‘El periodista deportivo’ (1986), con el que fue Finalista del Premio Faulkner 1987, y por su continuación, ‘El día de la independencia’ (1995).

‘Canadá’, una de sus mejores y más recientes obras, nacía a raíz de un envite con el desaparecido Raymond Carver durante una excursión de caza: “Allá por 1986 cruzamos la frontera para cazar gansos salvajes. Nos encontrábamos en la provincia de Saskatchewan y decidimos hacer una apuesta para ver quién era capaz de integrar ese nombre en un relato. Gané yo, pero solo porque Ray murió antes de poder realizarlo. Esa debió de ser la llama que encendió mi interés literario por Canadá”.

En esta ocasión, Ford ofrecerá en Segovia la conferencia ‘¿Ha existido realmente el sueño americano?’. Duda que quizá con cierta desilusión haya venido poniendo de manifiesto en sus últimas novelas, como son la citada ‘Canadá’ y ‘Francamente, Frank’, donde con ese sentimiento retrata la vida cotidiana de la clase media norteamericana. Asimismo, en dicho acto el escritor leerá fragmentos de su nuevo libro ‘Entre ellos’, obra que gira en torno a la historia de sus progenitores.

A esta duodécima edición del Hay Festival, que se está celebrando en la capital segoviana desde el 16 al 24 de septiembre, asisten entre otras personalidades los escritores Antonio Muñoz Molina, Santiago Posteguillo, Jeanette Winterson, o la marroquí Leila Slimani, ganadora del premio Goncourt 2016.

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domingo, 10 de septiembre de 2017

Nicholas Nixon, el fotógrafo del tiempo


Nacido en 1947 en Detroit, Michigan, Nicholas Nixon es un fotógrafo conocido por sus trabajos como retratista y documentalista, además de por ser un defensor del uso de la cámara de gran formato. 

La serie más conocida de este fotógrafo del paso del tiempo es la de los retratos en los que aparecen su mujer, Beverly Brown (Bebe), con sus tres hermanas conocida como ‘The Brown sisters’, que inició en 1975 y continúa haciéndolo en 2017. El proyecto nació de una manera casual: Nixon decidió fotografiar a las entonces jóvenes chicas por la evidente similitud de sus rasgos, su belleza y su sutil aire de rebeldía. “A todos nos gustó mucho una fotografía, y de ahí el impulso del que salió la idea. La misma que se les ocurre a la mayoría de los padres”.

El retrato de las hermanas se convirtió en una familiar ceremonia anual que Nixon, su mujer y sus cuñadas mantienen durante más de cuarenta años, con las entonces jóvenes Bebe, Mimi, Laurie y Heather convertidas en mujeres maduras, mirando al objetivo y siempre posicionadas en el mismo orden. La esposa de Nixon es la segunda contando por la derecha.

Las fotografías que componen la serie nos transmiten la sensación de estar presenciando una escena privada que, a su vez, está cargada de profundos conceptos universales, como son la naturalidad, la fortaleza y el ineludible paso del tiempo. Desde el punto de vista formal, las fotografías destacan por su fidelidad y por su riqueza tonal; contempladas como serie, se convierten en instantes de equilibrio dentro de la incesante regularidad de un proceso de transformación. La capacidad de detener el tiempo en cada fotografía provoca en el espectador que observa la serie un involuntario sentimiento de nostalgia.

Desde sus inicios Nixon se ha inspirado en artistas como Cartier-Bresson, Eugène Atget, Walker Evans, Harry Callahan o Robert Adams. La perfección técnica, la claridad y la precisión, que desde el siglo XIX son constantes de la fotografía formal americana, dominan artísticamente la producción de este fotógrafo que desde el próximo 14 de septiembre se podrá admirar en las salas de la Fundación MAPFRE. Se trata de la mayor retrospectiva hasta la fecha dedicada a la obra de Nicholas Nixon. Además de las fotografías de la serie de ‘Las hermanas Brown’, realizadas en gelatina de plata y en formato 50,5 x 60,5 cm, de la que se hizo una tirada de siete impresiones, de las que una pertenece a la Colección MAPFRE, la exposición comprende una selección de más de doscientas obras, comenzando por las primeras vistas de ciudades de los años 70. Pero también de los ancianos, la intimidad de las parejas, los enfermos o la familia.

Orientado sobre todo al retrato, con una depurada técnica y una cuidada composición, Nixon captura la realidad cotidiana; temas y aspectos de la vida que, por su humanidad en el tratamiento y cercanía, logran que el espectador participe de ellos y se sienta identificado.

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Fundación MAPFRE 

sábado, 26 de agosto de 2017

Homenaje a Melville en su centenario


Se suceden los tributos al cineasta Jean-Pierre Melville, gran precursor de la Nouvelle Vague y el cine negro francés, en este año en el que se cumple el centenario de su nacimiento.

Tras el del pasado mes de enero en el Festival de Sundance, el de mayo en el XX Festival de Cine Francés de Cuba, o en otros muchos certámenes cinematográficos internacionales como el de Cannes, Venecia, Río de Janeiro, Tokio y Mar del Plata, el próximo mes de septiembre el Institut français de España en Madrid rendirá su particular homenaje a este influyente director. Ya que en octubre también será recordado en  la 62ª edición de la Seminci de Valladolid, sumándose así a los actos organizados por el Instituto francés en la conmemoración del Centenario del realizador de ‘El samurái’, ‘Crónica negra’, ‘El ejército invisible’ y ‘Hasta el último aliento’, entre otras.

En el marco de esta celebración, y en acción conjunta con la Fundación Jean-Pierre Melville, la Filmoteca Española y la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas de España, el día 7 de septiembre el Institut français de Madrid proyectará en exclusiva el documental Sous le nom de Melville de Olivier Bohler. A continuación, el público asistente podrá participar de un encuentro con el director de cine Enrique Urbizu y Laurent Grousset, sobrino de Melville y presidente de la Fundación Jean-Pierre Melville.

Sous le nom de Melville, primer largometraje documental consagrado al cineasta desde su muerte en 1973,  narra la trayectoria de Melville durante la Segunda Guerra mundial y el impacto que esta experiencia personal de la guerra y de la Resistencia tuvo en el conjunto de su obra, al mismo tiempo que, indirectamente, en la de sus colegas contemporáneos. La película incluye entrevistas con directores como Johnnie To o Masahiro Kobayashi, que opinan sobre el cine del maestro francés.

Figura emblemática del cine negro y del cine mundial, Jean-Pierre Melville fue también actor, guionista, productor y rodó junto a los actores más venerados de su época, como Delon, Belmondo o Deneuve, entre otros. Como realizador está considerado uno de los cineastas más importantes de su generación, influyendo de manera notable en directores contemporáneos tales como Tavernier, Tarantino, Michael Mann, o el citado Johnnie To.


Enlace de interés

Semana Internacional de Cine de Valladolid, Seminci.

Fotografía de Jean-Pierre Melville © STUDIOCANAL/Fono Roma


jueves, 27 de julio de 2017

Jamie Cullum, el enfant terrible del jazz


El pianista y vocalista británico Jamie Cullum derrochó anoche vitalidad y talento en el escenario de las ‘Noches del Botánico’, ciclo de conciertos que se celebra desde el 22 de junio al 29 de julio en el Jardín Botánico de la Universidad Complutense de Madrid.

Como es habitual en este joven artista, el pasado 26 de julio interpretó para un aforo de seguidores una mezcla de jazz con melodías pop y rock durante más de dos horas. Deleitó al personal con un repertorio musical propio en el que tuvieron también cabida personales versiones como la del clásico de Jimi Hendrix ‘The wind cries Mary’, o una apoteósica versión del ‘Sinnerman’ de la gran Nina Simone. Y es que Jamie Cullum y su banda son capaces de versionar y pasar por el filtro del jazz éxitos de otros artistas como Jeff Buckley, Rihanna, Kanye West o White Stripes, entre otros.

Para quien todavía no conozca a Jamie Cullum hay que decir que su álbum ‘Twentysomething’ (2003) es el disco de jazz de estudio más vendido de la historia. Y hasta ha cosechado ya éxitos en el mundo del cine colaborando en la banda sonora de distintas películas, como es el caso de ‘Gran Torino’, que dirigiera Clint Eastwood, resultando nominado como mejor canción original en los Golden Globe Awards, galardones concedidos por los miembros de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood en reconocimiento a la excelencia de profesionales en cine y televisión, tanto en Estados Unidos como a nivel mundial.

Su segundo álbum, ‘Pointless Nostalgic’ (2002), que fue editado por un pequeño sello de jazz (Candid), consiguió que la discográfica Universal Records se fijara en él y le ofreciera un contrato por un millón de libras para promocionar y grabar sus discos durante los siguientes cinco años.

Jamie Cullum se ha convertido en uno de los principales referentes del jazz vocal actual, hasta el punto de ser considerado por el público americano como sucesor de Harry Connick Jr.

Discografía

‘Heard It All Before’ (1999).
‘Pointless Nostalgic’ (2002).
‘Twentysomething’ (2003).
‘Catching Tales’ (2005).
‘The Pursuit’ (2009).
‘Momentum’ (2013).
‘Interlude’ (2014).

Más información

Página web oficial de Jamie Cullum.

Fotografía de Jamie Cullum © Tom Beetz (Creative Commons)

viernes, 7 de julio de 2017

El folk gaélico escocés de Julie Fowlis


Originaria de Escocia, Julie Fowlis es una multiinstrumentista que interpreta música celta y canta habitualmente en gaélico escocés.

Fowlis nació y creció en North Uist, una isla de las Hébridas Exteriores, una comunidad de mayoría gaélicohablante. Desde muy pequeña se involucró con la música tradicional y aprendió a cantar, a bailar y a tocar la gaita.

El gaélico escocés es una lengua celta que alrededor del siglo V, cuando los escotos de etnia celta provenientes del norte de Irlanda se asentaron en la costa occidental, se impuso como una variedad del irlandés antiguo que sustituyó a la antigua lengua de los pictos hablada en la zona hasta entonces. De ahí su similitud con el gaélico hablado en Irlanda y la Isla de Man. Más tarde, las influencias lingüísticas procedentes de los anglos y las invasiones vikingas irían relegando cada vez más el idioma, hasta que a finales de la Baja Edad Media se crearan en las islas Hébridas las cortes locales y las escuelas de bardos, que fueron cuna del sistema de clanes de las Highlands y un refugio para la cultura y el idioma gaélico, reprimido durante siglos.

Julie Fowlis lleva por tanto en su ADN la tradición de esos orígenes, y eso es algo que realmente se hace patente en la bella forma de interpretar su música, capaz de trasladarnos con la imaginación a esas tierras húmedas envueltas en la bruma desde los primeros acordes y evocadores cantos gaélicos. Para ello se hace acompañar en el escenario por músicos habituales como Éamon Doorley a la guitarra acústica o bouzouki irlandés, el guitarrista Tony Byrne o el gran violinista escocés Duncan Chisholm, miembro fundador del grupo de rock folk Wolfstone, que también ha grabado y producido seis álbumes en solitario. Además, regularmente cuenta con la colaboración del acordeonista Donald Shaw, componente del grupo Capercaillie, en los arreglos musicales de poemas escritos por reconocidos poetas del gaélico que son revisitados por el grupo.

La gira española de Fowlis comenzó en Sevilla el 5 de julio, seguida de su brillante actuación en CaixaForum Madrid del pasado día 6. Después serán Ham (Bélgica) el 12 de agosto y Edimburgo (Escocia) el 26 de ese mismo mes para dar por terminado el verano. En otoño Julie volverá a los Estados Unidos, donde presentará una selección musical de su nuevo catálogo y las canciones de su próximo álbum. Empezará en Ohio y luego se trasladará al norte, a New Hampshire y Vermont antes de dirigirse hacia el sur para actuar en Utah, Arizona, Colorado y Nuevo México, finalizando con un regreso al BlackRock Center for the Arts en Germantown, Maryland.


Más información

Página web oficial de Julie Fowlis.

Fotografía de Julie Fowlis © Fernando Torres

miércoles, 5 de julio de 2017

Elliott Murphy, un americano en París


Elliott Murphy presentó en Madrid su libro de relatos ‘Historias de París’, que ha traducido y editado Izana Editores.

El acto tuvo lugar el pasado 4 de julio en la librería Los editores, sita en pleno centro de la capital. Para finalizar dicha presentación el músico ofreció también un mini concierto unplugged en el que esbozó algunos temas como ‘Chelsea Boots’, que abre su nuevo disco titulado ‘Prodigal son’.

“Murphy, que en sus comienzos fue comparado con Bob Dylan y que después de alcanzar la cima del rock comprobó también lo rápido que podía esfumarse la fama, vive desde hace décadas en París, desde donde organiza giras por todo el mundo, habiendo recobrado la fama del pasado además de haberse labrado una justa fama como magnífico escritor: de canciones y de libros”, dice la nota de prensa de Izana Editores.

‘Historias de París’ es una colección de once relatos escritos por el músico norteamericano desde su voluntario exilio europeo. Estas historias reflejan las vivencias del expatriado con el espíritu de Henry James, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway, a la vez que capta la atmósfera de la ciudad del Sena a lo largo de los últimos años del siglo XX.

Residente en París desde hace 28 años, el músico neoyorquino nacido en el seno de una familia de artistas comenzó su carrera como cantautor en Europa en 1971, participando en la banda sonora de ‘Roma’, cinta dirigida por Federico Fellini en 1972. Desde entonces, Elliott Murphy ha publicado más de 35 discos en los que han colaborado artistas tan relevantes como Mick Taylor o Bruce Springsteen, entre otros. Cuando Springsteen toca en París no duda en llamarle para interpretar algunos temas juntos.

“La amplitud y la profundidad del trabajo de Elliott, su perseverancia, el espíritu demostrado solo con seguir adelante, escribir al nivel al que lo ha hecho todos estos años: todo eso es un éxito asombroso”. Bruce Springsteen.

Como escritor Murphy ya había publicado varios libros de relatos anteriores a este ‘Historias de París’, como son ‘Cold and electric’, ‘The lion sleeps tonight’, ‘Where the women are naked and men are rich’ y ‘Café notes’, así como las novelas ‘Poetic justice’ y ‘Marty May’. En 2015 fue condecorado como Chevalier des Arts et Lettres por el Ministerio de Cultura francés.

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Próximos conciertos de Elliott Murphy.

Fotografía de Elliott Murphy © Fernando Torres

sábado, 17 de junio de 2017

Los mejores libros de fotografía del año


La Biblioteca Nacional y PHotoESPAÑA exponen una selección de libros de fotografía elegidos por un jurado especializado.

Como cada verano, Madrid se convierte en la cita de referencia para todos los interesados en las artes visuales y la fotografía. Con exposiciones en los principales museos, salas y galerías de arte, así como diversas actividades entorno a la temática elegida cada año, PHotoESPAÑA en su 20º Aniversario ofrece la posibilidad de conocer las últimas tendencias del arte fotográfico así como los últimos proyectos de los artistas visuales más reconocidos internacionalmente.

Con el boom digital el libro de fotografía ha experimentado un nuevo enfoque y se ha convertido en una herramienta tangible fundamental para la difusión del trabajo del fotógrafo. El libro es un soporte ideal que se adapta formal y estéticamente al pensamiento del autor siendo sus posibilidades creativas muy amplias. Este tipo de publicaciones han revolucionado el mercado editorial y algunos de ellos atesoran importantes premios y menciones de ámbito internacional.

Como en ediciones anteriores, PHotoESPAÑA ha premiado los mejores libros del año en esta disciplina. Tras una convocatoria abierta, en la que se han presentado autores y editores con libros de fotografía impresos publicados entre marzo de 2016 y marzo de 2017, un comité experto seleccionó casi un centenar de títulos para esta exposición, que reúne los volúmenes más destacados por su concepto, diseño y calidad.

Entre ellos, el jurado eligió a los ganadores de los premios PHotoESPAÑA al Mejor Libro de Fotografía en cuatro categorías: mejor libro de fotografía nacional, internacional, editorial destacada y mejor libro autoeditado. La entrega de premios tuvo lugar en el Museo de la Biblioteca Nacional de España el pasado 14 de junio, donde se podrán ver todos los libros seleccionados en una exposición abierta al público hasta el 27 de agosto de 2017.


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Fotografía de la exposición © PHotoESPAÑA

viernes, 26 de mayo de 2017

XVII Festival de jazz Saint-Germain-des-Prés


Un año más, del 11 al 22 de mayo, en plena primavera parisina, tuvo lugar la decimoséptima edición del Festival de jazz Saint-Germain-des-Prés.

Un festival cuyo origen se remonta a 2001, año en que su co-fundador, Charbaut Frederick, un periodista especializado en música de jazz, pusiera la primera piedra en la organización de este ya veterano evento musical, en el que durante casi dos semanas, músicos brillantes provenientes de distintas partes del mundo ofrecen sus conciertos en el emblemático Barrio Latino de París. En muy diferentes escenarios, como son la Église Saint-Germain-des-Prés, el Hotel Madison o la Fnac Montparnasse, pues una de las características del festival es la variada combinación de lugares en donde se lleva a cabo, desde iglesias y plazas públicas, hasta hoteles, teatros o universidades y, por supuesto, en los locales especializados en dar conciertos, como es el caso del Sunset-Sunside Jazz Club.

Charbaut Frederick es un periodista que abandonó la carrera de ingeniero aeronáutico para crear una emisora de radio llamada ‘Jazzland’, colaborando en programas de radio para Rock Boulevard, Chic FM, Kiss FM o Superloustic, entre otros; así como también en revistas de jazz como es la célebre ‘Jazz Hot’, y asimismo como miembro del jurado del Festival de jazz de La Défense, Victoires du Jazz o el del Djangodor. También contribuye a la programación del ‘Tanjazz’, el Festival de jazz de Tánger. Y ha invitado a grandes músicos como Dee Dee Bridgewater, Norah Jones, Brad Mehldau, Abd Al Malik, Kyle Eastwood, Kurt Elling, Lucky Peterson, Richard Galliano, Jacky Terrasson, Michel Portal, Aldo Romano, Kenny Barron o Milton Nascimento.

Además de contar con la presencia de importantes músicos, el Festival de jazz Saint- Germain-des-Prés brinda una oportunidad a las jóvenes promesas con la convocatoria del certamen de nuevos talentos, denominado Tremplin Jeunes Talents, para incentivar el talento de los jóvenes compositores de jazz franceses.

Como en anteriores ediciones, esta primavera, al llegar la noche, en París la música rebosó el Barrio Latino así como en sus calles rebosa el alborozo de las terrazas de los cafés, entre los típicos volquetes repletos de frutas y cajones colmados de flores y ostras frescas como aderezo.


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Fotografía de Avishai Cohen © Caterina di Perri

lunes, 15 de mayo de 2017

Leica, cien años de historia de la fotografía


La Fundación Telefónica en colaboración con Leica muestra cerca de 400 fotografías con material documental que incluye periódicos, revistas, libros, publicidad, catálogos y prototipos de cámaras. Con esta exposición homenaje se presenta la historia de un siglo de fotografía en película de 35 milímetros, desde sus inicios hasta la actualidad.

En junio de 1914, Oskar Barnack, un ingeniero de la empresa alemana Leitz Werke Wetzlar, desarrollaría la Ur-Leica, un modelo experimental de cámara que terminó por imponer la norma en la industria fotográfica, debido a su pequeño formato y posibilidades de uso, empleando para ello el negativo de film de 35 mm que permitía ampliarlo al imprimir la fotografía.

Barnack, que estaba especializado en microscopía, era un fotógrafo aficionado, cuya delicada salud por ser asmático, le ocasionaba un problema a la hora de transportar las grandes cámaras que se fabricaban y comercializaban por aquel entonces, por lo que diseñó una que pudiera ser más manejable, aprovechando las ventajas que ofrecía el rollo de 35 mm creado por George Eastman (Kodak) a finales del siglo XIX, y que hasta entonces era usado únicamente en películas.

En 1916 Barnack bautizaría su prototipo como ‘Lilliput’, que probaría durante un viaje a Estados Unidos Ernst Leitz, cuyo apellido dio origen a la marca Leica, abreviatura de Leitz Camera. Sin embargo, su salida al mercado se produjo casi una década más tarde, después de la Primera Guerra Mundial, cuando en 1925 el modelo de Barnack fuera presentado en la feria de Leipzig, Alemania, con una primera producción anual de 1000 cámaras.

Gracias a esta nueva cámara con un objetivo retráctil que se podía llevar cómodamente en el bolsillo, la fotografía fue poco a poco convirtiéndose para todos en un ejercicio natural de la vida cotidiana. También dio lugar al fotoperiodismo, ya que la nueva cámara permitía hacer una foto detrás de otra con rapidez, lo cual era una gran ventaja para el recién nacido género del reportaje.

Una nueva generación de fotógrafos de prensa apostó así por la Leica, en particular por su versatilidad para hacer realidad el principio fundamental del reportaje: narrar un acontecimiento mediante imágenes individuales que se complementan.

Las cámaras Leica han gozado siempre de un gran prestigio entre muchos fotógrafos profesionales y aficionados, siendo las preferidas de grandes maestros como Henri Cartier-Bresson, Robert Capa, Alberto Korda, Jeanloup Sieff, Sergio Larraín, o Sebastião Salgado, entre otros muchos que elevaron la fotografía a categoría de arte.


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Página web oficial de Leica Camera AG (en inglés).


Fotografía (detalle) ‘Nana, Place Blanche’, París 1961 © Christer Strönholm

lunes, 1 de mayo de 2017

Carleton Watkins, el paisaje de Estados Unidos


Exposición ‘Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla’.

Por primera vez se expone al público una de las mejores colecciones de fotografía histórica estadounidense. Se trata de la colección de fotografías que Carleton Watkins, uno de los grandes fotógrafos pioneros norteamericanos del siglo XIX, hizo para Collis Huntington. Su hijo, Archer Milton Huntington, fundador de la Hispanic Society, regaló esta colección al pintor Joaquín Sorolla.

La primera imagen duradera, fija e inalterable a la luz la obtuvo en 1824 el francés Joseph Nicéphore Niépce (1765-1833). Si bien quien se atribuyó el mérito fue Louis Daguerre, un pintor y hombre de negocios. Daguerre lo que hizo fue perfeccionar el procedimiento de Niépce, pasando así a llamarse daguerrotipo. Corrían en Francia los tiempos de la Revolución Industrial, favorecida por las innovaciones técnicas del siglo XIX. En sus comienzos la fotografía sería usada principalmente por la burguesía, que acostumbraba tener retratos para mostrar status y ascensión social.

Daguerre enviaría a un representante a Estados Unidos para dar conferencias y celebrar exposiciones. Entre 1840 y 1860 la daguerrotipia se hizo muy popular en Estados Unidos, que estaba en transición de una sociedad agrícola a una sociedad industrial.

En 1851, el estadounidense Carleton Watkins (1829-1916), nacido en Nueva York, se trasladó con su amigo Collis Huntington a San Francisco con la esperanza de encontrar oro. Allí pronto se interesaría por la fotografía. En California se centró principalmente en la fotografía de paisaje, siendo el valle de Yosemite su tema favorito. Sus fotografías del valle influyeron de manera muy significativa en el Congreso de Estados Unidos, que tomó la decisión de conservarlo como Parque Nacional.

En un principio Watkins trabajó para su amigo Huntington en la entrega de suministros para las operaciones mineras. Más tarde trabajaría como empleado en una librería, cerca del estudio de Robert H. Vance, un conocido daguerrotipista. Poco después, un empleado de Vance dejaba su trabajo de forma inesperada y Watkins acabaría al cuidado del estudio.

Antes de trabajar con Vance, Watkins no sabía nada de fotografía. Vance lo instruyó acerca de los elementos básicos de la fotografía pensando que realizaría algunos retratos en su ausencia. Sin embargo, cuando regresó se encontró con que Watkins se había convertido en un artista y sus clientes estaban muy satisfechos.

En 1858, Watkins estaba listo para comenzar su propio negocio de fotografía. Además, hizo muchas colaboraciones incluyendo Illustrated California Magazine (1856-1861) de James M. Hutchings y la documentación de la compañía minera de John y Jessie Frémont en Las Mariposas (California). Realizó daguerrotipos estereoscópicos (dos imágenes casi idénticas de la misma escena, vistos a través de un estereoscopio para crear una ilusión de profundidad) en las minas de New Almaden Quicksilver, lo que le reportó una gran reputación como fotógrafo.

En julio de 1861, Watkins tomó la decisión que cambió su carrera: viajó a Yosemite. Se llevó una cámara que utilizaba placas de vidrio de 18x22 pulgadas y otra cámara estereoscópica. Usaba la estereoscópica para dar profundidad al sujeto, y usó la cámara de placas para capturar más detalle. Watkins volvió con treinta placas y un centenar de negativos estereoscópicos. En 1864, Watkins fue contratado para hacer fotografías del valle de Yosemite por el Servicio Geológico del Estado de California.

En 1867, Watkins abrió su primera galería pública, además de enviar sus fotografías a la Exposición Universal de París, donde ganó una medalla. Esto se convirtió en su lujosa galería de arte de Yosemite, donde mostró más de cien obras y más de mil imágenes disponibles a través de estereoscopios. A pesar de su éxito como artista, no tuvo éxito como empresario y terminó perdiendo su galería. Su acreedor John J. Cook y el fotógrafo Isaiah Taber (1830-1912) se hicieron cargo de la galería de arte de Yosemite y comenzaron a reproducir sus trabajos sin dar crédito a Watkins. En el siglo XIX no existían los derechos de autor y las leyes no cubrían las fotografías, y no había nada que Watkins pudiera hacer para combatir el plagio. Posteriormente, comenzó recreando las imágenes que perdió, llamándolas las ‘New Series’.

Watkins comenzó a perder la vista en la década de 1890. Su último encargo fue el de la filántropa Phoebe A. Hearst para fotografiar la Hacienda del Pozo de Verona. Watkins fue incapaz de completar este trabajo debido a su estado de salud y su deficiente vista. Entre 1895 y 1896, su falta de trabajo le condujo a una incapacidad para pagar el alquiler, y la familia Watkins tuvo que vivir en un vagón de ferrocarril abandonado durante dieciocho meses.

Watkins mantuvo la mayor parte de su trabajo en un estudio en la calle del mercado, en San Francisco. Pero el edificio fue destruido por el terremoto que en 1906 se produjo en la ciudad, y el fuego acabó con un sinnúmero de fotografías, negativos y la mayoría de sus imágenes estereoscópicas. Después de esta terrible pérdida, Watkins se retiró a Capay Ranch.

En 1909 la fotografía se encontraba en pleno desarrollo técnico y comercial y ya era ampliamente aceptada y popular entre el público. La imagen fotográfica era parte de la vida cotidiana, y no es de extrañar que tanto Huntington como Sorolla tuvieran gran interés por un medio que se presentaba como material documental de primer orden. En ese contexto, en diciembre de ese año Huntington enviaría a Sorolla un conjunto de 77 fotografías, entre ellas 32 de Carleton Watkins y 2 de Isaiah West Taber.

Las fotografías del Museo Sorolla podrían pertenecer a las primeras tomas, y en ese sentido no sería muy arriesgado fecharlas entre los años 1863 y 1866, como por ejemplo las pertenecientes a su serie de ‘New Almaden Quicksilver’, realizada en 1863. El Museo Sorolla cuenta con varios ejemplos pertenecientes a estas series (nºs. Sorolla 84144 y 84145), así como la de la catarata ‘Nevada Fall’ (nºs. Sorolla 84124 y 84125) fechada entre 1855 y 1856.

En 1909 Watkins fue declarado incompetente y quedó al cuidado de su hija Julia. Ella lo atendió durante un año antes de que él se comprometiera con el Napa State Hospital para enfermos mentales en 1910, momento en el que Frances Watkins comenzó a referirse a sí misma como una viuda. Watkins murió en 1916 y fue enterrado en una tumba sin nombre en los terrenos del hospital.

Una de las muchas montañas de Yosemite se llama Monte Watkins en honor del fotógrafo y su gran interés en la preservación del valle de Yosemite. Su obra influyó e inspiró a generaciones de fotógrafos y artistas de su tiempo y a los de décadas posteriores; entre ellos el pintor y paisajista Albert Bierstadt (1830-1902), que conoció personalmente a Watkins y al que Collis P. Huntington le confió uno de sus primeros encargos. Otros fotógrafos contemporáneos a Watkins, como Timothy H. O’Sullivan (1840-1882) o Charles L. Weed (1824-1903), también fotografiaron Yosemite. Generaciones posteriores, grandes figuras de la fotografía en América, intentaron captar Yosemite con la misma intensidad y arte, como, por ejemplo, George Fiske (1835-1918), o Ansel Adams (1902-1984), quien trabajaría largas temporadas en el parque. Se trata de fotografías de paisaje dotadas de una gran belleza plástica. La luz, como sucede en la obra de pintores como Sorolla, era una de las herramientas fundamentales de su trabajo. El pintor sentiría admiración al contemplarlas, una característica que pudo contribuir al interés de Huntington en que Sorolla tuviera tan preciadas imágenes.

La exposición fotográfica, que se inauguró el pasado 28 de abril, se podrá ver hasta el 20 de julio en la galería Torres García de la Casa de América en Madrid.
  
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Fotografía ‘Tasayac, the Half Dome, Yosemite’ © Carleton Watkins

domingo, 23 de abril de 2017

‘Stefan Zweig, adiós a Europa’


La actriz, guionista y directora de cine alemana, Maria Schrader, conocida por su trabajo en ‘La jirafa’ (1998), ‘Aimée y Jaguar’ (1999) y ‘In Darkness’ (2011), estrena en nuestro país como directora la película ‘Stefan Zweig, adiós a Europa’.

Se trata de un atípico biopic centrado en los años de exilio del gran escritor, biógrafo y activista social austriaco Stefan Zweig (1881-1942), autor de la novela publicada en 1922 ‘Carta de una desconocida’, en la que Zweig cuenta la historia de un escritor que recibe la carta de una mujer a la que no conoce y que ha estado siempre enamorada de él.

“A gran autor, gran planteamiento. No queríamos caer en un simple biopic. Pero la propia falta de medios y las escasas localizaciones nos proporcionaron, curiosamente, una tremenda libertad”, afirma Schrader.

Como judío, Zweig se vio obligado a abandonar su país debido al régimen nazi. En su éxodo, se refugió primero en París y, más tarde, en Londres, aunque acaba dejando Europa huyendo a Sudamérica, instalándose finalmente en Brasil, donde terminará suicidándose junto a su esposa Lotte en 1942 debido a su miedo a que el nazismo se extendiera como la peste por todo el mundo.

Y es precisamente en Brasil donde Maria Schrader comienza el rodaje de su cinta sobre el turbado crepúsculo de Stefan Zweig. Una sucesión de planos que definen su condición de exiliado repartidos en cinco secuencias en los que el autor de ‘Novela de ajedrez’ (1941) –la novela sobre la neurosis obsesiva que desarrolla un hombre por el ajedrez durante su cautiverio en manos de la Gestapo–, transita a la deriva y abatido antes de su final.

En las elocuentes páginas de sus memorias, tituladas ‘El mundo de ayer’, escritas poco antes de su suicidio, Zweig declara: “Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos, las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”.

La noche del 22 de febrero de 1942, Zweig había estado jugando al ajedrez con un vecino. Luego se fue a casa. Había escrito el borrador de una nota, la había cambiado, después la había copiado en otra página, tachando unas palabras. Después se envenenó con cianuro, Lotte también lo hizo.

Stefan Zweig escribió y publicó miles de palabras a lo largo de su vida. Su último pensamiento ocupó menos de una página.

Fotografía cartel del filme ‘Stefan Zweig, adiós a Europa’.

sábado, 15 de abril de 2017

El surrealismo gráfico de M. C. Escher


El genio del surrealismo holandés, Maurits​ Cornelis Escher (1898-1972), es el protagonista de esta exposición que ha tenido una gran acogida internacional. En ella se pueden admirar 200 obras del autor que han influido en científicos y diseñadores, además de en el mundo del arte. La muestra puede verse en el  Palacio de Gaviria, uno de los tesoros arquitectónicos del centro de Madrid, que abrió sus puertas para la ocasión tras varios años cerrado.

Escher experimentó con diversos métodos para representar, en dibujos de dos o tres dimensiones, espacios paradójicos y mundos imaginarios que desafían los usuales modos de representación, y por tanto al curioso espectador que los contempla perplejo. Jugando con la arquitectura, la perspectiva y las figuras imposibles, su arte sigue sorprendiendo y maravillando a millones de personas en todo el mundo. En su obra reconocemos su aguda observación del mundo que nos rodea y las expresiones de sus propias fantasías. Escher nos demuestra que la realidad puede ser fascinante, comprensible y maravillosa.

La exposición incluye algunas de las obras maestras de este gran artista, como ‘Mano con esfera reflectante’, ‘Relatividad’ (Casa de Escaleras), y ‘Belvedere’. Esta selección de obras permite profundizar en la trayectoria de Escher, en la que destaca como grabador, intelectual y matemático, cuyas obras han marcado el cultural imaginario colectivo durante décadas. La exposición cuenta además con experimentos científicos, áreas de juego y recursos educativos que contribuyen a que visitantes de todas las edades comprendan sus imágenes desconcertantes y los mundos insólitos que se unen en él para formar una dimensión artística única.

Aparte de ser un artista gráfico, Escher ilustró libros, diseñó tapices, sellos postales y murales. Nació en Leeuwarden, Países Bajos, como el cuarto hijo de un ingeniero civil. Después de fracasar sus exámenes de la escuela secundaria, Maurits finalmente se matriculó en la Escuela de Arquitectura y Artes Decorativas en Haarlem. Aunque pronto anunciaría a su padre que prefería estudiar arte gráfico en lugar de arquitectura, ya que había mostrado sus dibujos y cortes de linóleo a su maestro gráfico Samuel Jessurun de Mesquita, quien le animó a continuar con las artes gráficas.

Después de terminar la escuela, viajó extensamente por Italia, donde conoció a su esposa Jetta Umiker, con quien se casó en 1924. Se establecieron en Roma, donde permanecieron hasta 1935. Durante estos once años, Escher viajaría cada año por toda Italia, dibujando y bosquejando para las diversas impresiones que haría cuando volvió a casa. Estas litografías y xilografías demuestran la pericia del artista y su contacto con el Art Nouveau, o su admiración por el paisaje italiano y el palacio de la Alhambra, que visitó e inspiraría sus trabajos de teselados. La retrospectiva, iniciativa del grupo Arthemisia, está comisariada por Mark Veldhuysen, CEO de la M.C. Escher Company, y por Federico Giudiceandrea, experto en la figura de Escher.

El Palacio de Gaviria, obra del arquitecto Álvarez Bouquet, se convierte así en un atractivo aliciente paralelo a la muestra. La exposición es, por tanto, también una oportunidad para visitar este edificio de inspiración italiana, inaugurado en 1851. Antigua mansión del banquero Manuel Gaviria y Douza, su escalera balaustrada y los frescos de Joaquín Espalter y Rull son algunos de los elementos más espectaculares.

La exposición puede visitarse hasta el próximo 25 de junio.

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Página web oficial de M. C. Escher

‘Lazo de Unión’, 1956 © M.C. Escher

viernes, 31 de marzo de 2017

Lyonel Feininger, el maestro de la Bauhaus


Hasta el próximo 28 de mayo, en la sede de la Fundación Juan March de Madrid, podremos admirar las obras que comprenden la trayectoria completa del singular Lyonel Feininger, pintor imprescindible del panorama artístico de las vanguardias.

Aunque Feininger nació en Nueva York, sus padres, músicos de origen alemán, quisieron que se trasladara a Hamburgo para completar su formación musical cuando tenía tan solo dieciséis años. Ese doble origen, americano y alemán, marcó su vida y obra.

En Alemania, Feininger decidió abandonar la música para dedicarse a lo que era verdaderamente su pasión: el dibujo y la ilustración. Tras recibir clases de dibujo en la Allgemeine Gewerbeschule, la Escuela Pública de Artes y Oficios de Hamburgo, el artista se adentró en un género entonces incipiente, del que sería uno de sus primeros creadores: el tebeo. Pronto sus viñetas fueron publicadas, aunque de manera puntual, en publicaciones alemanas y americanas. Esta actividad se consolidaría en 1895 con la firma de contratos para la revista alemana Ulk, en Lustige Blätter (Páginas cómicas) al año siguiente y, en 1906, en el Chicago Sunday Tribune; para este último, Feininger creó The Kin-der-Kids (Los niños Kin-der) y Wee Willie Winkie's World (El mundo de Willie Winkie), que fueron sus historietas más relevantes.

Tras afianzar su carrera como ilustrador, Feininger se planteó el buscar un medio de expresión que le permitiera desarrollar libremente su talento artístico. De una manera natural y progresiva, fue dejando las tiras cómicas para dedicarse a la pintura. Y aunque en sus primeros cuadros mantuvo todavía una relación con la caricatura, centrándose en escenas callejeras y personajes exagerados, entre 1906 y 1908, tras residir en París, trabajaría en una pintura más abstracta abandonando prácticamente la figura y empleando una técnica basada en las líneas rectas y los planos fragmentados de color que tanto le caracterizan.

En 1919 Walter Gropius lo invitó a formar parte de la Bauhaus para que dirigiera el taller de grabado, en el que Feininger impartió clases hasta su clausura por los nazis en 1932. Esta experiencia le hizo desarrollar en profundidad la xilografía, técnica que le permitió ahondar en sus lienzos en el juego de los distintos planos. Con la llegada del nazismo, su arte fue tachado de “degenerado”. En 1937, decidió regresar de nuevo a Estados Unidos, donde viviría hasta su muerte.

Dentro de la línea expositiva en la que la Fundación Juan March lleva años trabajando para mostrar artistas, épocas o aspectos insuficientemente explorados de la cultura moderna, la exposición Lyonel Feininger (1871-1956) es una suerte de “retrospectiva concentrada” de la obra del artista. La muestra reúne cerca de cuatrocientas obras procedentes de diversas colecciones públicas y privadas de Europa y Estados Unidos, a través de las cuales se plantea un recorrido por su obra articulado en torno a las diferentes técnicas en las que Feininger trabajó (dibujo, obra gráfica, pintura, fotografía y construcción de juguetes) y a los principales temas de su producción: la caricatura y los dibujos satíricos; los lugares emblemáticos que le inspiraron como París, Deep, Halle, Gelmeroda o Manhattan; su fijación por los puentes, las torres, los paisajes marinos y la vida urbana.

Obra ‘Carrera de bicicletas’ © Lyonel Feininger

sábado, 18 de marzo de 2017

El cielo nocturno de Babak Tafreshi


El arco de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, se ve por encima de la roca que sostiene las ruinas de la fortaleza de Alamut, en las montañas Alborz de Irán. Alamut (el nido del águila) era una fortificación en la que moraban los Hashashins, o asesinos. Una secta ismailita nizarí (una rama del Islam Shia) de origen medieval cuyo líder era Hassan-i-Sabbah, apodado El Viejo de la Montaña. La fortaleza fue destruida en el año 1256 con la invasión de los mongoles.

Fundador y líder de The World At Night (TWAN), Babak Tafreshi es un galardonado fotógrafo que trabaja con National Geographic, el magazine Sky & Telescope, y el European Southern Observatory (ESO). Tafreshi es también un periodista independiente experto en temas de ciencia y astronomía que escribe para diversos medios de comunicación de todo el mundo.

Babak Amin Tafreshi nació en 1978 en Teherán, aunque en la actualidad reside en Boston, Estados Unidos, pero podríamos encontrarle en cualquier lugar del planeta, desde el Sahara hasta el Himalaya o la Antártida. Es un miembro de la junta directiva de Astrónomos Sin Fronteras, una organización internacional de puente entre culturas para conectar a personas de todo el mundo a través de su interés común en materia de astronomía. En 2009 recibió el prestigioso Premio Lennart Nilsson, un premio sueco que anualmente, y desde 1998, se concede a fotógrafos que han destacado en el campo de la fotografía científica, por su contribución global como fotógrafo del cielo nocturno. TWAN fue designado como el primer Proyecto Especial del Año Internacional de la Astronomía 2009. Tafreshi cooperó con la Unión Astronómica Internacional y la UNESCO como coordinador de proyectos del IYA2009. Como periodista científico ha contribuido a la realización de muchos programas de radio y televisión sobre astronomía y ha entrevistado a astrónomos de renombre mundial y científicos espaciales. Cuando vivía en Irán fue durante una década editor de la revista de astronomía persa Nojum, y ha sido miembro del consejo de la Sociedad Astronómica, dirigiendo muchos eventos y realizando tareas de divulgación de la astronomía a nivel nacional. 

Tafreshi comenzó a especializarse en la fotografía del cielo nocturno prefiriéndola a otros tipos de paisajes naturales o arquitectura en la década de 1990, cuando él era un adolescente. Siempre ha estado fascinado por la universalidad del cielo nocturno; el mismo cielo que aparece por encima de diferentes puntos de referencia mundial. Habitualmente se conecta con la comunidad astronómica en todo el mundo a través del periodismo científico y sus conferencias y talleres educativos. La fotografía, las noticias científicas y la persecución de eclipses le han movido a viajar a todos los continentes. Síguelo en Facebook, Instagram o Twitter.

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Página web del proyecto TWAN

Fotografía ‘Alborz Mountains of Iran’ © Babak Tafreshi 

lunes, 27 de febrero de 2017

Ramon Casas y el modernismo catalán


El mes próximo, en CaixaForum Madrid, podremos ver una muestra del arte del catalán Ramon Casas i Carbó, pintor famoso por sus retratos, caricaturas y pinturas de la élite social, intelectual, económica y política de Barcelona, Madrid y París. Casas fue también en su época un singular diseñador gráfico, cuyos vistosos carteles y postales contribuyeron a perfilar el concepto de modernismo catalán.

En 1877, Casas abandonaría la escuela para estudiar arte en el estudio de Joan Vicens Cots. En 1881, siendo todavía un adolescente, fue cofundador de la revista L'Avenç. Ese mismo año, acompañado de su primo Miquel Carbó i Carbó, estudiante de medicina, inició su primera estancia en París. Allí estudió con el pintor y profesor de arte Carolus-Duran y, más tarde, con el también pintor Henri Gervex, al tiempo que ejercía como corresponsal en la capital francesa para L'Avenç. Al año siguiente presentó algunas de sus obras en la Sala Parés de Barcelona, y en 1883 expuso su autorretrato vestido de flamenco en la sala de los Campos Elíseos de París. El cuadro le valió una invitación como miembro del salón de la Société d'artistes françaises.

Los siguientes años siguió pintando y viajando, pasando el otoño y el invierno en París y el resto del año en España, básicamente en Barcelona pero también en Madrid y en Granada. En 1886 sobrevivió a una tuberculosis y quedó convaleciente en Barcelona. En ese periodo de su vida conoció a artistas como Santiago Rusiñol, Eugène Carrière e Ignacio Zuloaga.

Casas y Rusiñol viajaron por Cataluña en 1889 y colaboraron en el libro ‘Por Cataluña’, el cual contaba con los textos de Rusiñol y las ilustraciones de Casas. Regresaron juntos a París donde se alojaron en el Moulin de la Galette en Montmatre junto con el crítico de arte y pintor Miquel Utrillo y el dibujante Ramón Canudas. Rusiñol realizó una serie de crónicas para el periódico La Vanguardia con el título ‘Desde el Molino’, que contaron también con las ilustraciones de Casas. Como miembro de la Société d'artistes françaises, Casas participaría en dos exposiciones anuales sin tener que pasar por un jurado previo.

Con Rusiñol y con el escultor Enric Clarasó realizaron una exposición en la Sala Parés en 1890; los trabajos de esta época se encuentran a medio camino entre el estilo académico y el de los impresionistas franceses. Este estilo, que llegó a conocerse como modernismo, aún no estaba del todo desarrollado pero los artistas empezaban a conocerse unos a otros y los artistas catalanes comenzaban a identificarse más con Barcelona que con París.

Su fama continuó extendiéndose por toda Europa, realizando exposiciones de éxito en Madrid (1892-1894), Berlín (1891-1896) y en la Exposición Mundial de Chicago de 1893; mientras, el círculo bohemio que incluía a Casas y Rusiñol empezó a organizar frecuentes exposiciones en Barcelona y en Sitges. Con el aumento de la actividad en Cataluña, Casas se estableció en Barcelona aunque seguía viajando a París para los salones anuales.

El mundo del arte modernista estableció su centro de operaciones en Els Quatre Gats, un bar al estilo de Le Chat Noir de París, que en aquel tiempo era el centro de reunión de la bohemia barcelonesa: artistas y pintores modernistas, y que, situado en la calle Montsió, continúa siendo hoy día uno de los más simbólicos locales de Barcelona. Sobre los modernistas el escritor y periodista Josep Pla profirió calificativos tales como peludos, sucios o abandonados, practicantes del hirsutismo.

Financiado por Casas, Els Quatre Gats se inauguró el mes de junio de 1897 y estuvo abierto durante seis años (se reconstruyó en 1978). Sus compañeros de empresa fueron Pere Romeu, Rusiñol y Miquel Utrillo. En el bar se desarrollaban tertulias y exposiciones de arte, incluyendo una de las primeras de Pablo Picasso. La pieza más destacada de su colección permanente fue un autorretrato de Casas en el que aparece pedaleando sobre un tándem junto a Romeo.

Al igual que Le Chat noir, Els Quatre Gats mantuvo su propia revista literaria: Quatre Gats, en la que Casas colaboró de forma destacada. Tuvo una vida corta pero fue seguida de Pel i Ploma y Forma en las que también participó Casas. Pel i Ploma patrocinó diversas exposiciones de arte incluyendo la primera exposición en solitario de Casas, que tuvo lugar en 1899 en la Sala Parés.

Mientras que su carrera como pintor prosperaba, Casas empezó a trabajar en el diseño gráfico, adoptando el estilo art noveau que llegó a definir al modernismo. Diseñó carteles para el bar y también realizó anuncios para el fabricante de cava Codorníu o para el Anís del Mono.

Para la exposición universal de 1900 en París, el comité español seleccionó dos retratos al óleo realizados por Casas: un retrato de 1891 de Eric Satie y otro de la hermana de Casas, Elisa. Su retrato de una ejecución mediante el garrote vil ganó uno de los premios principales en Múnich en 1901. Sus obras se exhibían por toda Europa y en otros lugares del mundo, como Buenos Aires. En 1902 doce de sus obras quedaron expuestas de forma permanente en el Círculo del Liceo, club exclusivo asociado al barcelonés teatro de la ópera.

En 1903 se convirtió en Sociétaire completo del Salon du Champ de Mars de París, lo que le permitió realizar una exposición anual; si bien sólo expondría durante dos años. En 1904, durante una estancia en Madrid, realizó una serie de caricaturas de la élite madrileña así como de pintores como Joaquín Sorolla y Agustín Querol, escultor oficial del gobierno español. En el estudio de Querol realizó un retrato ecuestre del rey Alfonso XIII que fue adquirido por el coleccionista norteamericano Charles Deering.

Debido al aumento de su fama como retratista, Casas se instaló de nuevo en Barcelona. Frecuentó las tertulias de la Maison Dorée, donde conoció a Julia Peraire, una vendedora de lotería veintidós años más joven que él. La pintó por primera vez en 1906 cuando Julia tenía dieciocho años. Pronto se convirtió en su modelo preferida y en su amante. En 1915, Casas la pintaría vestida de torera y peinada con flores y peineta. Algunos autores han establecido conexiones entre esta obra y el Periodo Azul de Picasso, así como con la obra de Zuloaga. A pesar de que la familia de él no aprobaba esta relación llegaron finalmente a casarse en 1922.

En 1908, Casas junto a su patrocinador Deering, viajaron por Cataluña. Ese mismo año, Casas inicia un viaje de seis meses por Cuba y los Estados Unidos. Durante este viaje realizó una docena de retratos al óleo y cerca de una treintena de dibujos al carbón de amigos y socios de Deering.

De regreso a España realizó exhibiciones en Madrid y Barcelona, En la galería Fayanç Català de Barcelona, mostró unos 200 dibujos al carbón que donó al Museo de Barcelona. Su exposición de Madrid se realizó en el Ministerio de Turismo e incluía retratos de figuras destacadas de la ciudad, incluido el rey.

Antes de que se iniciara la Primera Guerra Mundial viajó por España y Europa, visitando Viena, Budapest, Múnich, París, Países Bajos, Madrid y Galicia. Realizó importantes exposiciones en España y en Francia. En 1915 realizó una exhibición conjunta con Rusiñol y Clarassó en la Sala Parés, conmemorando así el 25º aniversario de su primera exposición conjunta.

Casas, Rusiñol, y Clarassó siguieron realizando exposiciones conjuntas en la Sala Parés que se hicieron constantes hasta la muerte de Rusiñol en 1931. Casas continuó pintando retratos y paisajes, así como algunos carteles para la lucha contra la tuberculosis pero en el momento de su muerte, en 1932, se había convertido más en una figura del pasado que del presente. Fue enterrado en el Cementerio de Montjuic de Barcelona.

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miércoles, 15 de febrero de 2017

Enrique Vila-Matas sin contratiempos


Leer nuevamente al escritor catalán Enrique Vila-Matas es siempre una experiencia gratificante. Como nos tiene acostumbrados, Vila-Matas de nuevo se reinventa y nos deslumbra con otra de sus obras, las cuales rondan ya la treintena, pues ayer salió a la venta su última novela titulada ‘Mac y su contratiempo’ (Seix Barral).

El autor se arriesga en lo físico y personal para no haber escrito un libro póstumo, por lo que debe darse prisa en escribir otra novela, según manifiesta el propio Vila-Matas. Y es que parece que fue ayer cuando leíamos ‘Bartleby y compañía’ (2001), ‘El mal de Montano’ (2002) o ‘Doctor Pasavento’ (2005), para algunos su trilogía más celebrada, aunque no olvidemos su singular y más autobiográfica ‘París no se acaba nunca’ (2003).

Sin obviar sus muchos ensayos, compilaciones de artículos y otros textos vila-matianos, ni tampoco las obras narrativas precedentes y posteriores a las novelas citadas anteriormente, adentrarse una vez más en el universo novelesco de Vila-Matas es una celebración de la literatura. Al ávido lector le aguarda un nuevo tour de force entre ficción y realidad, ensayo y diario, y una profusa serie de pensamientos hilvanados como es propio del ya conocido e iconoclasta estilo literario de Vila-Matas.

Mac ha perdido su trabajo y sobrado de tiempo pasea todos los días por ‘El Coyote’, el barrio barcelonés donde reside. Está obsesionado con su vecino, un escritor de renombre, y se siente disgustado cada vez que éste lo ignora. Un buen día lo oye hablar con la librera sobre su ópera prima ‘Walter y su contratiempo’, un libro de juventud repleto de incongruencias, del que se acuerda vagamente. Mac, que le da vueltas a la idea de escribir, decide entonces transformar y mejorar este primer relato que su vecino preferiría dejar olvidado en un cajón.

“Las novelas que me gustan siempre son como cajas chinas, siempre están llenas de cuentos”, afirma el narrador de esta sorprendente novela disfrazada de divertido diario, de ensayo sobre el origen y el proceso de la escritura, de investigación criminal y de novela de aprendizaje.

Enrique Vila-Matas echa abajo el mito de lo necesario de una voz propia mientras reelabora la tradición para demostrar que es un autor con una de las voces más personales del panorama literario contemporáneo; se permite abordar de manera profunda la creación literaria sin renunciar a proporcionar al lector momentos hilarantes; ensalza lo cotidiano a través de un excéntrico y peculiar protagonista, y aparenta improvisación en una magnífica novela estructurada en varios niveles de lectura, una trama con grandes sorpresas, y geniales hallazgos gracias a una construcción argumentativa capaz de dar un giro insospechado a partir de la segunda mitad del libro, dejando al lector deslumbrado hasta llegar finalmente al perfecto desenlace.


Enlace de interés

Página web de E. Vila-Matas

Óleo (portada del libro) © Geoffrey Johnson